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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
En el Adviento pidamos humildad, una pausa y sinceridad para reconocer nuestros males para ser curados y nuestra hambre para ser alimentados del bien que solo Cristo nos trae con su Palabra y su Cuerpo y su Sangre.
Homilía v013013a, predicada en 20211201, con 4 min. y 41 seg. 
Transcripción:
Vamos avanzando en el Adviento y hay dos verbos que aparecen tanto en la primera lectura de Isaías como en el Evangelio. Uno es el verbo curar y otro es el verbo alimentar. Así, por ejemplo, en el Evangelio se habla de cómo Cristo sana a tanta gente en la multitud, pero luego los alimenta, curar y alimentar. Estos dos verbos de alguna manera resumen todo lo que Cristo ha querido hacer en nuestra vida. Curar es restablecer aquello que fue dañado por el mal. Alimentar es poner en nuestros corazones el bien, el bien que solo Dios puede traer. Curar es alejar el mal, alimentar es traer el bien. Eso es lo que Cristo quiere hacer en nosotros.
Cuando nos acercamos entonces al Adviento, debemos tener esa doble actitud. Primero reconocer nuestros males para ser curados y segundo, reconocer nuestra hambre para ser alimentados. Dicho de otra manera, vamos a aprovechar más el Adviento si nos reconocemos enfermos y, al mismo tiempo, hambrientos. Si no nos reconocemos enfermos, difícil que recibamos verdadera curación. Si no tenemos hambre, difícil que recibamos verdadero alimento. Entonces, ser curados y ser alimentados. Y ¿qué se necesita para reconocer nuestra enfermedad y para reconocer nuestra hambre? Se necesitan tres cosas.
Se necesita humildad, porque mira, cuando estamos en pecado lo más fácil siempre es justificarnos, pero si te das cuenta, la justificación de nuestros pecados ¿qué es? Es una especie de ceguera. La persona que está orgullosa, mi orgullo. El orgullo es ceguera, tu orgullo es ceguera, punto. Y cuanto más orgulloso, más ciego. Necesitamos humildad. Segundo, necesitamos una pausa. El Adviento tiene ese carácter como de cierto retiro. Yo sé que el ambiente exterior que solo nos habla de compras, comidas, regalos, no es lo que más favorece. Pero, a ver, si somos de Cristo no nos puede gobernar simplemente el mundo, el mundo y el mundo. Hay que saber hacer una pausa, hay que entrar un poco en nosotros mismos. ¿Para qué? Para encontrar nuestras heridas, nuestras llagas y para reencontrarnos con nuestra hambre.
Entonces necesitamos humildad, necesitamos una pausa y, sobre todo, por supuesto, necesitamos sinceridad. A veces cargamos una máscara para todas partes, la máscara de que somos felices, la máscara de que no hay problema, la máscara de que lo podemos todo. Y es que además, hay tanto lenguaje de autosuperación personal que trata de meternos eso en la cabeza: Tú puedes, tú puedes, tú puedes. Mira, necesitamos sinceridad para reconocer cosas que no están bien en nuestra vida y cosas que realmente no podemos. Vamos a pedir al Señor lo que solo Él nos puede dar, humildad, una pausa y sinceridad ¿para qué? Para reconocer que necesitamos ser curados y, sobre todo, ser alimentados por la Divina Palabra y por el Cuerpo y Sangre de Cristo. Amén.

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