|
|

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Para tener esperanza primero necesito saber que Dios conoce mi necesidad, que Él me ama infinitamente y que Él es poderoso.
Homilía v013015a, predicada en 20241204, con 7 min. y 4 seg. 
Transcripción:
La comida, la comida tiene un papel importante en las lecturas de la misa de hoy. En la primera lectura de Isaías, se nos habla de un gran banquete que Dios prepara. En el Evangelio se nos habla de una comida modesta pero muy, muy necesaria para aquella gente en ese momento. Estamos hablando de la multiplicación de los panes que realizó nuestro Señor Jesucristo. Entonces, comida, estamos hablando de comida.
Y ¿por qué es tan importante la comida? Mira, la comida tiene por lo menos tres dimensiones. En primer lugar, nos da fuerzas. En segundo lugar, nos da algún deleite mayor o menor, depende de si es de nuestro gusto o no, depende de cómo esté preparada. Y, en tercer lugar, la comida es un lugar de encuentro, es un lugar de compartir, de convivir. Así que podemos decir que hay tres verbos que son importantes cuando hablamos de comida: nutrir, agradar y convivir, nutrir, agradar y convivir. La comida nos nutre, la comida nos agrada o nos deleita y la comida nos invita a encontrarnos con los hermanos, a compartir con ellos. Nutrir, deleitar y compartir, esa es otra manera de decir lo mismo.
Estas tres dimensiones de la comida están propias en el pensamiento mismo de Dios, es decir, Dios sabe que cada uno de nosotros necesita esas tres cosas que cada uno de nosotros necesita nutrirse, necesita alimentar sus fuerzas, que cada uno de nosotros necesita una dosis de alegría, el placer no es malo, hay placeres que son ilícitos, hay placeres que son idolatrados y esos no, esos no, esos no nos interesan en esta reflexión. Pero hay placeres que son lícitos y también esos placeres son importantes en la vida. Entonces, Dios sabe que nosotros necesitamos alimento que nos nutra, necesitamos alimento que nos deleite y necesitamos alimento que nos invite a convivir, a compartir con los hermanos, Dios sabe nuestra necesidad.
Y es ahí donde yo quería llegar, Dios sabe lo que nos hace falta. Esta palabra la dice Cristo casi textualmente en el Sermón de la Montaña, para recordarnos cuál es la raíz de nuestra confianza, nuestra confianza en Dios, que es también la raíz de nuestra esperanza en Dios, tiene dos raíces. La primera es que Dios realmente conoce lo que me hace falta, y la segunda es que Dios verdaderamente me ama. Todavía hay una tercera raíz que Dios es poderoso. Entonces, que Dios sabe, que Dios ama y que Dios puede. Dios sabe, ama y puede. Y en la medida en que yo sé que Dios conoce mi necesidad y que Dios me ama y que Dios puede, entonces voy entregando mi vida cada vez más.
Pero entregar mi vida no es solamente lo mío inmediato de mi cuerpo, de mi trabajo o lo que sea, es también que Dios me concede, esto es hermosísimo, es también que Dios me concede confiarle las personas que yo más amo. Últimamente me he encontrado con personas, particularmente mamás, que tienen una gran angustia, que tienen un gran dolor, fundamentalmente por los hijos. Hijos que están con una confusión sexual terrible, hijos que no encuentran trabajo, hijos que están metidos en el mundo de las drogas, encadenados en consumir sustancias de esas, o fumar porquerías. Y entonces sufren y ese sufrimiento no lo vamos a descartar, ese sufrimiento es importante. Pero una cosa es sufrir en la desesperación y otra cosa es sufrir con el don de la esperanza. Son dos cosas muy diferentes.
El que sufre en desesperación es como esos aviones que vemos en los documentales, esos aviones que fueron heridos de muerte y forman una espiral, incendiados forman una espiral y van al desastre, eso es sufrir en desesperación. En cambio, el que sufre con esperanza está herido, le duele, claro que le duele, claro que duele, pero mantiene la cabeza a flote, mantiene la mirada lúcida, mantiene la palabra oportuna. ¿Por qué? Porque tiene esperanza. Y ¿qué hago para tener esperanza? Ahí está la triple raíz. Primero necesito saber que Dios, Dios conoce mi necesidad. Luego, que Dios me ama infinitamente. Y luego, que Dios es poderoso.
Ahora bien, y con esto termino, si nosotros sabemos que Dios es poderoso y que Dios nos ama y que Dios nos conoce, qué importante recordar que Dios me conoce mejor de lo que yo me conozco. Dios me conoce mejor de lo que yo me conozco, lo cual significa que a veces lo que yo más necesito no es lo que yo más quiero. O sea que la confianza no consiste en que yo le voy a imponer mis condiciones a Dios, sino más bien la confianza quiere decir que yo sé que ese Dios, ese Dios grande y poderoso, yo sé que ese Dios sabe lo que es mejor para mí.
Tiempo de Adviento, tiempo para crecer en la esperanza y en la confianza, sabiendo que Dios nos conoce, que Dios nos ama y que Dios es poderoso. Todo eso proviene del alimento, el alimento que nos nutre, que nos deleita y que nos invita a compartir. Qué bello, qué bello es el Adviento.

Derechos Reservados © 1997-2025
La reproduccion de estos textos y archivos de audio, para uso privado o publico, está permitida, aunque solamente sin fines de lucro y citando la fuente: http://fraynelson.com/.
|