Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Demos gracias a Dios por la acción del Espíritu Santo y acerquémonos a Él que no tiene ninguna dificultad de mostrarnos toda su dulzura.

Homilía v022008a, predicada en 2011206, con 5 min. y 35 seg.

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Transcripción:

La primera lectura de hoy está tomada del capítulo número cuarenta del profeta Isaías. Es el comienzo de lo que muchos exégetas llaman el segundo Isaías, algo así como la segunda parte de esa magna obra. Todo indica que hubo un hombre, un gran profeta de talento absolutamente singular llamado Isaías, y que esté él profeta, por decirlo de alguna manera, y su escuela, su manera de describir el poder, la providencia, el reino de Dios, caló profundamente en el corazón del pueblo elegido, y esto hizo que algunas generaciones después, en la misma línea de esa escuela maravillosa que había creado el profeta Isaías, siguiera escribiéndose, usando incluso su propio nombre.

Hay que tener en cuenta que para la gente antigua, no había el sentido de propiedad intelectual que nosotros tenemos hoy. Muchas de estas predicaciones, la inmensa mayoría, se publican en YouTube y nos damos cuenta que ese sitio de internet tiene unas políticas sumamente estrictas con el tema de los derechos de autor. Si, por ejemplo, yo pongo como música de fondo algo que no es mío, algo que tiene derechos de autor, pues resulta que me pueden demandar y me pueden complicar bastante la vida, hasta el punto de que el canal mismo que yo tengo en YouTube se puede ver suspendido porque he infringido una ley de propiedad intelectual.

Los antiguos no veían las cosas así, para los antiguos, muchas veces utilizar el mismo nombre de una persona era como prolongar, exaltar y engrandecer su fama. De modo que no nos debe extrañar que una misma obra llamada el profeta Isaías, contenga mensajes que claramente pertenecen a distintas épocas y que posiblemente, como he dicho, fueron escritos por personas que pertenecían a una misma secuencia, a una misma escuela, a un mismo estilo y que sin embargo no eran exactamente la misma persona. Porque el profeta Isaías, que indudablemente fue una persona que existió, no estaba afanado, registrando como propiedad intelectual sus oráculos para que no me los quiten, o como sucede muchas veces en YouTube, para no perder los centavos o los céntimos de ingreso, que eso me puede representar.

Esta es una aclaración general que yo creo que es útil, porque resulta que el capítulo cuarenta de Isaías, de donde se tomó la primera lectura de hoy, repito, es un capítulo que está dirigido a la época posterior al destierro, y uno se da cuenta que Isaías, el personaje como tal, pues debió de vivir bastante tiempo antes. Así que existe la posibilidad y no nos debe escandalizar. Existe la posibilidad de que en la misma línea, y podríamos decir, como con la misma inspiración de este grandioso profeta, más adelante algunos escritores engrandecieran su fama utilizando también su nombre, y siendo también reconocidos por el pueblo de Dios como realmente inspirados.

De hecho, ese texto de hoy es de lo más bello que hay en la Biblia entera, es un mensaje de consuelo, es un mensaje de ternura, es un mensaje de dulzura para todos los que andan diciendo que el Dios del Antiguo Testamento solo sabía de venganza, de ira, de anatema y de destrucción. Qué importante abre la Biblia, abre el capítulo cuarenta de Isaías, déjate conmover, déjate conmover por estas palabras, déjate conmover por este Dios que le habla a tu corazón. Habladle al corazón de Jerusalén y decidle que ya ha pagado doble por todos sus pecados. Es un Dios que por una parte tiene que corregirnos, pero como padre amoroso casi podríamos decir, es una metáfora que le duele más a él cada una de las correcciones que tiene que hacernos.

Porque claro, en esas correcciones, pues también hay un dolor de nuestra parte, y este es el Dios que no quisiera que sufriéramos nunca, pero que sin embargo, por nuestro bien, tiene que hacerlo, ese es un mensaje precioso, es una inspiración sublime y eso pertenece a la gran corriente de amor y de espíritu que Dios le concedió a este hombre, al profeta Isaías. ¿Qué queda para nosotros?, Dar gracias a Dios por esta acción del Espíritu, entender que la propiedad intelectual funcionaba de otra manera, en aquella época no estaban obsesionados como nosotros, pero sobre todo acercarnos al Dios que no tiene ninguna dificultad en mostrar toda su ternura. A él la gloria y la alabanza por los siglos. Amén.

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