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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

El poder del Padre Celestial que es fuente de todo el Misterio Trinitario, la sabiduría de Jesús por quien todo fue hecho y la misericordia del Espíritu Santo quien llega a nuestros corazones haciéndonos experimentar el amor divino.

Homilía v022014a, predicada en 20221206, con 5 min. y 8 seg.

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Transcripción:

El evangelio de hoy es muy hermoso, ¿Y sabes por qué? Porque los tres principales atributos de Dios, según San Agustín y según Santa Catalina, aparecen en una sola frase de Cristo. La frase del Señor bendito sea su nombre. La frase del Señor es ésta. Dios no quiere que se pierda ni uno solo de estos pequeños. Y esa es la razón por la que él sale a buscar la oveja perdida. Porque Dios no quiere que se pierda ni uno solo de esos pequeños.

¿Cuáles son esos atributos de los que nos hablan estos grandes santos como, San Agustín? Los tres grandes atributos son el poder, la sabiduría y la misericordia. Poder, sabiduría y misericordia. Y el mismo Agustín asocia estos tres grandes atributos con las tres divinas personas. Es decir, asocia particularmente el poder con el Padre Celestial, que es fuente de todo el misterio trinitario y al que se atribuye de modo particular toda la obra de la creación. La sabiduría se asocia especialmente con Cristo, que es la Palabra del Padre. Cristo, por quien todo fue hecho, el logos que sirve como de referencia de plantilla para toda la creación. Y luego el Espíritu Santo, el amor increado es Espíritu de Dios, al que se asocia particularmente la compasión, entre otras cosas, porque es el que llegando a nuestros corazones nos hace experimentar el amor divino. Poder, sabiduría y misericordia, tres atributos de Dios.

Esos tres atributos divinos aparecen en la sencilla frase que dice Cristo tan sencilla pero tan profunda. La frase la repito es, Dios no quiere que se pierda ni uno solo de estos pequeños. Y lo primero que resplandece, claro, cuando Cristo dice eso es la sabiduría, es la misericordia, es el poder. Pero de los tres yo creo que sobre todo la misericordia. Que a Dios le duela cada ovejita perdida, cada uno de nosotros que somos o hemos sido ovejas extraviadas, que nosotros le dolemos a Dios, por decirlo de alguna manera, eso es pura compasión.

Como han dicho tantos santos, no es que nos necesite, pero sí nos busca como si nos necesitara. Entonces ahí está la misericordia, y ahí está también el poder, porque Dios no se queda simplemente doliéndose. Ay, qué cosa tan triste, no, sino que Dios sale al encuentro de ese pecador para hacerle manifiesta y eficaz su misericordia. Y por seguir con San Agustín, recuerda estas palabras que dice este gran Santo en su obra, Las Confesiones, hablaste y quebrantaste mi sordera, brillaste y venciste mi ceguera. Eso es poder. Que Dios quebrante mi sordera, que Dios venza mi ceguera con la intensidad de su luz. Eso es poder de Dios. Pero también está su sabiduría, porque los caminos por los que Dios llega a nuestra vida, los caminos por los que Él nos habla, la manera como Él nos transforma es impresionante. Es realmente impresionante, lo que Dios se inventa para llegarle a un corazón, lo que Dios se inventa para salir a nuestro encuentro.

Y los pasajes de la Biblia son muchísimos, pero por solo recordarte uno, haz memoria de aquel del capítulo veinticuatro de San Lucas, cuando Cristo, como un caminante más, se une al camino de los discípulos que iban hacia Emaús. Como un caminante más se le ocurrió esa estrategia, y ya ves el fruto infinito que dio. Ya sabes, no, poder, sabiduría y misericordia, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Y que la gloria sea para Dios.

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