Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

¡Ir a Jesús! Porque aparte de él, falso resulta el descanso y duras las consecuencias.

Homilía v023006a, predicada en 20141210, con 32 min. y 34 seg.

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Transcripción:

Hermanos queridos, estamos el día de hoy ante uno de los pasajes más hermosos del Evangelio. Jesús abre las puertas de su corazón y nos invita a todos a entrar. Jesús nos recibe con su ternura, con su bondad, con su misericordia. Aquí está la invitación que nos hace el Hijo de Dios, que no puede mentir: «Vengan a mí». Es una petición, es una invitación, es un mandato. Petición que brota del amor, invitación que brota de su misericordia, mandato que brota de su celo por nuestra salvación. «Vengan a mí». Y es importante obedecer ese mandato, es importante ir a Jesús, porque si intentas buscar el descanso lejos de Jesús, en vez de encontrar lo que buscabas, peores y más graves problemas te esperan.

Hay quienes buscan su descanso en una botella de licor. Pero es un descanso falso, encadenados por el vicio en vez de encontrar lo que buscaban, quedan en una condición peor. No fueron a Jesús, fueron a la botella, fueron al licor, así no es. Hay quienes buscan su descanso en la droga, buscan un momento de placer, de olvido, buscan una sensación agradable. Pero eso no dura, quedan encadenados y su situación llega a ser peor de lo que estaban. ¿Por qué? Porque no le hicieron caso a Jesús. Jesús dice: «Vengan a mí» y esa es una súplica, una invitación y un mandato.

Una persona tiene una enfermedad muy grave. Por supuesto, eso le produce angustia. Pero ¿qué sucederá con esa persona si no le hace caso a la orden y mandato de Jesús? Esa persona irá a las tierras extrañas de la desesperación. Envuelto en el juego espantoso de la angustia, esa persona no encontrará otra cosa sino matarse. Hace poco, hace unas cuantas semanas, prácticamente en público, como si fuera un reality, anunció una cierta señora, madre de familia ella, anunció: Me voy a matar, tengo una enfermedad muy grave, me voy a matar. Hoy vamos a orar por esa señora, se llamaba Brittany. Y ella anunció: Me voy a matar porque tengo una enfermedad que es degenerativa, que es dolorosa. Nosotros no queremos aquí juzgarla a ella, pero sabemos muy bien que si una persona va a Jesús, no habla de esa manera.

Pero si no vas a Jesús, sino que vas a la desesperación, ¿a dónde te va a llevar la señora desesperación, a donde te lleva? A tu ruina, al suicidio. Así que la primera enseñanza de hoy es tomemos en serio que hay que ir a Jesús. Tienes una decepción con tu pareja, sientes rabia, sientes rencor, sientes resentimiento. De inmediato una cantidad de voces empiezan a aconsejarte: Este es el momento de pagar con la misma moneda. Hazle tú lo mismo, así como te hicieron, ahora haz tú lo mismo. ¿Voy a ir donde esas voces? No. Cuántas veces, hermanos, en los más de 20 años de sacerdocio que Dios me ha concedido, he escuchado esta historia. Mi esposa me engañó o mi esposo me engañó y yo quise pagarle con la misma moneda. No solo me sentí asqueroso, no solo sentí asco de mí, sino que la relación se terminó de dañar y lo perdí todo de mi familia.

Era una situación muy difícil, por supuesto que era una situación muy difícil. Pero ¿a dónde fui? Fui donde esas voces que me decían: Búscate la venganza, paga con la misma moneda. Si voy donde esas voces y esas voces pueden ser señoras resentidas que están separadas y que siempre tuvieron envidia de ti, que estás casada. Si voy donde esas voces, ¿qué me van a aconsejar esas voces? Destruye tu matrimonio, paga con la misma moneda. Pero ¿qué me dice el Evangelio de hoy? Es Jesús: Si estás en el dolor, si estás en la decepción, si estás en la frustración, no vayas donde esas otras voces.

Un hombre está obsesionado por conquistar el corazón de una mujer que parece que no le pone cuidado ¿a dónde va ese hombre? Tristemente da vueltas por las calles, va conduciendo su carro y de repente ve un letrero que dice psic, los psíquicos, magos, brujos, supersticiosos, lectores de cartas, lectores de la mano. Y este hombre obsesionado con la idea de tener a esa mujer porque no la puede olvidar, tiene una pasión que ya es enfermiza, no puede mirar su vida sin esa mujer. Y entonces, va donde el brujo, está desobedeciendo a Jesús. Qué dijo Jesús: «Vengan a mí». ¿Estás apasionado por esa mujer? Jesús te dice: «Vengan a mí».

Tienes un problema de salud. Jesús dice: «Vengan a mí». Estás en la tristeza, en el duelo. Ha muerto alguien en tu país, ni siquiera pudiste viajar, la tristeza te consume. Qué te dice Jesús: «Vengan a mí». Estas palabras hay que aplicarlas en toda circunstancia. Los niños tienen que aplicar esto, tienen que aplicarlo porque a los niños les llegan muchos consejeros y la mayor parte de los consejos que reciben niños y jóvenes hoy, son consejos que no les van a hacer bien. Hace poco me comentaba una madre de familia, en muchas escuelas les parece gran cosa tener novio, tener novia, tener pareja desde los 11, desde los 12 años. Por supuesto, es una pésima idea. Y por supuesto, eso no le agrada a Dios.

Pero ¿qué pasa? Que le contaba una niña de 12 años, le contaba a la mamá que las compañeras del colegio se burlaban de ella y le decían: Debe ser que tú eres muy fea, a los 12 años de edad, debe ser que tú eres muy fea porque no has conseguido a nadie. Todas las amiguitas tienen novio. Esas son voces que la niña de 12 años tiene que aprender a evitar. La niña de 12 años tiene que oír a Jesús que dice: «Vengan a mí». Y la niña de 12 años tiene que preguntarse delante de Jesús: ¿Estoy en una edad para tener novio, para construir una relación seria, hermosa, responsable con un hombre? La niña de 12 años tiene que preguntárselo. Los niños tienen que cumplir lo que dice el Evangelio, ir a Jesús. Los jóvenes tienen que ir a Jesús, Los hombres, los varones, tenemos que ir a Jesús.

En muchos de nuestros países hay una idea tonta, la idea de que la religión es para las mujeres. Qué espectáculo tan ridículo el que se da en muchas familias, el hombre se queda viendo la televisión, viendo la final de béisbol y manda a la esposa y a los hijos: Vayan a misa ustedes y él se queda ahí, criando panza delante de su televisor, viendo la final de béisbol. Y yo hago una pregunta, ¿cuándo Jesús dijo: «Vengan a mí», excluyó a los varones? No, entonces los varones tenemos que cumplir el mandato de Cristo. Nosotros necesitamos aprender a ser hombres y eso se aprende junto a Jesús. Ese es el primer punto de la meditación de hoy, la importancia de ir a Jesús. Antes que buscar a tu mamá, ¿por qué me hablas así, Padre? Le voy a explicar por qué hablo así, porque hay algunas mujeres que tienen problemas con el esposo y lo primero que hacen es llamar a la mamá, mal hecho. Al primero al que hay que llamar es a Jesús.

Y ¿por qué me habla así? ¿Qué tiene de malo que yo hable con mi mamá? Se lo voy a contar con esta historia que conocí en un país que yo amo mucho, México, lindo y querido. Imagínate lo que le pasó a una cierta señora, conocida mía. Ella se casó, pero resulta que la mamá de ella nunca gustó mucho de ese muchacho. Esta señora finalmente no se pudo oponer, dejó que se celebrara el matrimonio, pero ella siempre pensó: Mi hija ha quedado mal casada, como dicen las señoras: Mi hija se merecía algo mejor. Luego va uno a conocer la tal hija y uno dice: Dese por satisfecha, mi señora. Pero bueno, para las mamás, ningún esposo es bueno para la hija. Y ninguna esposa es buena para el hijo.

Entonces, esta señora estaba muy disgustada con que la hija finalmente hubiera decidido casarse con ese hombre. Esta señora no estaba satisfecha y la hija cada vez que tenía un problema con el esposo, ¿qué era lo primero que hacía? Llamar a la mamá y la mamá estaba esperando esa llamada porque con cada llamada que hacía la hija, la mamá ¿qué hacía? Le envenenaba el oído a la hija. Primero, con gran cariño: Ay, hija, qué sufrimiento. Bueno, pero tú sabes que tú siempre tienes a tu madre. Y después ya entonces, le decía: Acuérdate, hija mía, que aquí en la casa siempre habrá un cuarto para ti, y acuérdate que aquí tienes tus cositas. En resumen, la mamá hizo todo lo que pudo y pudo mucho, para terminar de destruir ese matrimonio.

Por eso, cuando tengas un problema con el esposo, lo primero no es llamar ni siquiera la mamá, ni siquiera, mucho menos a la vecina, porque no se sabe la vecina qué tipo de amargada, divorciada, resentida con la humanidad, mala leche con hígado dañado. Y entonces, la vecina, hay mucha envidia en esta tierra. Antes de llamar a la vecina, antes de llamar a la mamá, antes de llamar al hijo, antes de llamar a la hija, porque también hay mujeres que se desquitan de los problemas con el esposo, dañando la imagen de ese hombre frente a los hijos, eso también pasa. Por eso, antes de hablar con cualquier otra persona, ¿qué es lo que hay que hacer? Dice aquí: «Vengan a mí». ¿Ir a quién? A Jesús. Esta es una enseñanza muy importante. Ir a Jesús, primero que todo.

Pero ahora yo quiero que aprendamos otra cosa. Son solo dos cositas las que vamos a aprender hoy, pero que nos queden bien aprendidas. Porque Jesús es tan bello. Por eso lo llamamos el Divino Maestro. Es tan bello Jesucristo y todo lo que Él nos dice, todo es por nuestro bien, porque todas y cada una de sus palabras salieron de un corazón lleno de amor. Acuérdate de lo que dijo Él mismo: «De lo que abunda el corazón habla la boca». Si eso se lo aplicas a Cristo mismo, qué quiere decir, ¿qué abundaba en el corazón de Él? Misericordia, amor, deseo de nuestra salvación, afán por la gloria del Padre. Y eso es lo que hay en las palabras de Jesús, eso es lo que tiene Él en sus palabras amor, misericordia, deseo de nuestra salvación, afán por la gloria de Papá Dios.

Nos dice Cristo en este brevísimo pasaje, está en el capítulo once de San Mateo, dice Cristo: «Tomen mi yugo, aprendan de mí, encontrarán descanso». Yo quiero destacar ese punto tan importante que puede parecer como una contradicción. Fíjate lo que dice Jesús: «Carguen mi yugo». Y dice Jesús: «Y encontrarán descanso». Esto es algo como extraño. Puede parecer extraño porque un yugo es una cosa pesada, cualquiera que conozca un poquito las labores del campo sabe para qué sirve el yugo. El yugo es un instrumento de labranza que se pone sobre unos animales fuertes que son los bueyes usualmente, y tienen que ser dos bueyes fuertes, adultos crecidos, bien alimentados y van jalando el yugo y con ese yugo se va roturando la tierra, se abre profundamente la tierra para que se airee y para que la semilla entre mejor.

Por qué Jesús, este es el segundo punto de nuestra predicación en esta noche. ¿Por qué Jesús dice: «Tomen mi yugo y encontrarán descanso»? Esta es una pregunta muy buena. «Tomen mi yugo, encontrarán descanso». ¿Por qué? Hay que tener en cuenta que la expresión tomar el yugo, era una expresión común en la época de Cristo, según nos enseñan los que son expertos en la Sagrada Escritura. Por ejemplo, los maestros de esa época, que se llamaban los rabinos, por eso a Jesús también le dicen Rabí, en alguna parte, que quiere decir maestro. Los rabinos utilizaban esa expresión de aceptar el yugo. Es decir, el discípulo que entraba a formarse con uno de estos maestros, se decía aceptó el yugo de tal o cual maestro.

O sea que una parte de la explicación podemos decir que es histórica. Aceptar el yugo quiere decir volverse discípulo. Y tiene mucho sentido, porque fíjate la frase que dice Jesús: «Tomen mi yugo sobre ustedes y aprendan de mí». Ahí se entiende, realmente Jesús está tomando la posición del Maestro, lo que en el judaísmo se llama el rabino, Jesús está tomando esa posición de rabino y lo que les está diciendo a estos que le escuchan es: Si ustedes son discípulos míos, si ustedes aprenden de mí, encontrarán descanso, esa es una primera explicación.

Pero yo creo que podemos encontrar una segunda explicación. Y es que, con mucha frecuencia, cuando Jesús habla en su lenguaje, Él se pone de nuestro lado, es decir, Él describe las cosas como nosotros las vemos, para llevarnos a la manera como Dios las ve. Esto es propio de un maestro de la más alta calidad como es Jesucristo. Cristo, al hablar, describe muchas cosas de la vida espiritual, como nosotros las vemos y las sentimos. Y de ese modo, como tendiéndonos una mano, como ofreciendo una ayuda a nuestra frágil inteligencia, nos va a llevar poco a poco, a la manera como Dios las ve.

Mira, te doy un par de ejemplos muy rápidamente para que veamos este aspecto tan hermoso de la pedagogía de Cristo. Tú te acuerdas que en el Evangelio de San Lucas encontramos un pasaje, ahí donde Cristo dice que había un juez que era injusto y había una señora que era viuda y que le insistía mucho a ese juez y era un juez realmente inicuo, era un hombre indigno de su investidura. Pero esta señora viuda le insistía y le insistía a ese juez para que le hiciera justicia. Y finalmente ese juez dijo: Pues a mí no me importa Dios ni me importa la gente, pero ya estoy cansado con esta señora que no me deja en paz. Entonces, voy a solucionarle su problema. Y dice Jesús que así tenemos que insistirle a Dios Padre.

Fíjate eso tan extraño, Cristo, entonces pareciera que está comparando a Dios, a Papá Dios lo está comparando con un juez, pero un juez inicuo, un juez corrupto, un tipo sin entrañas. Por qué Cristo se atreve a comparar a Papá Dios con un juez de esa clase, para enseñarnos que oremos perseverantemente ¿por qué? Porque Cristo, como acabamos de decir, se pone en nuestro lugar. Cristo describe las cosas como nosotros las vemos al principio, para llevarnos poco a poco a la manera como Dios las ve.

Y qué le pasa a una persona que tiene un problema muy grave y que está orando y está pidiéndole a Dios: Ay, Señor, ayúdame, ayúdame, ayúdame. Muchas veces esa persona se desespera y dice: Pero Dios, ¿por qué no me ayuda? Porque Dios ayuda a todo el mundo menos a mí. ¿Por qué Dios es así, por qué, por qué, por qué? Sí o no qué nos pasa eso, ¿sí o no? Cuando una persona está en una verdadera necesidad y está rezando y rezando, no es verdad que llega el momento en el que siente: Pero a mí ¿por qué Dios no me oye? Será que yo tengo la cara cuadrada ¿Qué pasa conmigo, por qué Dios no me escucha? Y la persona seguramente ¿qué es lo que siente? Que Dios es injusto. Uno tiembla al decirlo, porque por supuesto, uno por dentro sabe que Dios no es injusto. Pero lo que uno siente sí es como que Dios es injusto.

Entonces fíjate cómo nos habla Cristo. Cristo con esa comparación del juez inicuo, lo que nos está diciendo es: Mire, aunque Dios fuera tan mala persona como usted a veces siente que es, aunque Dios fuera así, siga orando, siga orando. Si ves la pedagogía de Cristo, cómo Él se pone en el lugar de nosotros, en el lugar de nosotros, ¿para qué? Para desde ahí, desde esa triste realidad de nuestra vida, irnos llevando, irnos atrayendo. Es que es tan compasivo Jesús, es de una ternura, es de un amor que es capaz de hacer esas comparaciones.

Ahora te doy otra, otra imagen. Nos encontramos una parábola muy conocida. Un hombre estaba en un campo y se dio cuenta que en ese campo había un tesoro. Uyuyuy, aquí hay un tesoro, ve qué tan bueno. Y esto como que nadie se ha dado cuenta de este tesoro. Y entonces, qué nos dice Cristo qué hizo ese señor cuando encontró ese tesoro, ¿qué hizo? Lo tapó ¿cierto? Fue y consiguió plata, se endeudó, consiguió toda la plata que pudo, compró ese campo. Obviamente compró ese campo ¿por qué? Porque estaba el tesoro.

Pero ahora yo hago esta pregunta, ¿ese comportamiento es honrado? Realmente no es un comportamiento honrado, porque fíjate que este señor se da cuenta de que el verdadero valor de ese campo no está en la tierrita. El verdadero valor de ese campo está en el tesoro, pero él no dice nada del tesoro, se queda callado, lo compra. No, que yo quiero comprar aquí esta tierrita. Y en realidad lo que está haciendo es una especie de trampa, ¿cierto? Y uno podría preguntar, Señor Jesucristo, pero ¿por qué pones ese ejemplo que es un ejemplo deshonesto? Porque esa es una persona que se quedó callada con algo que se encontró y que, en realidad, no le pertenecía.

¿Por qué Cristo pone esa comparación? Otra vez por la misma razón que dijimos antes, porque Cristo en su manera de hablar, se pone en lo que nosotros usualmente nosotros, seres humanos, débiles, ignorantes y pecadores solemos decir y pensar. Es verdad que todavía se encuentra en esta tierra gente que devuelve dinero que se halla por la calle. Por ejemplo, fue noticia en España un señor que se encontró una billetera que tenía 3000 euros y él fue y devolvió. Él devolvió, ese dinero no es mío, devolvió sus 3000 euros. Yo no toco esa plata, esas personas quedan. Pero la mayoría de los seres humanos cuando se encuentran esa platica dicen: Ay mi Dios, cómo me bendijo. Eh, que yo no sé si nosotros ahí estamos, incluso comprometiendo el nombre de Dios con esa manera de hablar.

Entonces, ¿qué es lo que haría la mayor parte de la gente? Porque Jesús está hablando con ternura y acomodándose a nuestra manera de pensar usual. Si una persona se da cuenta de ese tesoro y dice: Uyuyuy, aquí lo que hay es un tesoro grande. Aquí lo que hay es plata, pero plata, plata es lo que hay aquí. Normalmente, no digamos normalmente, comúnmente, ¿qué es lo que hace la gente cuando se encuentra eso? Lo que Cristo dice en la parábola, es decir, se queda callado, compra el campo y después empieza a sacar la platica de a poquito, de a poquito, de a poquito a disfrutarla. Y de eso, de eso que no es bueno ni es honesto, pero que es nuestra manera usual de obrar y de pensar, de eso se vale Jesucristo para mostrarnos cuánto, cuánto se alegra el que encuentra el Evangelio.

¿Te das cuenta de qué calidad de maestro es Jesucristo? Él se adapta a la manera como nosotros somos, a la manera como nosotros pensamos. No es que Cristo esté aprobando ese comportamiento. No, Cristo está tomando situaciones reales de una vida real, de lo que nosotros vivimos y encontramos, para desde ahí llevarnos con paciencia, con sabiduría y con ternura hasta dónde quiere llevarnos Él. Con esa explicación, volvamos al texto del Evangelio de hoy, dice Cristo: «Tomen mi yugo sobre ustedes y encontrarán descanso». ¿Por qué habla de un yugo que es una cosa pesada, una cosa casi imposible de cargar para un ser humano? ¿Por qué? Porque resulta que cuando uno entra en el camino del Señor, hay veces que uno siente que lo que Dios le está pidiendo es muy pesado.

Entonces, otra vez está Cristo poniéndose en el lugar de nosotros y diciendo: Mira, aunque te parezca muy pesado, mejor lleva ese yugo que verás que al final encuentras descanso. Entonces, cuando Cristo habla, por ejemplo, de la fidelidad en el matrimonio. Ay, no, eso sí está muy pesado. No, no, no, esa cruz. Ay, Dios mío, Señor. La gente se queja, pero ¿quién nos entiende a los humanos? Los solteros se quejan de su soltería, que está muy pesada. Y los casados se quejan de su matrimonio, que está muy pesado. Así somos los seres humanos, siempre nos estamos quejando y siempre creemos que lo que nos ha tocado a nosotros es muy pesado y estamos en un ambiente muy pesado. Y a mí todo me toca muy pesado y a veces la predicación es muy pesada.

¿Qué es lo que está haciendo Cristo? Está poniéndose en el lugar de nosotros. Aunque te parezca a veces que es muy pesado el camino que te muestro, aunque te parezca que es muy empinado y aunque te parezca que es muy duro, y aunque te parezca que la puerta es muy estrecha porque todas estas son expresiones de Cristo, te acuerdas: Camino empinado, puerta estrecha, yugo pesado. Aunque te parezca que es así, no abandones mi camino. Al final vas a ser, vas a sentirte muy bien y vas a sentirte muy feliz y vas a dar gracias de no haber abandonado el camino, de no haber abandonado el esfuerzo.

Hermanos queridos, son las dos lecciones de hoy. La primera, ir a Jesús. Antes de llamar a la mamá, ir a Jesús. Antes de llamar al compinche de los tragos, ir a Jesús. Antes de destapar una cervecita para distensionarme, ir a Jesús. Esa fue la primera parte. Y la segunda, aunque parezca pesado lo que Jesús me pide, es lo mejor para mí. Y con un poco de paciencia, humildad y perseverancia, muy pronto vendrá el deseado descanso. Amén.

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