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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
De cada uno de los personajes, en la escena del paralítico, podemos aprender algo para nuestra vida cristiana.
Homilía v021007a, predicada en 20121210, con 19 min. y 9 seg. 
Transcripción:
Hermanos, hagamos una lectura por personajes, tomando este pasaje que acabamos de escuchar. El primer personaje es colectivo, el gentío. Un gran gentío que rodea a Cristo. Aquí pasa lo mismo que en el pasaje de Zaqueo, la multitud rodea a Cristo. Muestra que Cristo es importante, pero la multitud bloquea el acceso a Cristo. Se da esa ambigüedad. Esto sucede en otros pasajes de los Evangelios. Encontramos, también cuando aquel ciego de Jericó. Encontramos que una multitud denuncia la presencia de Cristo. Ahí está él, pero luego la multitud quiere que el ciego se calle, que se quede con su ceguera. Aquí lo mismo, una multitud que escucha a Cristo y que muestra con su sola presencia ¡Qué gran Maestro es ese que está hablando! Pero luego la multitud es indiferente ante la necesidad del paralítico. A ver, la escena no es tan difícil de imaginar. Llegan estos con la camilla. Intentan decir permiso, permiso. Y la gente dice no, no, no, cállate, cállate, que está hablando allá el Señor. Y no dan permiso y no ayudan.
Entonces, la primera enseñanza que podemos tomar hoy es la naturaleza ambigua de la multitud. La multitud que a la vez proclama el misterio de Cristo y lo esconde. La multitud que a la vez muestra a Cristo e impide el acceso a Cristo. Es interesante esto de la multitud, porque nos muestra cómo a la vez necesitamos de las personas y necesitamos prescindir de las personas. Y esto se ve en todos los aspectos de la vida de la iglesia. Por ejemplo, en una comunidad religiosa, la comunidad nos ayuda a descubrir a Cristo, pero a veces los pecados de la comunidad nos cuestionan seriamente y decimos a esto es que le estoy empeñando la vida. Los sacerdotes, pasa exactamente lo mismo. Los sacerdotes cuando predican bien, cuando llevan una vida recta, cuando nos acogen con caridad, pues son como un espejo de Jesús, pero a veces nos decepcionan terriblemente los sacerdotes. A veces sentimos que nuestra fe se ve atacada por los pecados o las incoherencias de los sacerdotes. Entonces, tenemos que aprender eso, que cuando se trata de seres humanos, los seres humanos nos ayudan, pero a veces impiden. Ningún ser humano reemplaza a Cristo. La multitud no reemplaza a Cristo. La multitud ayuda, pero también dificulta. Sirve de camino, pero también de impedimento. Y por eso, el que tenga verdadera sabiduría, entonces puede reconocer que la comunidad, por ejemplo, en una comunidad religiosa, la comunidad me muestra un camino, me ayuda, me guía. Pero también saber que la comunidad no es Dios, la comunidad no es Cristo, la comunidad no es el Reino de Dios. La comunidad también se queda corta. La comunidad también tiene su límite.
Bueno, ahora dejemos ese personaje, ya aprendimos algo. Aprendimos que es importante la comunidad, pero que no podemos idolatrar la comunidad. Pasamos al segundo personaje. Miremos a estos que están llevando al paralítico y miremos cómo se trata de la verdadera amistad. Ellos son como la representación de lo que es un verdadero amigo. Mire, cuántos actos de amistad, de verdadera amistad realizan ellos. En primer lugar, cargar al amigo, no puede moverse, hay que cargarlo. Esto tenemos que aprenderlo también en nuestra comunidad. Hay veces que toca llevar a la gente. No pueden más. Están agotados. Se les acabaron las esperanzas. No tienen más fuerzas. Entonces, el amor en ese momento tiene que volverse camillero. Pero luego, están buscando por dónde llevar a este hombre, a este paralítico, hasta Jesús. Entonces, son camilleros, no únicamente para cargar a este hombre, sino sobre todo para facilitar el encuentro con Cristo. Esa es la verdadera amistad, llevar la gente, pero no para nosotros eternamente cargarlos, sino sobre todo para descargarlos. Eso fue lo que ellos hicieron, descargarlos. Entonces, para aprender a ser amigos hay que aprender a cargar y a descargar. Hay que ayudar, hay que cargar la gente, hay que apoyarlos. Todos tenemos momentos malos y hay que sostener, pero no eternamente. Yo ayudo, pero mi principal ayuda no está en cargar, sino en descargar, en dejar delante de Cristo. No somos redentores. Así como la multitud no puede reemplazar a Cristo, tampoco nosotros podemos hacerlo. Entonces, los actos de amistad de ellos se resumen en este cargar y en este descargar.
Destaquemos también que son perseverantes, que buscan una manera, buscan un camino. ¡Qué hermosa expresión de caridad! Y qué hermosa expresión de fe. En una discusión con algún protestante, hablaba sobre este pasaje específicamente, porque es que resulta que lo que muestra este pasaje es que la fe de una persona le puede hacer bien a otra persona. En ese momento la discusión era sobre el bautismo de los niños, porque cada rato los protestantes están diciendo que no, que la gente no debe bautizar a sus niños pequeños, porque la fe es personal. Sí, la fe es personal. Pero hay veces que la fe de una persona le puede hacer un bien a otra persona y la puede salvar. Y el ejemplo está aquí. Obsérvese lo que dice el Señor Jesús. Lo descolgaron con la camilla hasta el centro, delante de Jesús. Él, viendo la fe que tenían. El sujeto es el mismo. Ellos, los camilleros, los amigos buenos, lo descolgaron. Y Jesús, viendo la fe que tenían, la fe que tenían ellos. Realmente este pobre paralítico estaba como muerto. Muerto en su cuerpo, porque no podía moverse y muerto en su alma. Eso también es importante. No podía hacer nada por sí mismo. Pero la fe de los otros ayudó. La fe de los otros, sirvió para salvación. Entonces, segunda parte. Los amigos. ¿Cuál es el papel de un amigo? Perseverar en la fe y en el amor y aprender a cargar y a descargar.
Tercer personaje. Vamos con el paralítico. Hay que notar en el paralítico dos cosas. Una, que este hombre, pues no puede hacer nada por sí mismo, pero por lo menos se deja llevar. Eso no es una tontería, por lo menos dejarse llevar, porque es que hay algunos que no solo son paralíticos, sino que son obstinados. Fíjese, que en una congregación religiosa hay muchos que pueden ayudarnos, que pueden ser camilleros, pero hay personas que están tan paralíticas que no solamente no se pueden mover, sino que tampoco permiten que otros los muevan. Nada de eso. Hay veces en que uno tiene que permitir que otros ayuden, que otros lo lleven a uno, que otros lo carguen. Así como decimos, que los camilleros prestaron ese servicio, pues también ese servicio lo podemos necesitar nosotros alguna vez. Por ejemplo, si una persona. Sigamos con nuestros ejemplos de religiosas, dada la población presente. Si una persona está viviendo mal y está desilusionada y esta, está mal en su vocación y entonces, otra hermana con buen corazón le dice hermana, pero hace cuánto que usted no hace una buena confesión. No se meta conmigo, no se meta con mi vida privada, déjeme tranquila. Ese es el paralítico que no se quiere mover, ni se mueve, ni deja que lo muevan. Entonces, dejar que lo muevan a uno es aceptar palabra, es aceptar consejo. Si yo estoy mal, si estoy paralizado en mi vocación, por lo menos dejar que otros me ayuden. Si me dan un buen consejo, pues dejar que ese consejo haga su obra en mí. Eso es lo primero sobre el paralítico.
Lo segundo del paralítico es que todo el mundo se daba cuenta de la parálisis corporal, la parálisis física de este hombre. Pero sólo Jesús se dio cuenta, que además de la parálisis física, tenía una parálisis espiritual y por lo visto para Cristo es más importante empezar por la parálisis espiritual. Es más importante empezar por sanar eso que está adentro. Bueno, esto nos enseña cosas. A veces, cuando vemos personas en una gran desventura material, creemos que eso los hace automáticamente víctimas inocentes y prácticamente los vuelve santos. Este es un error en el que cayeron algunos, por no decir muchos de los teólogos de la liberación, empezaron el proceso universal de canonización de los pobres. Entonces, los pobres son buenos y los pobres, y la voz de Dios en los pobres y la voz del pueblo es la voz de Dios. Y lo que digan los pobres y lo que diga la base. Y eso no es así. Esa no es la Biblia. ¿Qué dice el libro del Deuteronomio? No serás parcial, ni por ayudar al pobre, ni por favorecer al rico. La Biblia, a mí me encanta. Nos tiene que encantar a todos. La Biblia es tan preciosa. Porque es así, es tan realista. Hay personas que pueden tener una gran pobreza material y sin embargo están cargados de egoísmo, de resentimiento, de codicia, de impureza y de todo género de vicios. Este gran amigo de los pobres y servidor de los pobres, San Vicente, San Vicente de Paul. ¿Qué decía? Léase en el oficio de lectura que propone nuestra Iglesia para Vicente de Paúl. Y dice A menudo los pobres son rudos y son ingratos. Y eso es totalmente cierto. Entonces, nosotros no tenemos que canonizar al rico porque lo vemos prosperar en bendición, como dirían los protestantes. Pero tampoco tenemos que canonizar a los pobres, porque como ya sufrieron, se supone que eso los hizo santos, no. Ni el sufrimiento necesariamente es virtud, ni la pobreza necesariamente es apertura a Dios.
Hay casos muy tristes en que se une la pobreza material, la pobreza intelectual, la pobreza cultural, la pobreza moral. ¡Cuánta pobreza hay! Se juntan todas las pobrezas. Entonces, uno no debe partir de la base de que la persona que sufre, por el hecho de sufrir ya eso la hizo buena. El sufrimiento aceptado de cara a Dios, el sufrimiento aceptado como un modo de experiencia, de confianza únicamente en el Señor. El sufrimiento como expiación por los pecados propios o por los del mundo es supremamente virtuoso, porque es como una unión con el misterio de la cruz de Cristo. Pero no partamos de la base de que el que sufre por el solo hecho de sufrir es bueno. Y eso nos muestra esto aquí. Y si tenemos que decir eso en general, pues apliquémoslo también a nosotros, porque también sucede, por ejemplo, entre las religiosas. Por seguir con nuestra población. También sucede que hay algunas que consideran que como sufrieron tienen razón. Como yo he sufrido, soy buena. Como yo he sufrido, yo sí conozco. Como yo he sufrido, yo soy la única que entiende. Como yo he sufrido, yo soy la única virtuosa y no. Hay personas a las que toca decirles pues, harto sufrió, pero no le bastó todavía le faltó más sufrimiento o le faltó sobre todo la luz de Dios. No partamos de la base de que porque yo he sufrido ya, eso me hizo sabio, me hizo bueno, me hizo justo, me hizo, no. Hay personas que creen que porque han pasado tales o cuales penalidades, entonces ya, ya, eso las hizo sabias.
Fíjese lo que pasó después del Concilio de Nicea. En esos primeros concilios de la Iglesia. Pasó esto, que había unos personajes cristianos bautizados, los cuales sufrieron en las distintas persecuciones que hizo el Imperio Romano. Algunos de ellos fueron torturados horrorosamente, pero no todos los torturados murieron. Los que fueron torturados, pero no murieron, a esos es a los que se llama originalmente confesores, porque confesaron la fe. Bueno, lindísimo eso, lindísimo. Eso fue una cosa muy impresionante. Por ejemplo, en el Concilio de Nicea, hubo un grupo de torturados, personas que habían sido quemadas, que habían sido fracturadas, violentadas, mutiladas, pero que habían sobrevivido a la tortura. Y así, mancos, cojos, mutilados, quemados, enceguecidos. Asistieron como voceros en el Concilio de Nicea, donde se discutía la divinidad de Cristo. Y estos, algunos de estos que habían sido mutilados y torturados, decían o a veces no podían hablar y escribían. La fe verdadera es que Cristo es Dios como el Padre, y recibe el mismo honor del Padre. El testimonio de semejantes santos vivos causó un gran impacto, pero entonces, les quedó gustando. Cuando vinieron otras discusiones, entonces, resulta que aparecían mutilados de un lado y mutilados del otro, torturados que decían una cosa y torturados que decían otra cosa, y cada uno alegando sus muñones y cada uno alegando sus sufrimientos. No, yo como he sufrido, entonces, yo digo que en Cristo hay dos personas y no una persona. Y el otro decía no, yo cómo he sufrido, yo digo que en Cristo hay una sola persona. De esa enseñanza o de esa experiencia aprendió la Iglesia que no se le puede creer a una persona solamente porque haya sufrido. Porque cuando se estaba discutiendo sobre la verdadera naturaleza de Cristo y sobre la persona de Cristo, y sobre la divinidad del Espíritu Santo, y sobre todos esos temas, había mutilados de un lado y del otro, torturados de un lado y del otro. Eso no se puede creer. Entonces, hay que tener cuidado.
¿Eso como pasa en nuestra época? Eso en nuestra época pasa porque en toda congregación y en todo grupo misionero, siempre hay unos que han sufrido mucho. Y a veces hay personas que creen que porque han sufrido ya la palabra de ellos es la única que tiene que ser oída. Yo como he sufrido, porque a mí me enviaron a la Antártida y usted viera lo que es vivir con pingüinos. Eso no es así nomás. La vida con pingüinos es complicada. Entonces yo, como he sufrido, yo soy el que sé cómo es esto. Pues mire, su testimonio de vida es muy importante. Usted es una persona muy valiosa. Usted merece nuestra admiración. Pero eso no significa que usted tenga la razón en todo. Entonces, hay que tener cuidado con canonizar a los que han sufrido. Hay gente que ha sufrido y tiene la razón, pero depende de cómo haya sufrido. Depende de si hay humildad, depende de si hay unión con Cristo. Y esa humildad y esa unión con Cristo se nota, entre otras cosas, en la manera de proponer y no de imponer.
La última anotación es para la persona adorable de nuestro Señor Jesucristo en el Evangelio de hoy. Obsérvese, que me parece tan hermoso eso, cómo Cristo tiene esa disposición de caridad, cómo tiene penetración en su mirada y cómo tiene capacidad para cambiar su programa. Es decir, las tres cosas que le admiro a Cristo, muy especialmente en este pasaje son: Su dulcísima caridad. La penetración con que hace un diagnóstico certero de esta persona. Y la flexibilidad para dejar que una y otra vez le cambien el programa. Pidamos al Señor, que aprendamos las lecciones de la multitud de los amigos, del paralítico y de nuestro Señor Jesucristo. Amén.

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