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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Sólo el corazón fascinado por Dios, el que ha experimentado su poder, siente genuina admiración, santo temor y deseo de evangelizar.
Homilía v021006a, predicada en 20121210, con 4 min. y 44 seg. 
Transcripción:
El Evangelio, mis queridos hermanos, está lleno de relatos maravillosos. Y lo más maravilloso de los relatos del Evangelio es que se trata de personas reales que han recibido bienes reales. Lo verdaderamente asombroso no es que se cuente algo grande, sino que eso haya sucedido. La verdad de una historia, la verdad de una vida humana que ha sido transformada por el poder de Dios. Eso es lo que despierta verdadero asombro. Eso es lo que causa verdadero deseo de darle la gloria a Dios. Eso es lo que también nos hace conscientes de lo pequeños que somos frente a su grandeza, y eso es lo que nos convierte en misioneros.
Esta lista de hechos que acabo de describir proviene del Evangelio mismo del que acabamos de oír. El Capítulo Quinto de San Lucas, nos cuenta aquel momento en el que un grupo de amigos trae a un paralítico y tienen que abrir el techo arriba de Cristo. Lo descienden, lo ponen frente al Señor. Cristo primero lo perdona y luego lo cura. Porque primero hay que sanarlo interiormente y luego sanarlo exteriormente. Eso es lo que nos enseña el Señor. Lo más asombroso es que este hombre que se pone en pie y que sale con su camilla, se convierte en un testimonio para todos los que estaban ahí. Y entonces, se da la secuencia que he descrito. Se llenaron de asombro y entonces, le dieron la gloria a Dios y decían llenos de temor nunca hemos visto algo semejante. Esto está indicando como ellos, frente a esta obra divina, descubren que es el Señor el que ha intervenido. Es el Señor el que ha cambiado esa historia. Y eso es exactamente lo que significa el Evangelio.
No es simplemente una cosa que uno aprende, no es simplemente una cultura, un baño de cultura sobre una persona interesante. Es la transformación de una vida. Es cambiar lo que parecía el destino inevitable de una persona. Es renovar, primero adentro y luego afuera todo lo que somos. Eso es el Evangelio y eso es lo que Cristo hace en la vida de este paralítico. Y eso es lo que impacta en la gente. Y ellos se dan cuenta que algo absolutamente único ha sucedido y se dan cuenta que esa grandeza contrasta con la pequeñez de sus esperanzas, con la pequeñez de sus deseos, con la pequeñez de sus intereses. Y ahí viene el santo temor. Pero ahí viene también la santa alegría y la proclamación, la evangelización. Nunca hemos visto algo semejante. Hoy hemos visto cosas admirables.
¿Qué sacamos como conclusión? Que el Evangelio es acontecimiento, que te tiene que suceder y que cuando te suceda, tú descubrirás que Dios es mucho mayor de lo que pensabas. Que es real, que su acción es cierta y constatable, verdadera. Que la pequeñez en la que sueles moverte y no importa cuán grandes parezcan tus sueños, créeme que son pequeños frente a los sueños de Dios. Despierta en ti santo temor y bendita admiración, y que poseído por esa alegría, tú tienes también una historia que contar. Tienes algo que decir. Así nos volvemos primero discípulos y luego misioneros.

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