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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
La conversión y el llamado a la fe requieren de admiración y los que creemos en Cristo estamos llamados a ser admirables, a ser luz. Jesús nos llama para que brillen nuestras buenas obras y así darle la gloria al Padre del Cielo.
Homilía v021015a, predicada en 20221205, con 6 min. y 15 seg. 
Transcripción:
Después de que Cristo hizo uno de esos milagros suyos, absolutamente impactantes, impresionantes, concretamente la curación instantánea de un paralítico. La gente comentaba: Hoy hemos visto cosas admirables. Cosas admirables. A medida que pasa el tiempo, voy viendo la importancia que tiene la admiración. Sin la admiración uno no tiene ruta en la vida, porque las personas que tú admiras de alguna manera son el camino que tú vas a seguir. De ahí, dicho sea entre paréntesis, el peligro de que la gente esté admirando, por ejemplo, a un cantante vulgar o una actriz de pornografía. El peligro de estar admirando a una persona llena de vulgaridad o llena de obscenidad o a un tramposo. Piensa lo que sucede en algunos países donde se les hacen cantos y cantos a los narcotraficantes. Eso es admiración para el mal. Y recuerda, la admiración es la que te da la ruta en la vida.
Pero dice el Evangelio de hoy que la gente quedó fascinada con el milagro de Cristo. Hoy hemos visto cosas admirables. Y pudieron admirar a Cristo. Admirar a Cristo. ¡Qué cosa tan bella! ¡Qué cosa tan impresionante! ¡Qué cosa tan importante! Admirar a Jesucristo. Eso despierta la fe. Por solo recordarte otro pasaje bíblico. ¿Te acuerdas de la pesca milagrosa? ¿Te acuerdas de la reacción de San Pedro? Pedro era experto pescador, pero Pedro había tenido una noche de fracaso y llega a Cristo y se sube a la barca de Pedro. Y Cristo conduce la barca mar adentro. Es decir, le dice a Pedro, llevala a mar adentro. ¿Y entonces, qué sucede? Sucede ese milagro. Un milagro impresionante, un milagro que sobrepasa todas las expectativas del apóstol Pedro. ¿Y qué hace Pedro? Se postra ante Cristo y reconoce su pecado. Soy un pecador. O sea, que la conversión y el despertar de la fe, sabiendose que la fe siempre es un regalo. La conversión y el llamado a la fe requieren de admiración. Se requiere admiración, es indispensable.
Entonces, óyeme esto, nosotros los que creemos en Cristo, estamos llamados a ser admirables, estamos llamados a ser como Él mismo nos llamó luz, sal. Cristo, nos llama para que seamos como esa ciudad puesta en lo alto de un monte, que no se debe ocultar. Para que brillen así nuestras buenas obras y la gente de gloria al Padre del cielo. Estamos llamados a ser admirables y en dónde se muestra especialmente esa admirabilidad, en dónde estamos o dónde podemos ser especialmente admirables. Te doy tres ejemplos. Primero, piensa lo que puede suceder en un buen retiro espiritual. Hoy hay retiros espirituales de distintas calidades. Hay que tener mucho cuidado, sobre todo con el tema del sacramento de la confesión, porque está sucediendo que no se escogen bien los sacerdotes para la confesión. Esta es una pequeña denuncia que tengo que hacer aquí. Y ya nos hemos encontrado, con que algunos grupos apostólicos, hacen su retiro espiritual, llevan sacerdotes para que confiesen, pero no conocen bien la enseñanza que tiene ese sacerdote. Y hemos encontrado sacerdotes aprobándoles pecados a las personas. Cuidado con eso. Pero ese es un paréntesis. En un buen retiro espiritual, Cristo se muestra admirable. ¿Por qué? Porque en un buen retiro espiritual hay testimonios y en esos testimonios lo que aparece es Cristo venció, Cristo venció, Cristo venció y eso es bellísimo.
En segundo lugar, necesitamos cristianos admirables en la vida cotidiana. Necesitamos que tus compañeros de estudio en la universidad, que tus compañeros en el colegio, necesitamos que tus compañeros en el trabajo, vean en ti una persona admirable, por tu coherencia, por tu capacidad de escucha, por un sano liderazgo que no es pura ambición de poder o de influencia. Tercero. En las redes sociales, y muy especialmente, tantos jóvenes, hombres y mujeres que están haciendo una presencia impresionante en redes sociales, impresionante. Y están mostrando, esos jóvenes, esos muchachos, esas chicas, están mostrando un Dios que es admirable, un Dios que les concede a ellas y a ellos en la flor de su juventud, la fuerza, la gallardía, la creatividad, para dar un testimonio que no deja indiferente a nadie. Un Dios admirable para que el mundo crea. Piénsalo.

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