|
|

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
(1) Dios ama a cada uno la particularidad de su historia y de su ser. (2) En Comunidad, estamos llamados a cuidar del hermano, de modo que no pierda el camino. (3) Sin olvidar nuestro centro en la Comunidad, somos llamados a salir de nosotros mismos e ir a las "periferias." (4) El crecimiento espiritual en cierto sentido se puede medir a partir de la configuración con los sentimientos de Cristo: que me alegre lo que a Él le alegra; que me preocupe lo que le preocupa, y así sucesivamente. (5) La evangelización no es "conquista" desde el poder sino llamado desde aquel amor que no excluye la ternura.
Homilía v022009a, predicada en 20171212, con 25 min. y 2 seg. 
Transcripción:
Queridos hermanos, por medio de comparaciones muy sencillas, Jesucristo nos enseña verdades muy profundas; para los que tenemos poca experiencia del campo. Un texto como el de hoy nos impacta profundamente. Porque para una persona como este servidor, todas las ovejas son más o menos iguales. Y por ahí empieza el mensaje bello que nos da Cristo hoy, conoce a cada una, conoce cada oveja. Por supuesto, el Señor no nos está hablando de estos animalitos, nos está hablando de nosotros. Conoce las sinuosidades, las particularidades, los detalles, los rasgos precisos de tu vida y de mi vida, a cada una la llama por su nombre. Esta característica del amor divino, que como alguien dijo, no nos ama en serie, sino en serio. Esta característica, digo, tiene su expresión positiva en otro texto de la Escritura, uno que hemos mencionado estos días del capítulo segundo de la Carta a los Gálatas. Una de esas ovejas rescatadas, es decir, el apóstol San Pablo, se regocija y exclama: Me amó y se entregó por mí. Este es el caso, de una persona que se ha sabido amada, de un modo personal y directo. Y creo que esa es la primera enseñanza que debemos asumir, la primera de la que debemos apropiarnos hoy, me ama en la singularidad, en la peculiaridad, en la irrepetibilidad de mi vida. Dios no mira simplemente el bulto, Dios mira el detalle y conoce a cada uno en su historia peculiar. Por eso el pastor que aparece en el texto de hoy, capítulo dieciocho de San Mateo, se da cuenta cuando le falta uno. A veces nos falta ese nivel de detalle y de acogida. Una verdadera comunidad cristiana debe ser tal que cuando uno falte, se note que ha pasado, aquí hay uno que falta, no solo si falta físicamente, si falta su sonrisa, si falta su alegría, si falta su alabanza. Esto se parece mucho al amor que suelen tener las mamás. La mamá no quiere únicamente que esté el bulto ahí, por ejemplo, cenando o comiendo o durmiendo, puede ser que esté el hijo, que esté la hija, pero dice, algo le falta, esa no es su cara, esa no es su sonrisa, esa no es su manera de mirar. Estamos llamados a recibir un amor, que nos acoge de ese modo tan particular y estamos llamados a amar de esa manera también particular en nuestra comunidad. ¿Por qué perdemos gente a veces en nuestra Iglesia católica? Porque se nos olvida esto. Entonces alguno se da de baja de la misa del domingo y nadie lo nota. Son tan grandes las iglesias, a veces tan anónimas, que si uno no vuelve, nadie lo nota, que si uno se enferma nadie se da cuenta, que si uno está triste parece que a nadie le importa. Entonces, en realidad esta enseñanza son dos. Primera, sabernos acogidos y amados de esa manera y segunda a imagen de Cristo también amar de ese modo, a quien echas de menos. No, no te guíes por promedios, los promedios no son de Dios, los promedios son de los sistemas de poder. El que quiere controlarlo todo en esta tierra desde arriba dice, bueno, ha sido un año bueno, vendimos un poco mejor que el año pasado y a base de estadísticas y promedios se defienden las empresas y los gobiernos, Dios no, Dios no funciona con el promedio. Que echo de menos tu sonrisa, es que la semana pasada me estabas cantando, y esta semana no me has querido cantar, ese es Dios. Echo de menos tu canto, tú aplaudías con júbilo y me decías hace un par de meses, te noto apagado, echo de menos eso que tú eres conmigo, esa historia que estoy construyendo contigo. Sigue el texto, deja las noventa y nueve en el monte, y va en busca de la pérdida. Yo creo que a todos nos gusta hacer la pérdida, en ese sentido de sabernos amados y encontrados por él. Pero también hay que saber que a veces somos noventa y nueve. A veces es necesario sentir que las prioridades y los intereses están en otras personas y en otras partes, no podemos ser como el celoso hermano mayor de la parábola del hijo pródigo, no podemos ser así. También en las familias pasa eso a veces, cuando en una casa, han tenido un niño y ya ese tiene unos cuantos añitos, cuando llega el hermano se dan celos, porque ahora tengo que compartir a mi papá con ese, tengo que compartir a mi mamá con ese o con esa, a veces hay celos. Entender que somos amados de un modo personal y también entender, que hay prioridades en la Iglesia. Esto es lo que el Papa Francisco llama salir de nosotros mismos, es lo que llama Iglesia en salida. Es hacernos siempre la pregunta ¿Y los que no?, ¿Y los que no conocen?, ¿Y los que no han oído?, ¿Y los que no están?, Entonces fíjate que ser de las noventa y nueve es entender esto, que no podemos convertirnos en comunidades quizás muy bonitas, pero demasiado centradas en sí mismas. Cuando yo veo algunos asientos vacíos, gracias a Dios hoy no son muchos, pero cuando veo asientos vacíos siempre pienso eso, ¿Quién debería estar ahí?, ¿Y los que no?, ¿Y los que se fueron?, ¿Y los que se cansaron?, ¿Y los que están escandalizados?, ¿Y los que están aburridos?, ¿Y los que están desconsolados?, ¿Y los que están decepcionados? Entonces, ser de las noventa y nueve es entender que la prioridad del pastor. Otra vez vuelvo a la comparación de la mamá tiene que estar con el hijo más enfermo, si yo estoy en buena salud, y mi madre le dedica muchas horas a mi hermanito, porque tiene una fiebre alta, pues yo debo entender que es prioridad en ese momento a él. Entonces ahí también hay una enseñanza para nosotros, recordar que sin abandonar el cariño, el calorcillo de la comunidad, que es tan necesario, sobre todo en el invierno de fe, que a veces vamos atravesando por estos países, sin abandonar y sin descuidar el calor de la comunidad. Tenemos que tener el corazón donde lo tiene nuestro pastor, y ese corazón está donde en los que no, en los que se fueron, en los que se cansaron, en los que se distrajeron, en los que apostataron, en los que no han conocido. La expresión que utiliza nuestro Papa Francisco para referirse a todas estas personas es la expresión periferias, no, nos quedemos solo en el centro, el centro hay que cuidarlo, el centro es la comunidad. La comunidad hay que cuidarla y tenemos que darnos amor y atención y ver, repito, no solo si está el bulto, sino ver cómo está mi hermano, pero hay que también saber salir. Pregunta importante para toda comunidad cristiana, ¿Cuáles son nuestras obras en salida? Toda comunidad tiene que tener alguna obra de evangelización que vaya al riesgo, que vaya más allá, que nos saque de lo que hoy se llama la zona de confort, porque a veces uno se queda en la zona de confort. Hay que salir un poquillo también al frío, hay que salir al frío, hay que salir a enfrentar, que me hagan la mala cara, que me digan que esas groserías, quizás insultos, quizás me va a tocar soportar el látigo de unas cuantas blasfemias, porque la gente a veces se pone así. Pero como comunidad tenemos que preguntarnos ¿Dónde está nuestra misión hacia afuera? No podemos quejarnos con el pastor, no podemos volvernos gravosos con el pastor y estarle reclamando, como el niño pequeño, que le jala y le jala la falda, la mamá quédate aquí, quédate aquí, la mamá le dice que tengo que ir donde tu hermanito, que está con fiebre, tiene temperatura, debo irme para allá, no, este no quiere soltar a la mamá, nosotros no podemos ser de esos. Así que voy contabilizando, ya me conocéis, con estas listas y enumeraciones voy contabilizando. Primera enseñanza, Dios me ama en la peculiaridad, en la particularidad de lo que yo soy. Segundo, en mi comunidad estoy llamado a amar así, y a estar atentos unos de otros. No se nos puede olvidar que el lema de Caín, el homicida es, ¿Soy yo acaso guardián de mi hermano? Ese es el lema de todo homicida, es decir, el lema de Caín es, no me pidas que atienda a nadie, no me pidas que le preste atención a nadie, ese es el lema de Caín. Pero es un lema homicida. Nosotros, al contrario, como bien nos dice el Papa San Juan Pablo dos en Veritatis Splendor, nosotros estamos llamados a ser custodios, acompañantes de nuestros hermanos, esa es la segunda enseñanza. La tercera Iglesia en salida, Iglesia que mira más allá de sí misma. Por favor, preguntarse la comunidad es un discernimiento que tendréis que hacer vosotros, nosotros en nuestra realidad, ¿Qué podemos hacer?, ¿Qué podemos hacer para para ir a otros a los que no? Algo habrá que hacer, algo habrá que inventarse, a que yo no puedo ir a la India, no puedo ir a Vietnam a evangelizar, tal vez no puedo ir allá, pero tal vez si puedo ir a Jumilla o puedo ir a otra parte y puedo dar un testimonio, o tal vez puedo ir, puedo cruzar la calle y puedo hablar con el que nadie habla, bueno, ya el Espíritu dirá que hay que hacer. Seguimos en esta meditación, dice Jesús ¿Y si la encuentra a esa que se había perdido? Os aseguro que se alegra más por ella que por las noventa y nueve. ¿Dónde está la alegría de Dios? En la conquista de nuevos corazones. Nos enseña Santo Tomás de Aquino mayor obra es la conversión de un pecador, que si Dios creara un universo nuevo. Si Dios hiciera otro universo como este que conocemos con todas sus estrellas, galaxias quasars y agujeros negros, si Dios creara otro universo, esa obra sería más pequeña que lo que sucede cuando el que estaba alejado le dice al Seño, pues yo te acepto como mi Señor y mi Salvador, ahí está la alegría de Dios. ¿Quieres ver sonreír a Jesús? Dale almas. ¿Quieres ver alegrarse al Padre Celestial? Dale almas. ¿Quieres colmar de júbilo al Espíritu de Dios? Ese espíritu que a ti te da el júbilo, dale almas, entonces ahí está la alegría del Señor. Y señal de que estamos con Dios es que nos alegramos de lo que a Él le alegra, sí, esta es la alegría de Dios, esta de ser también nuestra alegría, corazones conquistados. Estos días, a raíz de unas cosas que me han pasado que no vienen ahora al caso, he estado meditando mucho en eso de la alegría y la frase que me da y me da vueltas en la cabecita es, a una persona se le conoce por sus alegrías. ¿A ti qué te alegra? entonces ¿Al codicioso qué le alegra? Van a aumentar mis ganancias, tendré ingresos como nunca. ¿Qué te alegra?, ¿Cuáles son tus alegrías? Haz una pequeña lista, haz una rápida lista de tus alegrías, enumera mientras voy hablando. Enumera en tu cabeza tres, cuatro o cinco cosas que tú dices, esto me alegra, esto me llena, esto me gusta, esto me acelera el pulso, esto esto es gozo. ¿Cuáles son esas alegrías? Bueno, resulta que a Dios lo que le alegran son esos corazones recuperados, esos corazones convertidos. Entonces podremos medir nuestra estatura espiritual de esa manera muy sencilla. Si mis alegrías coinciden con las del Señor, si mis tristezas coinciden con las del Señor, puedo decir que ahí va el crecimiento. ¿Dónde dice la Escritura esto? En el capítulo segundo de la Carta a los Filipenses. Ahí leemos al comienzo de ese capítulo segundo, la recomendación que Pablo hace a esa comunidad, palabras textuales: Tened entre vosotros los mismos sentimientos de Cristo. ¿Cómo se mide el crecimiento espiritual? Crecimiento espiritual se mide por esa frase, Si me alegra lo que a Dios le alegra, sí me preocupa lo que a él le preocupa, sí me duele lo que a él le duele, si yo lloro con sus propias lágrimas. Así se mide, así es como se mide, el crecimiento espiritual, no se mide por milagros. Como bien decía por ahí otro predicador, la Biblia cuenta que los apóstoles fueron a misión y volvieron felices. Y no dice y volvieron todos contentos, menos Judas, que no hizo ningún milagro, lo cual da escalofrío. Judas seguramente hizo milagros, seguramente el Iscariote. Entonces la perfección espiritual no se mide por milagros, ni por otro tipo de baremos. La perfección espiritual se mide por esto, que me alegre lo que a Dios le alegra. Es una medida muy alta, porque luego hay que pasarla por todas las intrincadas y múltiples relaciones que uno tiene. Imagínate, por ejemplo, una esposa cristiana, aquí tenemos varios matrimonios, imagínate una esposa que sea tan cristiana, tan cristiana, tan de Cristo quiero decir yo, que su mayor alegría, que su mayor alegría sea ver ese crecimiento, ese sí del esposo, de los hijos hacia Dios. Esa tiene que ser una persona de un nivel espiritual muy alto, porque usualmente en las relaciones de afecto lo que más nos alegra es, veo cómo me quiere, veo cómo me atiende, veo cómo detalles tiene conmigo. Entonces, fíjate, uno se centra muy fácilmente, uno se centra en uno mismo. Pero el verdadero crecimiento de aquella esposa ha de estar en eso. ¿Cómo están mis hijos?, ¿Cómo está mi esposo? Lo cual no significa que lo otro no nos alegre, por supuesto que a todos nos gusta que nos quieran, que nos digan cosas bonitas, a quién no le gusta, pero el crecimiento, crecimiento se mide por eso. Lo mismo vuestro Padre del cielo no quiere que se pierda ni uno de estos pequeños. Lo que me sorprende de esa última frase con la que terminamos, es la expresión de ternura que está al final. Antes no había dicho nada que tuviera que ver con pequeños, pero se le sale, al final a Cristo se le sale esa palabrita de ternura. A pesar de que Cristo es tan compasivo en las palabras de Cristo no hay muchas expresiones de ese cariño expresó. Por eso, como oyente y lector de la Palabra, me fascina como capturar esos momentos, esos momentos en que a Jesús como que lo desborda la ternura. Así, por ejemplo, en la Última Cena hablando con los apóstoles, según cuenta el Evangelio según San Juan, se le salió la ternura a Cristo, tenía ya su grupo de apóstoles y les soltó esta palabra que aparece una sola vez en la boca de Jesús hijitos, lo dice una sola vez. Se ve que lo desbordó la ternura, viendo a esos ahí, viéndolos tan frágiles, tan necesitados y al mismo tiempo tan necesarios según el querer del Padre, se le sale a Cristo esa ternura, hijitos, les dice. Lo mismo aparece aquí, no quiere que se pierda ni uno de estos pequeños. Ese es otro mensaje que con alguna frecuencia da el Papa Francisco la necesidad de ese grado de ternura. No se puede evangelizar sin este grado de compasión, de cariño. La mirada que he de tener, no es simplemente la mirada del que ofrece un producto multinivel o el que está ganando adeptos, o el que está llenando estadísticas, o el que quiere otro más para su lista y decir todos estos los conseguí yo. No es la mirada de un conquistador en ese sentido, es la mirada de un médico, es la mirada de un amigo, es la mirada de un papá. Para evangelizar hay que tener ese corazón, el corazón que mira al que está extraviado y lo mira así como un pequeñito, como un pequeñuelo que en el fondo más es el daño que se hace, que el daño que hace. Si no tenemos ese corazón, la evangelización se nos convierte simplemente en cifras. Y volvemos otra vez a las cifras, volvemos a las estadísticas, son los pequeñitos, son los pequeñuelos, entonces es el mensaje de la ternura. Repasemos un poco las enseñanzas que hemos querido espigar en este texto. Primero, Dios conoce el detalle de mi vida y me ama así, y cada uno a repetir en su corazón me amó y se entregó por mí. Segundo, la comunidad ha de protegerse cultivando ese mismo nivel de amor. Cuidado, cuidado con descuidar a alguien. Debe encenderse una alarma roja cada vez que descuidamos a alguien, porque cada uno es precioso. Tercero, sin descuidar la comunidad, hay que aprender a mirar más allá. Hay que aprender a salir de nosotros mismos y por eso la comunidad debe hacerse una pregunta. ¿Oye y nuestra misión hacia afuera, de aquello qué?, ¿Dónde está nuestra misión hacia afuera?. Cuarto, la alegría y la necesidad de estar en comunión con los sentimientos de nuestro amado Señor Jesucristo. Y quinto, que en tu evangelización no vaya a faltar el cariño, más que otras cosas que pueden venir. También a veces uno siente rabia, decepción, dolor, porque lo maltratan, porque lo insultan, pero por encima de eso, que nuestro cariño sea más grande que los insultos, que nuestra ternura sea más grande que las apostasías o los rechazos de los demás. Solo así podremos ir ganando gente, un corazón a la vez, un corazón a la vez, paso a paso. Y cada uno de ellos es sonrisa de Cristo y es gozo del Padre.

Derechos Reservados © 1997-2025
La reproduccion de estos textos y archivos de audio, para uso privado o publico, está permitida, aunque solamente sin fines de lucro y citando la fuente: http://fraynelson.com/.
|