Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

No maquilles, escondas ni huyas de tu pasado. Solo Jesús puede quitar tus cargas y liberarte de tus agobios.

Homilía v023010a, predicada en 20191211, con 6 min. y 37 seg.

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Transcripción:

Sabías que una de las industrias que está creciendo más rápidamente en nuestra sociedad es la industria del bienestar. El bienestar, ayudar a que la gente se sienta bien, a que se sientan a gusto, a que se sientan en paz con ellos mismos. El problema está en que la industria del bienestar, a veces, es una especie de industria del maquillaje espiritual o de la anestesia mental. Cuando no solucionamos los problemas, sino que simplemente los maquillamos, los escondemos o nos anestesiamos, pues parece que no estamos logrando mucho, porque con mucha frecuencia los problemas que no solucionamos son como heridas que quedan simplemente tapadas, pero que se siguen infectando y que un día nos van a hacer muchísimo daño.

Por eso, qué importante la invitación que nos hace Cristo en el Evangelio de hoy, porque Él no te invita a que recibas maquillaje, a que recibas una especie de distracción, escape o anestesia. Ese no es Cristo. Y la invitación de Él es clarísima, está en el capítulo 11 de San Mateo, Evangelio de hoy: «Venid a mí los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré». Reflexionemos por un momento qué significa eso de cansados y agobiados. Típicamente, lo que más nos cansa es tener que cargar algo. Por una buena razón, hoy la gran mayoría de las maletas, por ejemplo, si uno va de viaje, la gran mayoría de las maletas tienen rueditas, porque eso facilita mucho las cosas, así no tienes que cargar.

Entonces, el cansancio muchas veces viene de lo que uno está cargando. Por supuesto, como hablamos de un cansancio que no es puramente físico, entonces la pregunta es: qué es lo que tú estás cargando, no desde hace unos cuantos kilómetros, sino desde hace muchos años, tal vez. Quizás estás cargando un resentimiento viejo, quizás estás cargando un deseo de venganza, quizás estás cargando los insultos que alguien te dijo hace mucho tiempo y tú lo sigues cargando. Los hiciste tuyos, los llevas aquí encima.

Y Jesús te dice: «Venid a mí los que estáis cansados», cansados de cargar todas esas cosas. Y nos dice también: «Venid a mí los que estáis agobiados». Y ¿qué es lo que más agobia al ser humano? El ataque, la oposición, esa especie de aversión que a veces surge. Entonces, ¿qué hace Cristo con nuestras cargas? Pues, en primer lugar, nos hace entender que la mayor parte de las cargas que son, repito, preocupaciones, angustias, ansiedad, resentimientos, insultos que me dijeron, la mayor parte de esas cargas, se me olvida una muy importante, expectativas de otras personas, se supone que yo tengo que. Pues todo eso, Cristo te dice todo eso, no tienes que seguirlo llevando.

Es que me gusta recordar el caso de Francisco de Asís, por dar solo un ejemplo de esto de las expectativas. El papá de Francisco de Asís tenía una expectativa de lucro, una expectativa de dinero con respecto a su hijo. Él quería que su hijo fuera un empresario todavía más exitoso de lo que él mismo había sido y le había puesto sobre los hombros esa carga a Francisco. Pero Francisco conoce a Cristo, y Francisco dice: Esa no es mi carga, esa no es mi vida. Y ¿qué hacemos con los agobios? Una cosa que te puedo decir es que el poder de las palabras no está tanto en el que las pronuncia, sino el que las escucha.

Y hay un ejemplo que me gusta decir, si en este instante aparece alguien y me dice: Padre Nelson, usted ¿por qué se robó cien millones de dólares del Banco de la República de Colombia hace un año? Eso, eso a mí no me va a afectar. Ese no soy yo, yo no sé, creo que no, no hubo ningún robo de esa naturaleza y de esa cantidad en esa fecha. Pues bien, es un ejemplo tonto, pero es tratando de decir que el poder de las palabras está en buena parte en cómo escuchas tú. Y resulta que la mayor parte de la gente no tiene ni idea de quién eres tú, no tiene ni idea. Y a ser sinceros, quizás tampoco les importa.

Entonces, las palabras con que muchas veces nos atacan, las palabras con que muchas veces nos marginan, son palabras que en el fondo, son palabras que, en realidad, lo único que dicen es lo que esa persona lleva dentro. Esto vale especialmente para las calumnias y los insultos tontos. A mí me ha pasado, a mí me ha pasado eso. Entonces, no maquilles tu pasado, no te escondas de él, no huyas de él. Vayamos juntos a Jesucristo, Él sí sabe cómo quitar esas cargas y cómo liberarnos de esos agobios.

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