Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

El Adviento es una escuela de esperanza.

Homilía v013002a, predicada en 20011205, con 24 min. y 38 seg.

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Transcripción:

El Adviento es una escuela de esperanza, cómo nos ayuda en las lecturas de hoy a crecer en la esperanza. La enseñanza de hoy es, cuando a uno le prometen algo y se lo cumplen, uno crece en la confianza. Cuando a uno le prometen y no le cumplen, a uno le nace desconfianza. Pero cuando lo prometido es cumplido, uno siente una confirmación, una fortaleza interior que le permite confiar más y que le permite esperar más.

Este recurso, es decir, mostrarnos una promesa cumplida, este recurso lo utiliza la Iglesia en el Adviento varias veces. Por ejemplo hoy, la lectura de Isaías es un anuncio, Dios va a preparar un gran banquete. Y la lectura del Evangelio muestra el cumplimiento de ese anuncio. Muchas de las lecturas del Adviento, mis queridos hermanos, son así. Es decir, nos muestran cómo en Jesús se cumple lo que antes se había anunciado, se anunció, se prometió y luego en Cristo se cumplió, se llevó a plenitud lo que se había anunciado. Esto produce en nosotros una gran confianza y produce en nosotros una gran esperanza.

Como dice uno de los Salmos: «Lo que habíamos oído, lo hemos visto en la ciudad del Señor de los ejércitos». Eso produce esperanza, eso produce confianza. A mí me habían dicho que Jesús traía paz y yo ahora siento paz, yo veo la paz en mi vida. Lo que había oído, ahora lo veo. Lo que me habían contado, ahora lo experimento. Lo que me prometieron, lo estoy viviendo. Eso ¿qué produce en mí? Confianza, firmeza, solidez, esperanza. Si Dios, que me prometió en el pasado, ahora veo que me cumple en el presente, eso me lleva a pensar que lo que Dios me promete en el presente, Dios me lo va a cumplir en el futuro. El Dios en el que yo me apoyo es un Dios fiel.

Por eso, el principal motivo por el que está la multiplicación de los panes en la lectura del Evangelio de hoy, el principal motivo es ese, para que nosotros veamos en Cristo y el cumplimiento de lo que había sido prometido por el profeta, por eso está la multiplicación de los panes ahí. Porque hay otros momentos en el año litúrgico en que se cuenta la multiplicación de los panes, por ejemplo, en la Pascua se lee la multiplicación de los panes según la versión de San Juan, pero ahí el sentido es otro, ahí es contar cómo Cristo es el pan que da la vida dentro del contexto de la vida nueva de la Pascua. Esto lo comento porque como nosotros somos servidores de la Palabra, somos predicadores, es muy importante al tomar una lectura, ver no solamente lo que dice la lectura por así decirlo, sino por qué lo dice.

Por qué nos pusieron hoy la multiplicación de los panes. A ver, estamos en Adviento, ¿por qué nos ponen ahí la multiplicación de los panes? Claro, uno puede hacer un sermón y decir cómo en la Eucaristía, Cristo nos alimenta a todos, como Cristo es el pan partido y compartido para todos. Pero la razón principal por la que está esa lectura hoy es para que nosotros veamos cómo Cristo realmente lleva a cumplimiento la promesa. Y es muy bonito eso aplicarlo también a nuestra vida, es lo que nosotros queremos hacer hoy. Nosotros hoy queremos pedirle a Dios que muchas cosas que hemos oído, las haga realidad en nosotros.

Señor, hemos oído que tú traes perdón, que tú traes sanación, que tú traes reconciliación, que tú traes paz. Hemos oído, de pronto hasta lo hemos visto en otras personas o un poco en nosotros mismos, queremos experimentar eso, queremos vivir eso, queremos sentir eso, Jesús. Nos han dicho que eso sucede, lo hemos visto en las grandes multitudes. Aquí no somos una multitud, somos tus pequeñitos, somos tus amigos, queremos experimentar esa obra tuya.

Eso es lo que vamos a hacer en la oración de los fieles, en un momentico. Pero antes de esa oración, yo quiero hacer una anotación. Miremos un poquito más de cerca, volvamos a las lecturas y miremos un poco más de cerca qué fue lo que anunció Isaías y qué fue lo que cumplió Jesucristo. Dice Isaías en esta lectura: «Preparará el Señor un festín de manjares suculentos, vinos de solera, manjares enjundiosos, vinos generosos». Miremos a ver cómo fue el banquete que preparó Cristo, dice aquí: «¿Cuántos panes tenéis? Siete y unos pocos peces. Tomó los panes y los peces, dijo la acción de gracias, los fue dando a los discípulos y los discípulos a la gente».

Es decir que lo que anunció Isaías fue como una comilona, manjares suculentos, vinos generosos. El banquete de Cristo fue como más sobrio, unos panes de cebada, dice San Juan, y unos peces. Es comida, pero no parece ser el manjar suculento que decía Isaías. Además, hay una cosa, miren, decía Isaías: «El Señor de los ejércitos preparará para todos los pueblos en este monte un festín». ¿Cuál es ese monte? Ese monte es el monte Sión, monte que no tiembla, el monte que es como el centro del centro, la ciudadela de David. Y dice que es un festín para todos los pueblos. ¿Qué dice el Evangelio? Alababan al Dios de Israel. ¿A dónde está eso? Está en las sanaciones, dieron gloria al Dios de Israel, un festín.

Y Jesús dice, y Jesús dice aquí, mire lo que dice, estaban en descampado: «No quiero despedirlos. No sea que se desmayen en el camino. ¿Eso qué indica? Mire, comparemos. Jesús obra en descampado. Isaías anunció un festín, un festín no se hace en descampado. Isaías dijo manjares suculentos, Jesús da pan y vino. Isaías dijo para todos los pueblos. Y Jesús hace sus milagros y esta multiplicación para los hijos de Israel. De manera que Jesús cumple lo que dice Isaías, pero esa multiplicación, esa, con ser una multiplicación milagrosa y maravillosa, no es todavía el cumplimiento pleno de lo que dijo Isaías.

Es decir, hay algo de la promesa de Isaías que está todavía por cumplir. Porque Isaías dijo: En este monte, y Jesús estaba por allá en un descampado, en una montaña, junto al lago de Galilea. Isaías dijo: Manjares suculentos, y Jesús reparte pan y peces. Isaías dijo: Para todos los pueblos, y Jesús reparte para los hijos de Israel. Es decir, que esa multiplicación es la señal de que Dios sí puede hacerlo, pero todavía no es la plenitud. La plenitud del cumplimiento tendrá que ser como dijo Isaías, es algo más grande que esa multiplicación. Esa multiplicación es maravillosa, esa multiplicación es bellísima, pero esa multiplicación todavía no es todo. No lo es todo, esa multiplicación, porque faltó que fuera para todos los pueblos y faltó que fuera manjar exquisito y faltó que fuera no en el desierto, sino en verdadero banquete.

¿Eso qué indica? Eso indica que lo que hizo Jesús fue mostrar que Dios es fiel, que Dios cumple su promesa, de manera que cumplió, pero dejó abierta la esperanza. Jesús realizó una obra como para que nosotros digamos: Oiga si, Dios puede hacerlo, Dios va a cumplir su promesa. Pero todavía no es la plenitud. Eso que hizo Jesús es imagen de lo que nosotros vivimos en esta tierra. Nosotros tenemos unas grandes promesas que hemos recibido y unos grandes anhelos que hay en nuestro corazón. Y esas grandes promesas y esos grandes anhelos nuestros son como la profecía de Isaías, lo que Dios hace por nosotros es como la multiplicación de los panes que hizo Jesús y lo que Dios va a hacer por nosotros es lo que seguimos esperando junto con Isaías, es esa plenitud, es ese banquete que está haciendo falta todavía.

¿Eso qué indica? Que Jesús durante esta vida te va a mostrar que Dios es fiel, te va a cumplir las promesas, pero todavía hay una parte que quedará faltando. Siempre, siempre, mientras estemos en esta tierra, siempre somos alimentados, pero al mismo tiempo, ah falta algo. Cristo Jesús, especialmente en la Eucaristía, es alimento, pero es alimento para el camino, alimento para el caminante. Cristo te va a demostrar que te ama, te va a confirmar en tu realidad y en tu vocación, te va a confirmar en lo que has escuchado. Pero Cristo necesita dejar siempre en ti una parte que todavía dice: Me falta, porque todavía te falta camino.

Y ¿cuál será esa plenitud? Pues ya ustedes lo sabrán, ya ustedes lo habrán adivinado. Esa plenitud es eso que tiene comienzo en la Eucaristía, pero que alcanza su totalidad solamente en el cielo. Ahí sí va a ser el manjar suculento, el pan que tiene en sí todo deleite, como anunció el salmo. Ese sí va a ser el manjar suculento, ese sí. Y ese sí va a ser en el monte de Dios el que nunca tiembla porque es la ciudad divina. Y ese sí va a ser para todos los pueblos, porque ahí estarán los hijos de Israel, pero estaremos también nosotros, los pueblos venidos de la gentilidad.

En resumen, mientras estamos en esta tierra, Dios nos muestra con su amor, con su fidelidad, con sus milagros, Dios nos muestra que está ahí, que Él cumple las promesas, que Él es fiel. Pero siempre, siempre, nos va a dejar un poco de hambre, un poco de esperanza, un algo pendiente, porque como dice la canción aquella tan antigua nuestra patria es el cielo, porque hay que esperar un cumplimiento, una plenitud. Y esa es la doble estructura del Adviento. El Adviento es: Me alegro de saber que Dios me cumple, pero cuánta falta me hace mi Dios y cuánto espero que Él termine de realizar todo lo que me ha sido anunciado.

Vamos a seguir nuestra celebración, vamos a seguir con una oración, vamos a pedirle a Dios, a Dios nuestro Padre, que nos permita experimentar la presencia de Cristo. Vamos a pedirle a Jesús que se pasee por aquí, que se pasee por aquí, que nos deje sentir cómo en Cristo se cumplen las promesas, que nos deje experimentar cómo es cierto que Jesús es nuestra salvación, es nuestra sanación, es el amor de nuestras almas.

Espíritu Santo, llénanos de ti. Espíritu Santo, llénanos de ti. Oh Señor, llénanos de ti. Oh Señor, llénanos de ti. Pasa por aquí, Señor, pasa por aquí. Pasa por aquí, Señor, pasa por aquí. Oh, Señor, pasa por aquí. Oh, Señor, pasa por aquí. Sana por aquí, Señor, sana por aquí. Sana por aquí, Señor, sánanos aquí. Oh, Señor, sánanos aquí. Oh, Señor, sánanos aquí.

Vamos a pedirle al Señor que nos visite con su sanación, con su Espíritu. Que venga a nosotros, que nos deje sentir, que podamos decir: Es Él, es Él. Cristo resucitado pasa por en medio de tu pueblo. Queremos abrirte puertas, Señor. Queremos abrirte corazones. Queremos pedirte, Señor, que nos dejes experimentar cómo tú eres fortaleza. Gracias por entendernos, Jesús. Verdaderamente tú eres la imagen viva del amor divino. Bendito seas, Jesucristo.

Bendito, bendito y amado Jesucristo, te abrimos puertas y ventanas, te abrimos nuestra casa, sana esta comunidad, reconcilia esta comunidad, pacifica esta comunidad, unge esta comunidad que es tuya. No fue otro, sino tú quien la hizo y tú estás defendiendo lo tuyo. Unge esta comunidad, apodérate, Señor, de esta comunidad. Reina en esta comunidad, que cada corazón te pertenezca. Que cada uno, Señor, pueda descubrir en ti su medida y su referencia. Vuelve nuestros ojos hacia ti, a veces miramos demasiado, demasiado al ser humano, y el ser humano siempre decepciona. Pero hay un humano que eres tú, un humano divino que eres tú y tú no decepcionas.

Santo Espíritu de Dios mora en mí, mora en mí. Quiero ser lleno de tu amor, mora en mí, mora en mí. Ahora, repitamos ese coro, por favor. Santo Espíritu de Dios mora en mí, mora en mí. Quiero ser lleno de tu amor, mora en mí, mora en mí. Si el fuego de tu luz brilla en mí, la gloria de Jesús irradiaré. Si quebrantas, Santo Espíritu, mi ser, instrumento de Cristo yo seré. Mora en mí, mora en mí, mora en mí, mora en mí.

Santo Espíritu de Dios, Santo Espíritu de Dios mora en mí, mora en mí. Quiero ser lleno de tu amor, mora en mí, mora en mí. Santo Espíritu de Dios mora en mí, mora en mí. Quiero ser lleno de tu amor, de tu amor. Mora en mí, mora en mí. Si el fuego de tu luz brilla en mí, la gloria de Jesús irradiaré. Si quebrantas, Santo Espíritu, mi ser, instrumento de Cristo yo seré. Mora en mí, mora en mí, mora en mí, mora en mí. La última vez. Santo Espíritu de Dios mora en mí, mora en mí, mora en mí, mora en mí. Quiero ser lleno de tu amor, mora en mí, mora en mí.

Un momentico de silencio para ese coloquio de corazón a corazón con Jesús. Jesús crucificado tiene su corazón abierto para ti. Tú has experimentado un poco de la cruz en este año, deja que tu corazón esté abierto también para tu Salvador, para el centro de tu vocación, para el centro de tu vida, para el amor de tu alma que se llama Jesús de Nazaret.

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