Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Dios es el único capaz de consolar, es decir, arrancar los males, y alimentar, es decir, traer sus bienes.

Homilía v013005a, predicada en 20121205, con 4 min. y 41 seg.

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Transcripción:

Hemos comentado ya que el profeta Isaías es uno de nuestros maestros en el Adviento, los otros dos son Juan el Bautista y la Santísima Virgen María. Y se nota bien que Isaías es nuestro maestro, cuando nos damos cuenta que al contrario de lo que sucede en otros tiempos litúrgicos, durante el Adviento la voz cantante, la lleva la primera lectura. Esto es bien notable porque en la Santa Misa, dentro de nuestra Iglesia Católica, lo común es que el Evangelio, el pasaje del Evangelio, es el que marca la parada y las otras lecturas, una o dos que haya, se escogen de acuerdo con esa relación que tienen con el Evangelio para mostrar la preparación que se dio o para mostrar cómo ese mismo Evangelio ya ha sucedido de una manera inicial, de una manera como en semilla, en otro tiempo.

En cambio, en el Adviento la voz principal la tiene la primera lectura, que es casi toda tomada del profeta Isaías. Tome el caso de hoy, por ejemplo, la primera lectura es del capítulo 25 de Isaías, la segunda lectura es del capítulo 15 de San Mateo. Pero eso no significa que mañana vamos a seguir leyendo a Mateo. No, mañana vamos a seguir leyendo a Isaías y encontraremos durante estos días que aparecen textos de Lucas, de Marcos, de Mateo, donde se ve que no es el Evangelio el que está marcando la parada, el ritmo, la voz cantante, sino que es la primera lectura tomada casi invariablemente de Isaías. Y la razón es que este profeta tiene una gran cantidad de anuncios sobre cómo reina Dios y sobre qué quiere hacer Dios con su pueblo.

Por ejemplo, en el pasaje de hoy, ese capítulo 25 de Isaías, se cuentan dos cosas muy hermosas sobre Dios, cómo él consuela a su pueblo y cómo lo alimenta. Fíjate que el consolar es como quitar las huellas del mal y el alimentar es implantar el reinado del bien. De manera que cuando se habla de ese Dios que consuela y alimenta, estamos hablando del Dios que quita aquello que nos ha hecho daño y que trae aquello que nos hace bien. Es una manera tan hermosa de describir lo que Dios hace cuando llega a un corazón. Y fíjate que lo que nosotros encontramos, luego en el Evangelio, es exactamente que eso sucede a través de Cristo.

Y así nos está mostrando la liturgia que este Cristo es el que estábamos esperando, es aquel a quien esperábamos, es aquel a quien anhelaba nuestro corazón. Porque Cristo, en el capítulo 15 de San Mateo, aparece aliviando a las personas, sanándolas, vendando sus corazones lastimados y luego alimentándolos con sus bienes, con los bienes de su sabiduría, con el torrente de sus milagros, con las maravillas de su amor incansable. Qué escuela de esperanza, qué escuela de ternura, qué manera tan pedagógica de llevarnos la Biblia y de llevarnos a nuestra Iglesia para que entendamos en dónde, en dónde está la verdadera salvación, en dónde está el Salvador.

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