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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
La opción fundamental de Jesús, que responde a su naturaleza humana y divina, es el amor de compasión, amor que conmueve sus entrañas viendo el dolor del otro y lo mueve a sanar ese dolor.
Homilía v013014a, predicada en 20231206, con 6 min. y 14 seg. 
Transcripción:
En mis años de formación para el sacerdocio recuerdo que teníamos que estudiar, y lo hicimos con mucho gusto, la teología moral y dentro de la teología moral, un concepto bien importante era el de la opción fundamental, algo así como cuál es la ruta principal que lleva tu vida, ese sería un modo de entender la opción fundamental. Otro modo, se podría hablar de la opción fundamental también, como aquello que explica tus decisiones. Por decir algo, si tu opción fundamental es la búsqueda del poder, entonces tus decisiones van orientadas a lograr eso que es tan importante para ti. Por ejemplo, vas a entrar a un partido político, si eres una persona sin escrúpulos, pues seguramente vas a engañar, vas a traicionar, vas a mentir porque tienes una obsesión por el poder. Si esa es tu obsesión, si esa es tu opción fundamental.
Yo creo que las lecturas de hoy, especialmente el Evangelio, nos ayudan a responder una pregunta que es muy bella ¿cuál es la opción fundamental de Cristo? Y ese podría ser el título de esta reflexión: ¿Cuál es la opción fundamental de Cristo? Cristo, verdadero Dios y verdadero hombre, pues tenía que tener una opción fundamental. Y la opción fundamental de Cristo, que responde a su verdadera naturaleza humana y a su verdadera naturaleza divina, es el amor de compasión. Amor de compasión, que significa esa capacidad de preocuparse, dolerse, pero sobre todo actuar para remediar la miseria del otro.
En la traducción típica del Evangelio de hoy, la palabra que se utiliza es lástima, siento lástima, la palabra griega «splanchnizomai» significa algo así como, se me conmueven las entrañas. A Cristo se le conmueven las entrañas viendo el dolor físico, viendo la miseria moral, viendo el agobio espiritual o simplemente viendo una multitud con hambre, con hambre. Es esa compasión de Cristo la que nos ayuda a entender todo en la vida de Cristo. La opción fundamental de Cristo, la que le marca su ruta, la que da razón de sus acciones, la que nos explica cuáles son sus decisiones, incluyendo la decisión de la cruz, todo, todo se aclara, todo se ilumina cuando caemos en cuenta, esa era la opción fundamental de Él.
La opción fundamental de Él es la misericordia, una misericordia que no se queda en sentimiento, como se dice a veces popularmente, no es un simple lastimar, no es que él esté simplemente lastimando: Ay, qué pesar, qué pesar y qué pesar. No, Cristo actúa y actúa en todos los frentes. Le preocupa, le duele ese dolor físico y hace algo, sana ese dolor. Le preocupa la prisión espiritual en la que está la persona posesa y hace algo, exorciza. Le preocupa la ignorancia y la confusión y la mentira que hay con respecto a la fe y la religión y hace algo, enseña, predica, predica con elocuencia, predica con valor, incluso frente a sus adversarios. A Cristo le duele la miseria moral en la que estamos, es decir, nuestra condición de pecadores. Y hace algo, nos da el ejemplo de una vida santísima y nos da una fuerza peculiar, una fuerza única para salir de esa miseria a través de la conversión.
Ese es Cristo, esa es la opción fundamental de Cristo. Es la opción por una misericordia que debemos llamar una misericordia integral y debemos aplicarla así. La persona que dice: A mí me preocupa simplemente que haya alimento para los pobres, que haya vivienda para los que no la tienen. Eso está bien, pero te has quedado muy corto porque dónde está la conversión moral, dónde está la liberación espiritual, dónde está el alimento para esas mentes que tienen también necesidad de la verdad, así como nuestro cuerpo tiene necesidad de comida, pues nuestra mente tiene necesidad de verdad. Si no les estás dando la verdad, entonces no digas que eres misericordioso.
Bueno, ese es Cristo, ese es Cristo. Y cuando nosotros contemplamos a Cristo actuando, sanando con su misericordia, nuestra miseria, es inevitable que brote una palabra, una palabra bella, una palabra fuerte de nuestro corazón y esa palabra es: Gracias, gracias. Una palabra de inmensa gratitud: Gracias. Pero también una palabra de deseo, la que tiene que acompañar nuestro Adviento: Ven, te seguimos necesitando, quizás hoy más que nunca. Ven, ven, Señor Jesús.

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