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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Una meditación sobre el cansancio y cómo lo vence Dios.
Homilía v023005a, predicada en 20141210, con 4 min. y 45 seg. 
Transcripción:
El cansancio, una meditación sobre el cansancio, ¿te esperabas eso? Realmente la Biblia tiene una riqueza impresionante. Una meditación sobre el cansancio, eso es lo que trae la primera lectura de hoy, tomada del capítulo 40 del profeta Isaías, al comienzo del llamado libro de la consolación de Isaías, el cansancio. Normalmente uno se cansa porque ha trabajado, pero hay un cansancio que sucede incluso antes de trabajar. Y ese otro tipo de cansancio lo podríamos llamar también desaliento, lo podríamos llamar sin sentido, lo podríamos llamar desmotivación.
Cuando los israelitas recibieron el permiso dado por el rey de Persia, que en aquella época era Ciro para que volvieran a su tierra, por supuesto que eso trae alegría. Pero, llegar a Jerusalén y encontrar que todo estaba en ruinas, que lo que no había sido quemado, había sido saqueado, que donde no habían entrado los ladrones, habían entrado los vándalos, que lo que no habían ensuciado los enemigos, lo habían ensuciado los animales, eso fue muy duro. Y fíjate que el cansancio que llega después de trabajar, es el cansancio, sobre todo, físico. Pensemos en una persona que está arando, por ejemplo, está arando todo el día, explicablemente, pues siente cansancio en sus músculos, se siente agotado.
Pero el otro cansancio, el del desaliento, la desmotivación, la vacilación, el sinsentido, no es un cansancio tanto de los músculos, es un cansancio de la fe y de la esperanza, es un cansancio de desilusión, es un cansancio que nos paraliza y es un cansancio que no se resuelve simplemente con un buen sueño o con alimentarse un poco mejor. Más allá del alimento físico, más allá del descanso de una cama, ese desaliento, ese absurdo, tiene un poder de humillación de las iniciativas humanas que llega verdaderamente a paralizar a todo un pueblo.
Y es ahí donde encontramos las palabras de Isaías invitando a descubrir en Dios al único que es capaz de empezarlo todo, el Dios que no se cansa, no solamente en el sentido físico de la palabra, que es el que menos importa aquí. El Dios que no se cansa es el Dios que tiene en sí mismo la explicación, la razón de ser, el por qué y el para qué de cada cosa. Y por eso, porque Él no necesita encontrar significado a partir de una verdad que le sea ajena o a partir de un amor al que estuviera esperando, por eso Dios es el manantial único, no solamente del vigor físico, sino de la motivación.
Esto es lo que nos dice poéticamente Isaías, los jóvenes se cansan, vacilan, tropiezan. Es que hay que saber que la juventud es aquella etapa de la vida en la que normalmente hay más vigor físico. O sea que, al hablar así de los jóvenes, Isaías no está peleando contra los jóvenes, sino está diciendo que el vigor físico no va a resolver el problema, porque lo que se necesita es ese vigor interior, esa fuerza de significado, de motivación y de propósito que solo Dios puede dar. Y este es el anuncio, que ese Dios en quien reside todo vigor exterior e interior, este Dios que es el único que puede darle armonía y puede darle un porqué a la vida humana, está más cerca de lo que creemos y quiere visitar a su pueblo y quiere renovar a su pueblo. Y eso, precisamente eso, es el Adviento.

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