Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Cristo está contigo; por eso ahora es posible y real buscar la santidad.

Homilía v023007a, predicada en 20151209, con 6 min. y 41 seg.

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Transcripción:

El Evangelio del día de hoy está tomado del capítulo 11 de San Mateo. Yo creo que es un texto bastante conocido, y es bien conocido por una buena razón, porque es un texto que nos llama a la esperanza. Este es Cristo abriendo la puerta de su corazón y diciéndonos: «Venid a mí los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré». Por supuesto, muchos de nosotros hemos tenido la experiencia de ese cansancio, porque hay muchas cosas de las que uno puede sentirse cansado. La persona que trabaja duramente por lograr el pan de cada día, es una persona que se siente cansada.

La persona que tiene que soportar una dictadura injusta se siente agobiada, se siente cansada. Qué cosa tan desagradable y tan frustrante el tener que vivir, por ejemplo, en un país donde cierto partido político donde cierto gobernante se eterniza y siempre tienen otro truco para seguir mandando los mismos, eso cansa, eso agobia. Cuando una persona ha tenido varias decepciones, por ejemplo, decepciones amorosas, también puede sentirse cansado. Hay indudablemente un tono de cansancio cuando se escucha a una muchacha decir: Todos los hombres son iguales, todos son iguales. Esa manera de hablar está indicando cansancio, es algo así como: Me cansé de estar esperando a que alguien me quisiera, me cansé de las relaciones afectivas o de noviazgo.

Yo me he preguntado varias veces de qué cansancio habla Cristo en este pasaje, los que estáis cansados y agobiados. Si nosotros miramos el contexto, es decir, si miramos en qué parte del Evangelio de Mateo se encuentra este pasaje, podemos aprender seguramente a qué se refiere Cristo. Es verdad que en Él está todo nuestro descanso, pero si uno atiende al contexto, creo que puede recibir mejor la enseñanza. La gente a la que le está hablando Cristo, es la gente que se siente profundamente agobiada por la multitud de prescripciones y de mandatos y de órdenes de los fariseos, que se presentaban como los auténticos testigos de la ley de Moisés. Es decir, el cansancio que experimenta una buena parte del pueblo en aquella época, es el cansancio del que siente que nunca da la medida, que jamás podrá llegar allá.

Piensa que este cansancio se parece mucho a lo que dolorosamente han vivido algunas personas cuando tienen papás o mamás sumamente exigentes. Esos papás o esas mamás que nunca están contentos con todo. Mamá, saqué una nota de 4,5 sobre 5. Y ¿por qué no sacaste 5? Es decir, esas personas, esos papás, esas mamás que tienen como la idea de que sus hijos tienen que ser absolutamente perfectos. Suele suceder, además, como lo han dicho varios predicadores, que los que tanto exigen a sus alumnos o tanto exigen a sus hijos, como que se les olvida qué clase de estudiantes eran ellos cuando tenían la edad de sus hijos.

Algo así es el cansancio del que está hablando Cristo acá. Los fariseos eran como esos autonombrados maestros, autonombrados papás que siempre tenían la manera de apretar otro poco la tuerca, exigir siempre un poco más y dejaban siempre la sensación en el pueblo de que jamás, jamás podría agradar a Dios. Es decir, no importa lo que yo haga, no importa cuánto lo intente, jamás voy a ser bueno, jamás estaré a paz y salvo con Dios. Nunca, nunca podré ser un buen cristiano o nunca podré ser un buen creyente. A esa gente le habla Cristo, sobre todo a ellos. Cristo tiene algo que ver con todos los otros cansancios de los que he hablado, pero es, sobre todo, a estas personas las que de algún modo se sienten absolutamente desanimadas o, como decimos en mi país, desinfladas sin un aliento.

Qué voy a tratar yo de ser bueno, si el límite, si la vara, si el estándar está tan alto. Curiosamente, Cristo no baja el estándar, más bien lo que le dice a la persona es: Conmigo sí puedes. Porque Cristo dice: Yo te voy a poner mi yugo, yo te voy a dar mi yugo y mi yugo si lo vas a poder llevar. Y la razón por la que uno sí puede llevar el yugo de Cristo es porque Cristo lo lleva con nosotros, porque no nos deja solos, porque nos da de su amor, de su compañía, de su consuelo, de su sanación, de su fuerza. Estoy contigo. Ese es el nombre de Cristo, Emanuel, Dios con nosotros. Estoy contigo, entonces no desesperes de buscar la santidad, de buscar la perfección. Únete a Cristo y descubrirás que no es que el estándar baja, sino que Cristo mismo te carga y te lleva a donde ni siquiera tú podías haber imaginado.

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