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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
De nosotros debe recibir más el que necesita más porque es la oveja perdida que el Señor ha salido a buscar.
Homilía v022011a, predicada en 20191210, con 5 min. y 42 seg. 
Transcripción:
Si estás viviendo un momento bajo en tu autoestima, un momento que podemos llamar depresivo o si una persona cerca de ti está en esa condición, es posible que esta reflexión de hoy sea para ti. El evangelio de este día en el tiempo precioso de Adviento, que es tiempo de esperanza, nos presenta a nuestro Señor Jesucristo como aquel buen Pastor que deja noventa y nueve ovejas para buscar a aquella que se le ha perdido. De esas ovejas y de ese pastor podemos aprender algo muy importante sobre cómo es el amor de Dios. Mis hermanos, yo no soy psicólogo, pero hay algo que he observado. Sí, hay una razón por la que muchas personas entran en profunda tristeza, soledad y depresión, es porque sienten que no valen, sienten que no valen tal vez porque han fracasado. Me decía con inmensa tristeza una señora, fracasé como mamá. Me decía con mucha tristeza un joven, me quedó grande la carrera. Me decía con un principio severo de depresión, un señor, he fallado a mi familia, he fallado a mi esposa, no di la talla. En estos ejemplos y en muchos otros que pudiéramos dar, lo que la gente siente es que no vale. Pero es ahí donde yo quiero que vayamos al Evangelio de hoy, y es ahí donde quiero que encontremos a este pastor que parece que le da más valor, más energía, más esfuerzo de su parte, más tiempo, más de su precioso tiempo, le da a aquella oveja extraviada. A ella le da más tiempo, más atención, porque necesita más, esa parece ser la lógica de Dios, que debe recibir más el que necesita más. Cuando se trata de misericordia, cuando se trata de el amor, hay que dar más amor a quien más lo necesita, no al que más lo merece, no al que más lo tiene, no al que más lo agradece, no al que mejor lo paga. Es en este punto, sobre todo donde yo siento que muchas palabras del Papa Francisco tenemos que oírlas con verdadera atención. Su insistencia, que a mí me ha dicho tanto, su insistencia en que seamos iglesia en salida, su insistencia en que no nos quedemos en la comodidad del centro, sino que vayamos a las periferias, tiene que ver con el Evangelio de hoy, porque es que las ovejas que están en el centro están seguras hasta cierto punto. El riesgo está en las ovejas que se van a las periferias, a las montañas llenas de peligros por abismos, espinas y animales predadores. Por eso hay una enseñanza para nosotros aquí, una enseñanza que todo papá y toda mamá me lo va a entender inmediatamente. Una mamá a quien le da más tiempo, al hijo que está en cama con fiebre o al hijo que está feliz en buena salud, jugando su partido de fútbol. Ambos son hijos, ambos son amados, pero toda mamá le dará más tiempo al que está en mayor necesidad. Y de aquí sacamos dos breves enseñanzas para nosotros. La primera, por supuesto es, que nosotros en la medida en que somos muchas veces ignorantes, pecadores, incoherentes, ovejas perdidas, tenemos derecho a aplicar este Evangelio a nuestra vida. Tenemos derecho de decirle al Señor yo soy, yo soy esa oveja que tú saliste a buscar en el Evangelio, búscame, búscame, encuéntrame, porque yo mismo no sé cómo encontrarte, Señor. Esa es una manera de aplicar este texto. La otra manera es que en nuestro servicio a la Iglesia y a la sociedad, ya sabemos quiénes, por decirlo de alguna manera, son los preferidos del Señor. Y eso tiene que marcarse en nuestras opciones pastorales, en nuestra manera de predicar, en nuestra oración de intercesión. Venga el Espíritu de Dios y haga su obra grande en nosotros. Amén.

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