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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
El yugo de Cristo no es un nuevo agobio, su carga no es un nuevo cansancio; Jesús nos ayuda a llevar nuestras cargas, que por eso se hacen livianas.
Homilía v023011a, predicada en 20201209, con 4 min. y 57 seg. 
Transcripción:
Hay algo muy simpático que sucede con el Evangelio de hoy, pues ya sabemos todos que estamos avanzando en nuestro tiempo de Adviento, de hecho, en pocos días llegaremos a la mitad de este tiempo litúrgico que es tan corto, que es tan breve. Y todos sabemos que el Adviento recuerda, celebra y anhela la llegada de Cristo, que Cristo venga. Pero ahora fíjate que el Evangelio de hoy es Cristo diciéndonos: «Venid a mí». Nosotros le decimos a Cristo: Ven a nosotros. Y Cristo nos dice «Venid a mí».
A mí esto me hace recordar lo que es la amistad, de lo que es el amor, porque dos amigos, cuando se quieren, indudablemente quieren encontrarse, pero no es uno solo, son los dos. Y una pareja de novios, una pareja de esposos que realmente se quiere, cada uno quisiera abrazar al otro y cada uno parece que le estuviera diciendo al otro: Ven. Y eso es lo que encontramos en el Evangelio de hoy, que Cristo nos está diciendo: «Venid». Y nosotros le decimos a Cristo: Ven. Es algo muy hermoso, porque nos da una clave sumamente importante para el Adviento, tiempo de amor. Es el amor el que nos hace anhelar la llegada de Cristo. Es el amor el que hace que nosotros lo queramos cerca. Y es el amor, el amor de Él, el que nos quiere cerca.
Y otra cosa simpática del Evangelio de hoy es que Cristo se da cuenta de que estamos cansados y estamos agobiados. Y precisamente por eso nos dice compasivamente: «Venid a mí». Porque sabe que estamos cansados y estamos agobiados. Pero aquí hay algo sorprendente el que nos dice: «Venid a mí», date cuenta que nos pone un yugo y nos pone una carga. Y entonces, uno podría decir claro que sería algo irrespetuoso, pero uno podría decir: Bueno, pero no, que estaba yo cansado y ahora me vas a poner tú una carga, no, que estaba yo agobiado y me vas a poner un yugo. Pero Cristo nos explica: «Mi yugo es llevadero, mi carga es ligera». El yugo de Cristo no es un nuevo agobio, la carga de Cristo no es un nuevo cansancio, ¿por qué? Por dos razones importantísimas.
Primera, y la más importante, porque Cristo mismo te ayuda a llevar. Por eso dijo San Pablo: «He trabajado más que todos, pero no yo, la gracia de Dios conmigo». Cristo te ayuda a llevar, cuando tú vas por los caminos del pecado, cuando hemos recorrido los caminos del pecado, la principal carga es nuestra soledad. Por eso nos dice la Sagrada Escritura, por ejemplo, en el Salmo nos dice cómo el camino, Dios protege el camino de los justos, pero el camino de los impíos ¿quién lo protege, quién lo protege? Nadie. El que va por el camino de la impiedad, por el camino de la necedad, por el camino del pecado, va a su cuenta y riesgo, y le irá mal. Por eso decía el gran obispo San Macario: Ay de la casa que no tiene a su dueño. Ay del camino por el que nadie transita.
Entonces, la razón principal por la que Cristo puede decir: «Mi yugo es llevadero y mi carga ligera» es porque Él ayuda a llevarlo. Y la segunda razón por la que Cristo puede decir eso, es porque lo que Él nos da es para nuestra propia salud. Tú imagínate que alguien te dijera: Mira, te voy a dar este dinero para que puedas llegar a tu destino y tú dijeras: Esa bolsa de plata pesa mucho. Pues si pesa, por supuesto que pesa, pero es la que te permite moverte. Lo que Cristo te da te permite moverte, lo que Cristo te da te permite ser libre, lo que Cristo te da te permite avanzar. Su yugo es llevadero, no es nuevo agobio. Su carga es ligera, no es nuevo cansancio.

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