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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
El Adviento nos educa en la esperanza y en el asombro
Homilía v021017a, predicada en 20241209, con 9 min. y 58 seg. 
Transcripción:
Hermanos, compartamos algunos puntos de meditación a partir de las lecturas que nos propone la Iglesia. Primero, es bueno recordar, la dinámica que tiene la liturgia de la Palabra en Adviento, especialmente en las ferias de Adviento. La primera lectura, típicamente es tomada del profeta Isaías y está en tiempo futuro. Lo que Dios va a hacer. Así, por ejemplo, el día de hoy, hay una serie de verbos que están en tiempo futuro. Habrá un camino recto. Lo llamarán vía sacra. El desierto se regocijará. Esto es muy propio de una gran cantidad de oráculos de Isaías. Primera lectura, Isaías, mirando hacia el futuro, anunciando la intervención de Dios. Luego el Evangelio, muestra cómo en Cristo se cumple lo que fue prometido. Decía Isaías, que viene Dios y que Dios va a sanar. El Evangelio nos presenta a Cristo sanando.
Otro ejemplo, Isaías, nos habla en otro día litúrgico. Nos habla de cómo Dios va a ser un banquete y en el Evangelio aparece Cristo multiplicando los panes. Esta es la dinámica principal de la liturgia de la Palabra en el Adviento. Podemos decir, que es una dinámica promesa, cumplimiento o más sencillo, promesa cumplida. Dios promete, es lo que sobresale en las palabras de Isaías. Dios cumple en la persona de Cristo. De esa manera, con esos textos de la Escritura, la Iglesia va infundiendo en nosotros un sentimiento de confianza y de esperanza. Uno puede fiarse de Dios porque Dios promete y Dios cumple. Luego eso, nos lleva a escuchar otras promesas suyas. Por ejemplo, aquello que Él dice Yo estaré con ustedes todos los días hasta el fin del mundo. Eso lo ha dicho el Señor. Y como nuestro Dios es un Dios que cumple, sabemos que Él está y estará todos los días hasta el fin del mundo, incluyendo los días malos, los días tristes, los días de persecución, los días de confusión, los días de tentación. Él estará porque Él dijo que iba a estar. Y la Palabra de Dios es una palabra de la cual podemos fiarnos. En ese sentido, el Adviento es un tiempo de educación en la esperanza, de educación en la confianza. En el oráculo de Isaías del día de hoy, hay un rasgo adicional, viene el Señor en persona. Esta es una novedad en el Antiguo Testamento, para nosotros que conocemos, por así decirlo, el desenlace de toda esa expectativa. Para nosotros, en cierto sentido no es sorpresa. Pero si lo pensamos desde la perspectiva del Antiguo Testamento, es una maravilla, porque en el Antiguo Testamento la salvación llegaba, ciertamente llegaba, pero llegaba mediada, mediada por Moisés, mediada por los profetas, mediada en algún caso por los reyes. Incluso, como se dio al final del destierro. La salvación llega mediada por un rey pagano. Es el caso de Ciro de Persia. La salvación llega a través de otros.
Isaías anuncia algo inédito en aquel tiempo inaudito. Viene nuestro Dios en persona. Por supuesto que Cristo, en cuanto su humanidad también es mediación. Pero aquí nos enseña Santo Tomás de Aquino que no es cualquier mediación. Porque Cristo en su humanidad, tiene ese Cuerpo Santísimo Purísimo, el cual describe Santo Tomás como instrumento unido a la Divinidad. Esto no podía decirse de los demás mediadores. No podía decirse de los profetas que muchas veces trataron de rehuir su misión. O se encontraron con un límite en su fe. Grandes hombres. Pero de ellos no se puede decir que eran instrumentos unidos a la divinidad. Entonces, viene nuestro Señor y viene en persona. Esta inmediatez de la Presencia divina, anuncia la perfección de la obra que solamente Él puede realizar. Es la idea que luego desarrolla la carta a los Hebreos. El sacerdocio de Cristo es perfecto. No se repite, no necesita reemplazos ni renovaciones. Por supuesto, es ese el sacerdocio que nosotros experimentamos en los sacramentos. Por eso, mi frase favorita de San León Magno, propia de la Navidad y del Adviento. Lo que era visible en Cristo ha pasado a los sacramentos. De tal modo que así como el cuerpo de Cristo era mediación, pero no una mediación que pone distancia porque es un instrumento perfecto de la divinidad. Así, los sacramentos son mediación, pero no una mediación que pone distancia, porque en los sacramentos está al mismo tiempo el símbolo y la realidad. Símbolo y realidad. Donde más se nota, por supuesto, es en la Eucaristía, que permanece como símbolo en las especies, pero que es real en la eficacia, en el fruto propio que tiene, que es la unión con Dios.
Terminamos pidiéndole al Señor, que nos regale un poquito o mucho mejor de eso, con lo que concluye el Evangelio de hoy. Viendo la salvación que llega plena en persona. El asombro se apoderó de todos y daban gloria a Dios. Que no perdamos el asombro singularmente ante los sacramentos, que como hemos dicho, son la presencia mediada pero perfecta. El asombro se apoderó de todos y decían hoy hemos visto maravillas. Que salgamos del templo, después de nuestra Celebración Eucarística o que salgamos del sacramento de la Confesión. Este es un muy buen tiempo para confesarse. Que salgamos del sacramento diciendo: Hoy hemos visto maravillas.

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