Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

El Adviento, escuela para aprender lo que de verdad importa en la vida

Homilía v022012a, predicada en 20191210, con 11 min. y 3 seg.

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Transcripción:

Queridos hermanos, estos días finales del año son muy agradables para algunas personas y un poco difíciles o tristes para otras personas, agradables por los encuentros de familia y el cariño que se da y se recibe. Un poco tristes porque recordamos otros tiempos, otras navidades y es inevitable que también recordemos a las personas que han partido. Hoy, por ejemplo, recordamos con mucho amor a nuestro querido Aníbal. Una de las características de esta reflexión sobre el tiempo es que, lo va cambiando a uno y le va cambiando la manera de pensar. Cuando uno cree que tiene mucho tiempo en la vida, tal vez la palabra más importante es el logro, el éxito. Logré lo que quería, se logró el objetivo, se mejoró el margen de ganancia, pudimos crecer en la empresa, hemos solidificado nuestra situación. Son logros y son importantes y son bellos.

Pero repito, cuando el tiempo va pasando, uno también va relativizando algunos logros y es ahí donde uno necesita no solo conocimientos sino necesita otra palabra que es la palabra sabiduría. La sabiduría, uno de los dones preciosos que Dios le puede dar al ser humano. En el origen de la palabra sabiduría hay dos palabras que están conectadas la palabra saber, pero también la palabra sabor. Y la sabiduría, podríamos decir que es un saber con sabor. Sabiduría es lo que uno encuentra en los textos antiguos, muchas veces, si usted va a estudiar un tema de ciencia o de tecnología, a menos que usted sea un historiador, no le interesan las versiones anteriores. A estas alturas, a quién le puede interesar en el mundo de los computadores, ¿Cómo era el Windows tres punto uno? qué le va a interesar a uno eso, a menos que usted sea un historiador o alguien que está haciendo una investigación especializada.

Lo mismo vale para muchas otras cosas de ciencia, para teorías económicas y todo aquello. Pero cuando se trata de la vida humana, escuchar a los buenos poetas, a los buenos escritores, escuchar a los sabios, es un ejercicio interesante. Incluso aquí en Colombia hace rato se habla de esas reuniones de sabios, no hace mucho una comisión de sabios. Me parece que hay bastante sabios en Colombia porque las fotos mostraban bastante gente. La Comisión de sabios le entrega un documento al Poder Ejecutivo diciéndoles esto es lo que nosotros vemos. Pero yo quiero enfatizar en la diferencia entre el simple conocimiento y la sabiduría, porque a veces lo que se quiere incluso de un comité de sabios, es logros y resultados.

Pero la pregunta es, ¿Qué más es la vida, además de los logros? ¿Qué más es la vida? Entonces, por ejemplo, hay palabras que uno se encuentra en estos textos. Isaías vivió hace casi tres mil años, entonces, figúrese nosotros, utilizando esta tecnología y leyendo un señor de hace tres mil años, pero se aprenden cosas. Mire esta frase, por ejemplo, esto es del capítulo cuarenta del libro de Isaías. Toda carne es hierba y su belleza como flor campestre, se agosta la hierba, se marchita la flor, pero la palabra de nuestro Dios permanece para siempre.

Ahí nos está hablando, por ejemplo, de lo pasajeras que son algunas cosas. ¿Por qué esto le puede ayudar a uno?, Bueno, piense usted, por ejemplo, en una jovencita, para la jovencita es obviamente un logro, puede ser bonita, será atractiva, es normal, y eso es muy bello, ella quiere ser agradable, quiere ser bonita. Pero si esa mujer, además del logro de ser atractiva, lee al profeta Isaías. El profeta le está diciendo mira, toda carne es hierba, y su belleza como flor campestre, y la hierba se seca y la flor se marchita. ¿Qué le está enseñando a esa chica? Le está diciendo mire, no se quede solamente cultivando la perfección de un cutis o la flexibilidad de un cuerpo que sabe de gimnasios no se qué, solamente en eso, porque eso se le va a marchitar. Claro, cuando ella está muy jovencita y muy bonita, como suelen ser las niñas en esas edades, ella no piensa en eso, pero el Libro Santo le ayuda a decir, mire eso también es importante.

Entonces la Palabra de Dios, si uno se acerca a ella, si uno la lee, verdad le va dando unos pensamientos, no, como me impresiona ese texto que no es el de hoy del Evangelio en el que Cristo le habla a una persona que había tenido un gran logro, su gran logro había sido una gigantesca cosecha y era tan grande su cosecha que ni siquiera le cabía en los graneros que él tenía. Pero como persona inteligente, de inmediato dijo, no pues mire, con lo que yo gano aquí, hizo sumas y restas, dijo, voy a derribar los graneros que tengo, voy a hacer unos más grandes, voy a amontonar mi trigo, ahí tengo bienes para muchos años. Fíjate que ese es el caso de un gran éxito. Pero entonces Dios le habla, en esa parábola de Cristo, Dios le habla a ese hombre y le dice, si sabe que usted se va a morir esta noche. Y viene una pregunta, ¿Lo que usted ha amontonado, para quién será?.

Esa palabra no es una palabra amable, es una palabra un poquito antipática, pero esas palabras lo hacen pensar a uno, como decirle a una niña muy bonita tu piel también se va a arrugar, así Cristo le dice a ese hombre súper rico le dice, ¿Lo que has amontonado, para quién será? Y entonces uno se pregunta ¿Qué tipo de cosas resisten el paso del tiempo? Uno se pregunta ¿Cuando una persona se va, qué es lo que uno recuerda? Como tenemos muy buenos ejemplos para mí, consideré siempre un amigo personal al querido Aníbal, ¿Qué es lo que yo puedo recordar de una persona como Aníbal? hombre, su amabilidad, su sencillez, su humildad, su espíritu de fe, su deseo de colaborar. Y fíjese que ese tipo de cosas por las que uno recuerda a la gente que ama no suelen coincidir con los típicos logros del mundo.

Por ejemplo, uno recuerda a una persona porque fue eso, amable, humilde, servicial, creyente, disponible, colaboradora, pero a la hora de pensar simplemente en los éxitos, según el lenguaje del mundo, esa clase de cosas no registran mucho, no suben mucho. Si usted está haciendo selección de personal en su empresa, usted le va a dar una puntuación alta a una persona, porque usted ve que es súper humilde, súper colaboradora, disponible, tal vez sí, si es muy inteligente, tal vez no, entonces uno tiene que irse preguntando qué es lo que sí queda en la vida y uno tiene que preguntarse cuál es el rastro que uno va dejando en la vida. Por ejemplo, el Evangelio nos da una pista y con esto terminamos nuestra reflexión de hoy.

El Evangelio nos habla de la compasión, de la misericordia. Un pastor imagínese que es tan compasivo que si se le pierde una oveja, deja las noventa y nueve y se va a buscar la oveja perdida, es un pastor compasivo, sale a buscar a la oveja perdida. Esa no es una cualidad que registre demasiado alto en los índices del mundo. Pero cuando uno tiene una gran necesidad y uno se ha encontrado con una persona compasiva, eso no se le olvida a uno nunca. En cambio, la gente con la que uno hizo negocios, que hoy está y mañana no está, esa la olvida uno, porque mañana hago otro negocio mejor con otra persona y me va mejor. Pero en cambio, el compasivo, el que me socorrió en un momento dado, esa persona así se me queda.

Cuando yo llegué a Bogotá, después de hacer mi noviciado veintiuno o veintidós años, yo llegué con una hepatitis muy severa, venía aquí, pues, para continuar mi formación sacerdotal. A mí no se me olvida la amabilidad, el espíritu de servicio de unas religiosas que me ayudaron en una clínica aquí en Bogotá cuando yo llegué, no se me olvida eso. Y pregúnteme cuánta gente habré conocido yo y con cuántas personas, uno trata y uno tiene distintas transacciones. Pero hermanos, la gente con la que uno hace transacciones se le olvida porque usted siempre tiene una transacción mejor para hacer. En cambio, la persona que está ahí, por ejemplo, yo me acuerdo una de esas hermanas, ellas trabajaban en una clínica aquí, como dije. Ellas tenían su horario y esta hermana a veces llegaba más temprano del horario o llegaba después de su jornada laboral solamente para saludarme, ella sabía que yo era religioso, solamente para saludarme, para darme ánimo, para hacer una oración conmigo.

A mí eso no se me olvida, y mire, pasó hace treinta años, más de treinta años o por ahí esa cifra no se me olvida. Eso se le queda a uno, eso es lo que permanece. Que el ejemplo amable para mí tan grato de personas como Aníbal y que el ejemplo de la Palabra de Dios nos ayude a ser más humanos, más sencillos, a realmente ponerle fuerza y darle sentido a lo que permanece en esta tierra. Amén.

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