Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Tu fe puede liberar a otros, es activa y recuerda que para Jesús la peor parálisis es el pecado. El tamaño de la fe a igual que el tamaño del amor se nota en los obstáculos que vence.

Homilía v021016a, predicada en 20231211, con 6 min. y 48 seg.

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Transcripción:

Hay tres hermosas lecciones que podemos tomar del Evangelio de hoy. La primera, que tu fe puede liberar a otros. La segunda, que la auténtica fe es activa. Y la tercera, que la peor parálisis es el pecado. Veamos cómo todo esto se cumple en el Evangelio que hemos oído. Tenemos a un hombre paralítico. Pero este es un hombre que tiene amigos y esto marca toda la diferencia. Tiene amigos. Amigos que lo quieren bien. Amigos que quieren llevarlo donde Jesús. Amigos que buscan su bien. Estos amigos son creyentes. Por eso van donde Jesús. Porque saben que Jesús puede hacer algo y se nota que tenían auténtica fe, porque es una fe que vence obstáculos. El tamaño de la fe, lo mismo que el tamaño del amor, se nota en los obstáculos que vencen. El amor que no vence obstáculos no es amor. La fe que no vence obstáculos o no es fe o es una fe muerta. Ellos tenían fe, tenían un amor genuino por su amigo paralítico y tenían fe. Lo mostraron venciendo obstáculos. Es una buena pregunta que debemos hacernos. ¿Qué obstáculos vence nuestra fe? A veces uno escucha como sacerdote. A veces uno escucha en el sacramento de la confesión, gente que dice, fuimos a un paseo y no pude ir a Misa. ¿Por qué no pudiste ir a Misa? Porque es que la Iglesia quedaba un poco retirada. Es decir, esa distancia, fue suficiente obstáculo para que no fueran a Misa. Pesó más la incomodidad de tener que hacer tal vez una caminata más larga. Eso pesó más, que el infinito valor de la Eucaristía.

Hace poco salió en las noticias y me parece tan lleno de ternura esto, el caso de un chico en Argentina, que había hecho toda su preparación para recibir el sacramento de la Confirmación. Pero cuando llegó el momento, cuando llegó el día, había un problema, no había transporte desde la casa hasta la Iglesia donde iba a recibir su confirmación. Eran once kilómetros, había llovido mucho, la zona completamente empantanada, porque una cosa es caminar once kilómetros y otra cosa es caminar once kilómetros en el barro. Pues este chico, Dios lo bendiga a él y a su familia y a su padrino de confirmación. Este chico mostró su fe. Y este chico mostró su amor. ¿Y cómo lo mostró? Caminando once kilómetros en el barro. No sé cuántas horas. Si me dices, pueden ser tres, o yo no sé si más horas lo que se haya tardado. La fe vence obstáculos. Si a tu fe, la frena, si a la expresión de tu fe, si al compartir de tu fe, lo frena que te hicieron una burla, te hicieron una mala cara y eso te frenó, ese es el tamaño de tu fe, esa es la fe que tienes, no tienes más. No inventes porque no tienes más.

Entonces, llevamos dos elementos. Primero, como este hombre tiene amigos y si nosotros somos creyentes y tenemos amigos. Mira, tu fe puede ayudar a tus amigos, pero segundo, hay que vencer obstáculos. Y tercero, ya en el hecho mismo, cuando han bajado a este paralítico frente a Cristo, observa que Cristo lo primero que le dice es tus pecados te son perdonados. Eso es lo primero que le dice. ¿No es admirable? Porque lo que estaba mostrando con esa expresión es que, la peor de las parálisis es el pecado. A Cristo le pareció más grave, más doloroso, le pareció peor cadena la del pecado que la de la misma parálisis. Eso le pareció, peor cadena.

Y yo creo que esto nos dice mucho de lo que tiene que ser la labor de la Iglesia. Porque, hay algunos que miran en nuestro tiempo la labor de la Iglesia, sobre todo en el plano puramente humano, que ayude a los migrantes, que ayude los problemas de la justicia, que ayuden los problemas ecológicos. Pero es que yo puedo trabajar en cualquiera de esas cosas sin fe. No es que esté mal trabajar en eso, sino que la fe no es requisito para trabajar en nada de eso. Y mientras tanto, ¿Quién se preocupa por el daño del pecado? ¿Quién se preocupa porque los corazones no conocen a su Creador? ¿Quién se preocupa por la dureza con que muchas veces le damos la espalda al amor de Dios? Para Cristo la peor parálisis es el pecado, y con esto Cristo nos está mostrando sus prioridades, que indudablemente deben ser nuestras prioridades. Que Dios te bendiga, y que a ti y a mí y a todos nos dé una auténtica fe. Una fe activa por el amor. Amén.

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