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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
La auténtica compasión se guía ante todo por un criterio: la necesidad del prójimo. Y además la compasión es generosa y es integral.
Homilía v013016a, predicada en 20251203, con 9 min. y 24 seg. 
Transcripción:
Se puede decir, mis hermanos, que el rasgo más característico de Dios en la Biblia es la compasión y es lo que aparece en el Evangelio de hoy. Cuando el gran filósofo Aristóteles pensaba cómo podía ser Dios, cómo debía ser Dios, dijo que tenía que ser muy poderoso, tenía que ser muy inteligente, tenía que ser muy perfecto. Y Aristóteles llegó a esta conclusión: Si Dios es tan perfecto, perfectos tienen que ser sus pensamientos. ¿En qué puede pensar un Dios perfecto? Solo puede pensar en cosas perfectas. Y de ahí sacó la conclusión que Dios solo piensa en él mismo, el Dios de Aristóteles es un Dios que no voltea a mirar, que no quiere mirar al ser humano, sobre todo, al ser humano necesitado, pobre, cansado, pecador. Dios solo piensa en él mismo, Dios no tiene tiempo ni amor para nadie más, ese es el Dios de Aristóteles.
En la Biblia se nos muestra un Dios que se compadece. Y para ser testigos de ese Dios compasivo tenemos que aprender la ciencia de la compasión, porque la compasión hay que aprenderla, no es algo espontáneo, hay que aprenderlo. Fácilmente los seres humanos clasificamos, nosotros somos los buenos, siempre nos ponemos del lado bueno, los demás son los malos. Y por eso hay que aprender la compasión. En las lecturas de hoy, hay tres rasgos de la compasión que son buenas lecciones para nosotros, hermanos.
Observemos lo que dice Cristo antes de realizar el milagro: «Tengo compasión de la multitud porque ya hace tres días que están conmigo y no tienen nada para comer». Primer rasgo de la compasión, la compasión mira la necesidad por encima de cualquier otra cosa. En esa multitud, seguramente había de todo. Había gente buena, con seguridad, pero seguramente había también personas que cargaban sus pecados, mentirosos, adúlteros, ladrones, incrédulos. Cristo se da cuenta de todo, pero la compasión mira, en primer lugar, y fija su atención en la necesidad, aquí hay alguien con necesidad, eso es lo más importante, por encima de cualquier otra consideración.
Hay otro ejemplo que nos llama la atención, salió hace poco en la liturgia, un centurión romano que tiene un criado enfermo. Es un romano, no es judío, no es circuncidado, es un pagano, es un idólatra, es el pueblo que nos oprime, es un enemigo de los judíos. Nada de eso le importa a Cristo, hay alguien que está sufriendo, hay alguien que tiene necesidad. Cristo obstinadamente concentra su atención en eso, hay necesidad. Esa es la prioridad del que conoce la misericordia, del que conoce la compasión. Luego vendrá todo lo demás, pero lo primero es, hay necesidad, en forma de dolor, de enfermedad, de pobreza, de confusión, de tristeza o de cualquier otra miseria.
La primera lectura nos muestra otras dos características de la compasión divina, características que nos interesan como discípulos del Señor. La compasión no se limita a lo mínimo, la compasión es generosa. Cuando Dios quiere darle un regalo a su pueblo, mira lo que le regala: «El Señor de los ejércitos dará en este monte para todos los pueblos un banquete de ricas comidas, regado con vino puro, platos deliciosos». La compasión es generosa, a veces, cuando ayudamos al prójimo, le damos lo mínimo, el mínimo tiempo, la mínima atención, los mínimos recursos, apenas para que no se ahogue, para que no se hunda, para que no se muera. La compasión es generosa.
Y el otro aspecto, que es el último que quiero mencionar, es que la compasión es integral, mira las distintas necesidades. Por eso dice: «El Señor Dios eliminará para siempre de la muerte, secará las lágrimas de todos los rostros, acabará con la deshonra de su pueblo en toda la tierra». De tal manera que la compasión no mira solo la miseria material, por ejemplo, sino mira también la miseria emocional, la miseria espiritual. A veces, se habla de la misericordia limitándose solamente a la misericordia corporal, las obras de misericordia corporales: dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento. No, la misericordia es integral, mira la necesidad, pero no solo la necesidad corporal ni solo la necesidad espiritual, mira todas las necesidades y en todas quiere ser generosa.
Que estos rasgos de la compasión divina queden impresos en nuestro corazón, de tal manera que cuando salgamos a evangelizar como mensajeros del Espíritu Santo, seamos mensajeros del amor divino. Que sea la compasión, la misericordia la que nos lleve a hablar y que sea la misericordia la que nos lleve a servir a nuestros hermanos.

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