Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

El Adviento nos lleva a aumentar el amor por Cristo y a verlo como el Dios que viene a nuestro encuentro para sanarnos y a fortalecernos.

Homilía v013011a, predicada en 20191204, con 5 min. y 18 seg.

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Transcripción:

¿Cómo puede crecer nuestro amor, nuestro deseo de Cristo en la vida? Es algo que me pregunto cuando a veces noto tanta tibieza. Oye, no será que de verdad nuestra vida cristiana y católica está demasiado tibia, ¿no será? Yo creo que sí, yo creo que hemos caído muchas veces en la tibieza y esa tibieza nuestra, esa especie de lentitud, esa especie de pereza, lentitud, inercia espiritual, se manifiesta de muchas maneras, por ejemplo, poco interés por las cosas de Dios. Eso es, eso es lentitud, eso es tibieza, eso es pereza, poca generosidad. Tantas cosas que hay que hacer, tantos servicios para prestar, tantas personas que esperan con amor nuestro apoyo, nuestro auxilio y que poco a veces reciben.

Entonces fíjate, lentos, indiferentes, desinteresados, medio incrédulos, individualistas, egoístas, poco generosos, necesitamos como que nos sacudan, necesitamos como que nos despierten, necesitamos reavivar ese amor hacia Cristo, ese deseo de que Él viva en nosotros. No se nos puede olvidar la frase de San Pablo: «No vivo yo, es Cristo quien vive en mí». Eso es lo propio de una persona enamorada del Señor, eso es lo propio de una persona, está llena de fe, de esperanza y de caridad.

Bueno, y nosotros que muchas veces caemos en la mediocridad, en la tibieza, en la pereza espiritual, ¿qué podemos hacer? Yo lo comparo con lo que sucede cuando una persona está enferma y de la misma enfermedad como que realmente no quiere comer nada. Te has dado cuenta que muchas veces la persona enferma no quiere comer. Entonces, ¿cómo podemos recuperar esa hambre de Dios, esa hambre de Cristo, ¿cómo la podemos recuperar? ¿Cómo podemos recuperar, también preguntémonos, ese apetito por las cosas de Dios? Pues la buena noticia es que para eso precisamente nos ayuda el Adviento.

Hoy tenemos dos lecturas como de costumbre, la primera del capítulo número 25 de Isaías y el Evangelio tomado del capítulo número 15 de Mateo. Y si tú miras, igual que de costumbre en el Adviento, la primera lectura es la que marca el ritmo, y el Evangelio es el que muestra cómo eso que fue prometido, anunciado, vislumbrado en la primera lectura, se cumple luego en la persona de Cristo, esa es la dinámica del Adviento. Entonces, siempre en el Adviento hay unos hilos muy claros que conectan la primera lectura con el Evangelio.

¿Cuáles serán esos hilos, en este caso? No es difícil encontrarlos, Cristo es aquel que hace realidad la sanación. Lo había prometido Dios por boca del profeta Isaías, que él iba a secar las lágrimas, que él iba a consolar a su pueblo. El tiempo del dolor se termina. Llega ese tiempo en el que se pueden secar las lágrimas, es un tiempo de sanación y eso es lo que realiza Jesucristo. Y Cristo es también el que multiplica con abundancia el alimento y hace posible el banquete. De manera que los dos verbos clave son: sanar y fortalecer. Él sana nuestras heridas y Él fortalece nuestra fe.

Y te digo una cosa, cuanto más miramos estas obras de Cristo, cuanto más miramos lo que Él quiere y puede hacer, pues más se despierta en nosotros, nuevamente resucita en nosotros el deseo de Dios. Mira este Cristo que sana, mira este Cristo que consuela y levanta, mira este Cristo que nutre y alimenta. Míralo, míralo, que para eso es el Adviento. Míralo, míralo y te darás cuenta cómo va renaciendo dentro de ti, el deseo de ser un mejor cristiano, el deseo de tener a Cristo más cerca, el deseo de ponerte en movimiento hacia Él. Y para eso es el Adviento, para salir al encuentro del Dios vivo que ha querido precisamente venir a encontrarnos.

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