Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Es tiempo de recuperar la conciencia del daño que sufren muchas personas, hoy es el día para pedirle a Dios que ellos tengan la experiencia de su tierno abrazo.

Homilía v022013a, predicada en 20211207, con 5 min. y 47 seg.

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Transcripción:

La ternura de Dios aparece potentemente en el Evangelio de hoy. Son las palabras de Cristo las que dicen esta frase que es de tanta fuerza y de tanto consuelo. Dios no quiere que se pierda ni uno solo de estos pequeños, ahí está la ternura de Dios. Fíjate ese lenguaje, que es el lenguaje típico, el lenguaje cariñoso, típico, de un papá, de una mamá, de un abuelito. Mis pequeños, mis niños, Dios no quiere que se pierda ni uno solo de estos pequeños. Que no se pierda. Entonces debemos tomar dos lecciones de esa frase de Cristo que es de tanta fuerza, repito, y que es de tanta consolación.

Primero, la necesidad de conocer y de experimentar el amor compasivo y tierno de Dios. Hoy tenemos muchas personas que están sufriendo de cuatro enfermedades, personas que están sufriendo de soledad y sienten que no le importan a nadie, personas que están sufriendo de ansiedad y sienten que los problemas, las preguntas de la vida, los rebasan y los mantienen como en una tensión permanente, personas que están sufriendo de tristeza, a veces en el grado de depresión, no le ven un propósito. Hace poco me decía un joven, no estoy encontrando razones para levantarme de mi cama por la mañana, no estoy encontrando razones para vivir el día.

Y tenemos también personas que se sienten excluidos porque encuentran una muralla de indiferencia por todas partes. Esas son enfermedades, enfermedades emocionales, psicológicas, mentales que no son menos reales que las enfermedades que afectan el cuerpo. Un cáncer puede destruir tu vida, pero una depresión también, un tumor puede acabar con tu vida, un accidente cerebrovascular, un ACV, puede acabar con tu vida o puede dañarla severamente. La ansiedad también puede hacerlo. Este es un buen tiempo precisamente por todo lo que hemos padecido, este es un buen tiempo para recuperar la conciencia de todo ese daño que muchas personas han sufrido. Muchas personas están sufriendo, y esas personas lo primero que necesitan antes que cualquier otra cosa, es la experiencia del tierno abrazo de Dios, la inmensa ternura de Dios.

Hace poco me decía una persona que ha sufrido mucho, mucho, en muchos campos económico, de salud, de familia. Una persona rechazada por el papá, por la mamá y en un momento en ese pozo de tristeza me decía lo único que quiere, lo único que quiero es alguien que me abrace y que me diga que todo va a estar bien. Hoy es un día para pedirle a Dios que muchas personas puedan sentir ese abrazo del Señor. Y también es un día para que nosotros, sí hemos conocido de ese amor, podamos dárselo a las otras personas. Pero un amor que sea como el de él, un amor que sea desinteresado, un amor que no es para satisfacernos a nosotros mismos, un amor que no es para darnos gusto, sino es un amor para sostener, para ayudar a sostener al otro. Eso es ser presencia del Señor en estos momentos para muchas vidas.

Y observemos lo que dice el Señor es que yo no quiero que ninguno se pierda. Dios cuando te creó, te creó con amor y te creó para un propósito. Cuando nosotros empezamos a descubrir ese amor y empezamos a descubrir ese propósito, todo cambia. ¿Sabes lo que vamos a hacer hoy? Hoy vamos a orar especialmente por las personas que no encuentran ese propósito, que no encuentran ese amor, por personas como aquella que me dijo lo único que yo quisiera en este momento es alguien que me abrazara muy fuerte y que me dijera todo va a estar bien. Alguien que me abrazara muy fuerte.

Señor Dios, ese es el abrazo que necesitamos, esa es la luz que necesitamos, ese es el regalo de amor que nuestro corazón esté esperando, de ti queremos recibirlo por pura misericordia, por la bondad que eres tú mismo. Amén.

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