|
|

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Todo el Adviento es el descubrimiento de Jesús como camino.
Homilía v021001a, predicada en 19981207, con 8 min. y 21 seg. 
Transcripción:
Mis hermanos. Hace tiempo que me ha llamado la atención esa pregunta que hace Jesucristo y a veces como que trato de entenderla de una manera y otras veces de otra. Le bajan a este paralítico. Jesús le dice a ese hombre: tus pecados son perdonados. Los otros murmuran interiormente de Jesucristo, y entonces él suelta la pregunta a la que quiero referirme ¡Qué es más fácil decir? Tus pecados te son perdonados. O decir Levántate, toma tu camilla y anda. Nadie le pudo responder. De la gente que estaba ahí, nadie pudo dar una respuesta. Entonces por eso yo quiero tomar esa pregunta de Cristo y quiero ver qué hay en esa pregunta. ¿Qué quería decirnos el Señor? ¿Qué quería enseñarnos? Porque si lo pensamos bien, es más fácil decir tus pecados son perdonados, ¿porque quién se va a dar cuenta de si los pecados están o no están perdonados? Los pecados son como algo escondido, son como algo interno. De manera que decir tus pecados son perdonados. Es fácil de decir. En cambio, decir: Toma tu camilla, levántate y vete a tu casa. Es algo difícil de decir, porque si no sucede eso, pues el ridículo de la persona que lo ha dicho es patente. Entonces, en términos de decir las cosas, es más fácil decir tus pecados te son perdonados que decir toma la camilla y vete a tu casa. Pero en términos de hacer, es más profunda la obra de perdonar los pecados que la obra de sanar al paralítico. Siendo ambas obras admirables, y los que estaban ahí alrededor, los que murmuraron contra Cristo, no empezaron a murmurar cuando él empezó a hacer curaciones. Empezaron a murmurar cuando Él dijo: Tus pecados te son perdonados. Porque sintieron ahora sí se pasó este hombre, ahora sí se propasó este hombre. Esto es demasiado. Lo que quiero destacar entonces, es que una cosa es más fácil de decir que la otra. Pero la otra es más difícil de hacer. En el orden del decir, es más fácil decir que los pecados son perdonados. Pero en el orden del hacer es más difícil. Es imposible para las fuerzas humanas ese perdón de los pecados. Y entonces Jesús muestra a través de lo que era difícil de decir, que este hombre tomara su camilla y se levantara y se fuera a su casa. Jesucristo muestra a través de lo que era difícil de decir, que Él también puede lograr lo que era difícil de hacer. Dice lo que era difícil para que nosotros entendamos que él puede hacer lo que parece imposible. De modo que el sentido de las curaciones de Jesucristo, el sentido de los milagros que realiza Jesucristo es ese. A través de esas obras maravillosas, a través de esas sanaciones, Jesús está mostrando que incluso lo que parece difícil de hacer es decir que se quite el obstáculo del pecado, eso también lo puede el mismo Amor. La misma gracia, el mismo poder que le lleva a hacer estos milagros. De manera que nuestra primera enseñanza con este evangelio es que los milagros que hace Jesús y los milagros que luego se harán en nombre de Jesús, son señales de que todo obstáculo entre Dios y el hombre puede ser quitado. De que aquello que parece imposible a nuestras fuerzas humanas Dios lo puede quitar de en medio para que haya, como decía la primera lectura de Isaías, una calzada recta, un camino expedito entre Dios y nosotros. En segundo lugar, está la lectura que hemos escuchado del profeta Isaías. Se trata de una autopista. Estamos en la época de los medios de comunicación para el transporte masivo de personas, para el transporte masivo de información a través de los satélites, los teléfonos o la televisión. Tenemos autopistas. Así, por ejemplo, se habla en informática de la autopista de la información con un ancho de banda de treinta megahertz. Las autopistas de la información tienen también sus anchos, así como las carreteras tienen quince, veinte o treinta metros de ancho, así también la autopista de la información tiene quince megas o treinta megas de ancho. Pues hay una autopista que Dios quiere tender entre él y nosotros. Y todo el Adviento es un tiempo de construcción de esa autopista. Es tiempo para remover los obstáculos, para echar las explanadas, para derribar las montañas. De manera que esté limpio y recto el camino entre Dios y nosotros, y ese camino limpio, directo, expedito. Ese camino es Jesucristo. Todo el Adviento es el descubrimiento de Jesús como camino. Es descubrir en él la gran autopista que nos lleva derechamente hacia Dios. Es descubrir qué rápido puede venir Dios a través de las palabras de Jesús y de las señales de Jesús. Y qué rápido podemos llegar nosotros a Dios a través de Jesucristo. Por eso, en esta celebración y en todo este Adviento, nosotros unimos nuestras intenciones a Jesús y Él, como correo maravilloso, lleva esas intenciones hacia la plenitud, hacia el seno de Dios Padre, y también todos los mandamientos de Dios que nos parecían lejanos, que nos parecían imposibles. Todo el amor de Dios, que nos podía parecer distante, de repente se hace cercanísimo. A través de Jesús. A través de esta maravillosa autopista, de este precioso camino, podemos encontrarnos directamente, inmediatamente con Dios. En ningún momento se vive esto con más claridad que en la Santa Misa. En ningún momento podemos tocar tan palpablemente el amor de Dios, en ningún momento puede Él hablarnos hasta el punto de que en el centro de la Eucaristía, cuando se consagra el pan y el vino, aunque las palabras las pronuncie el sacerdote, son propiamente pronunciadas por Jesucristo, que deja oír su voz, que hace sentir su amor. Esa autopista, ese Adviento, tiene su culminación en la Eucaristía, en donde podemos como mirar tan cerca como es posible en esta tierra. Podemos mirar el amor de Dios, podemos recibirlo de Él y podemos darle nuestra gratitud.

Derechos Reservados © 1997-2025
La reproduccion de estos textos y archivos de audio, para uso privado o publico, está permitida, aunque solamente sin fines de lucro y citando la fuente: http://fraynelson.com/.
|