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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Las principales virtudes del cristiano son la caridad, la esperanza, la oración y la fe.
Homilía v021012a, predicada en 20181210, con 5 min. y 18 seg. 
Transcripción:
El Evangelio de hoy, está tomado del Capítulo Quinto de San Lucas. Ayer recordábamos la figura de Juan Bautista. Sabemos que la gente, que hizo camino para escuchar a Juan, tuvo que moverse por sus propios medios. El Evangelio de hoy nos muestra una escena un poco distinta, porque el personaje que aparece frente a Cristo es un paralítico. ¿Qué cambia entonces? Que por supuesto, esta persona no puede moverse por sí misma. Son otros los que le ayudan. Son otros los que tienen con él, aquella preciosa obra de caridad, llevarlo ante Cristo.
Lo primero que quisiera subrayar es precisamente eso. Caridad es llevar a nuestros hermanos, es llevar a nuestros amigos, es llevar a las personas que amamos, llevarlas ante Cristo. Eso es caridad. Por supuesto, hay gestos, actitudes, actos que ayudan a expresar bondad y que preparan ese encuentro fundamental. Cuando damos pan al hambriento, cuando damos de beber al sediento, cuando en general expresamos benevolencia y compasión frente a las necesidades físicas de nuestros hermanos, ahí estamos preparando el camino. Pero el gran acto de amor, el culmen de la caridad, es siempre el encuentro con Cristo. Cualquier otra cosa que hagamos por nuestros hermanos, cesará cuando termine esta vida temporal, nos enseña San Agustín. En cambio, el encuentro con Cristo es un bien para esta vida y para la vida eterna.
En realidad, uno puede tomar este precioso pasaje. Repito, está en el Capítulo Quinto de San Lucas. Uno puede tomar este pasaje y ver en él de una manera alegórica, las distintas virtudes propias del cristiano, sobre todo las virtudes teologales. Podemos decir que eso de cargar al paralítico es la expresión misma del amor. El amor, hace que nos encarguemos de nuestros hermanos. ¿Has visto lo que significa ese verbo, encargar? Tomar sobre nosotros, cargar en nosotros. Eso es lo propio del amor. Ellos hicieron un camino. Ese camino nos habla de la virtud de la esperanza. Cuando empezaron a cargar al paralítico, no tenían todavía la sanación, no tenían todavía el resultado, pero lo aguardaban. El camino que hicieron, el esfuerzo que hicieron, está marcado por la esperanza.
Llegaron donde estaba Cristo y tuvieron un desafío adicional. Había tanta gente alrededor del Señor que no pudieron lograr su propósito en un primer intento. Entonces, abrieron un boquete en el techo. Repito, dentro de esta lectura alegórica. Bien podemos decir que ese boquete que se abre en el techo, corresponde a la oración. Que no te quedes viendo solamente tus límites, sino que al abrir ese espacio puedas también contemplar el cielo. Hay algo más allá de tus límites. Y quién te lo puede enseñar, es la oración. O sea, que hay una, podríamos decir, una lectura alegórica que nos lleva a descubrir la oración en ese acto, que fue un acto muy práctico en ese momento, pero que para nosotros tiene un significado adicional.
Y luego sabes lo que pasó. Después de abrir ese boquete, pusieron a este hombre frente a Cristo. Ellos no confiaron en sus fuerzas. Sí pusieron en cambio su confianza en el Señor. Sabían que Cristo podía hacer algo por él. Si lo hubieran dudado, no se hubieran puesto en el ridículo de quitar esa parte del techo y todo lo demás que hicieron. Ahí aparece la fe. Por eso en este pasaje, podemos aprender o recordar las principales virtudes del cristiano; la caridad, la esperanza, la oración y la fe.

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