Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

La gran carga del ser humano es el esfuerzo por pasar de lo que uno debería a lo que uno quisiera; y es ahí donde Cristo alivia.

Homilía v023004a, predicada en 20131211, con 4 min. y 51 seg.

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Transcripción:

Creo que uno de los pasajes más recordados y mejor apreciados del Evangelio es el que hemos escuchado en el Evangelio de hoy, en el texto de hoy, capítulo 11 de San Mateo. «Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo, dice el Señor, mi yugo es leve y mi carga ligera». La parte del alivio tiene todas las características de una gran noticia. Efectivamente, son muchas las personas que se sienten agobiadas por toda clase de cargas. Está la carga del pasado, por ejemplo, de los errores que uno ha cometido. También es carga del pasado aquello que otros le hicieron a uno y eso fácilmente despierta resentimientos o deja heridas, esas cargas están.

Están también las cargas del presente, algunas personas ahora mismo tienen que enfrentar situaciones muy difíciles, una enfermedad incurable, una deuda impagable, el tener que cuidar, el tener que ver por alguien que se encuentra en una difícil condición. Y también hay cargas que vienen incluso del futuro, así el futuro no haya llegado. Muchas personas ven el futuro más como un problema que se les abalanza, que se les viene encima, que como una oportunidad. Para muchas personas, y esto es triste decirlo, el futuro no es en principio una alegría, sino más bien un interrogante o incluso, como ya dije, una amenaza. Así que para todos aquellos que sienten que su pasado, su presente o su futuro es una carga, qué gran noticia lo que dice Jesús, qué gran noticia: «Venid a mí los que estáis cansados y agobiados».

En las palabras de Cristo hay que reconocer también otro tipo de carga, la de aquellos que habían escuchado mucho a los fariseos, es decir, que sentían la obligación de ser buenos y a la vez la imposibilidad de ser buenos. La palabra carga la utiliza Cristo refiriéndose a los fariseos en otro pasaje, ahí donde dice que los fariseos lían cargas muy pesadas y luego no mueven un dedo para ayudar a llevarlas. Y es, sobre todo, a esas personas a quienes se dirige Jesús como Maestro, diciéndoles: Esa carga no te la mereces. Y es, sobre todo, esa carga de la que Él nos libera, carga que si lo pensamos bien, incluye las que he mencionado antes.

Es la carga del yo debería, pero yo no puedo. Yo debería perdonar, pero no puedo. Yo no debería preocuparme, pero estoy muy angustiado. Yo debería cuidar más mi salud, pero estoy amarrado a qué sé yo, al cigarrillo o al vicio o a lo que sea. Yo debería, pero yo no puedo. Y es ahí donde Cristo nos dice: Pues el puente entre lo que tú debes y lo que tú puedes, ese puente soy yo. Llévame contigo, acéptame enseñanza, recibe mi Espíritu, acógete a mi amor, ven a vivir en mi casa que es la Iglesia, y entonces experimentarás que el puente entre lo que se debe y se puede es un puente que se puede transitar, es un puente transitable, pero si estás conmigo. Y aquellos que aceptan el llamado de Cristo y aquellos que creen en la promesa del Señor, comprueban, comprobamos una y otra vez que el yugo del Señor es leve y su carga ligera.

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