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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Superación de la ignorancia de Dios, la muerte, y la división: grandes promesas del adviento.
Homilía v013007a, predicada en 20131204, con 4 min. y 55 seg. 
Transcripción:
Nuestra primera lectura el día de hoy está tomada del capítulo 25 del profeta Isaías, uno de los maestros que nos está guiando en este precioso Adviento. Tres cosas, entre otras, desaparecen de la escena que nos presenta Isaías. Desaparece la ignorancia, no cualquier ignorancia, sino aquella actitud displicente del que pretende ignorar a Dios o aquella actitud indigente del que no ha llegado a conocerlo, o aquella actitud acomplejada del que se siente sepultado, enceguecido, indigno de ver el rostro de su padre. Ya se trate de una o de otra forma de ignorancia, el profeta nos dice: «El velo que cubría las naciones va a ser arrancado». Se acaba la ignorancia, esa es una.
Se acaba la muerte, Se acaba la muerte porque es el Dios de la vida el que nos convoca. Y la muerte de la muerte es la gran liberación, como luego lo va a recordar con un lenguaje tan gráfico, tan vigoroso el libro del Apocalipsis. Se acaba la muerte ¿qué quiere decir eso? Quiere decir que se puede uno entregar completamente porque el gran freno del amor es la finitud. ¿Para qué sirve mi vida, a qué le entrego mi vida? Solo tiene una respuesta lógica si hay primero una respuesta ante la muerte, lo que se va a acabar, lo que no tiene sentido más allá de un límite, tampoco tiene sentido antes de ese límite.
Por eso, un filósofo existencialista ateo como Jean-Paul Sartre tenía que hablar de la vida humana como una pasión inútil. Lo que no tiene sentido más allá de la muerte, tampoco adquiere sentido más allá de la muerte. Al quitar la muerte, entonces tiene sentido amar, entonces tiene sentido entregarse. No están muy lejos los días en los que estábamos escuchando textos de los libros de los Macabeos. Y es impresionante, por ejemplo, en la muerte de aquellos jóvenes que fueron torturados en un intento de hacerles desobedecer a la ley de Moisés, es impresionante cómo en ese pasaje, la certeza de ellos, la certeza de una resurrección, les da un vigor para vivir. El sentido de la vida más acá de la muerte proviene muchas veces de la certeza de que la muerte misma puede ser vencida. Esta es la segunda idea.
Y la tercera idea es que desaparece también la división, es un banquete el que Dios prepara, un banquete abundantísimo, un banquete para todos los pueblos, banquete para pueblos enteros. Y esto está relacionado con la muerte, porque muchas de nuestras divisiones provienen de la idea de una vida escasa. Las guerras empiezan por escasez, escasez de agua, escasez de tierra, escasez de oportunidades, escasez de riqueza. Allí donde el Dios abundante se hace presente, no se necesitan esas divisiones. Entonces termina la división, termina la muerte y termina la ignorancia. ¿Para qué nos presenta Isaías este cuadro? ¿Para qué nos presenta ese final de todo esto que nos agobia? ¿Por qué? Una vez más lo decimos, porque el que tiene la meta a la vista, así sea entre brumas, tiene una razón para correr con todo su ser. Y ese es nuestro Adviento, un camino con una meta fija allá en la gloria, allá en el plan de Dios.

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