Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Tres ideas falsas sobre la santidad: que es para unos pocos, que es muy aburrido y que en la práctica es imposible.

Homilía tsan029a, predicada en 20251101, con 6 min. y 57 seg.

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Transcripción:

Mis hermanos, ha llegado el 01 de noviembre. La fiesta, la gran Solemnidad de Todos los Santos. Para mí, esta celebración siempre ha sido como un signo de esperanza. Y ya que nos encontramos en un Año Jubilar que el Papa Francisco quiso que estuviera sellado por la esperanza, pues qué mejor que mencionar esa dimensión tan bella del llamado a la santidad. La santidad es también el llamado a la esperanza, ¿en qué sentido? En el sentido de que no somos prisioneros ni del pasado ni del presente, no somos prisioneros de los condicionamientos o de los errores que otros han cometido y ni siquiera de los que nosotros hemos cometido.

Es decir, que tú y yo somos historias en construcción, somos historias en construcción. Dios no ha dejado de escribirnos en ese libro, el libro que es tu vida y el libro que es mi vida, pues se sigue escribiendo porque nosotros estamos en construcción, nosotros vamos en camino, somos caminantes, nosotros estamos en construcción, nosotros vamos como peregrinos de la esperanza. Pero para poder avanzar en este camino creo que es importante quitar tres ideas falsas sobre la santidad.

A veces se piensa que la santidad es cosa como para unos pocos, esa es la primera idea falsa, a veces se piensa que la santidad es algo muy aburrido, porque la santidad está llena de prohibiciones: No hagas, no hagas, no hagas. Y para muchos la santidad es algo así como no disfrutes, no disfrutes la vida, no disfrutes lo que haces, no disfrutes el sexo, no disfrutes la comida porque ya vas a pecar, cuidado que vas a pecar. Aquí hay pecado, más pecado, más pecado, la santidad es aburrida. La otra idea es que la santidad tal vez sí se puede conseguir, ay, pero la santidad es imposible, la santidad es imposible.

Y esto surge cuando se miran vidas de santos que a San Lorenzo lo mataron, asándolo vivo, que a San Sebastián lo mataron a base de flechazos, atravesando su carne con flechas, que a otros los decapitaron, que a otros los torturaron, que San Maximiliano María Kolbe lo encerraron en una prisión a que se muriera de hambre y sed. Y entonces, uno mira todo eso y uno dice: Yo no soy capaz de todo eso. Lo lamento, lo lamento, pero yo no puedo. Eso no es para mí, yo no soy ningún santo, eso es imposible.

Entonces, las tres ideas falsas que tenemos sobre la santidad son: que eso es para unos pocos, que eso es muy aburrido y que en la práctica, pues eso es imposible, que no hay manera de lograrlo. ¿Cómo podemos vencer esas ideas? Pues empecemos de atrás hacia adelante. Dios nos ha regalado muchos modelos de santidad, muchos. Y yo quiero destacar algunos de los más recientes. No hace mucho, el Papa León estaba celebrando la canonización de Carlo Acutis y de Piergiorgio Frassati, jóvenes, ambos italianos en este caso. Jóvenes que derriban con su manera de ser, con su manera de hablar, con su manera de vivir, derriban dos de esos mitos que tenemos sobre la santidad.

Que la santidad es aburrida, por favor, ¿conoce a Carlo Acutis? Sabías que a Pier Giorgio Frassati le encantaba lo que hoy llamamos senderismo y subir montaña. Y era buen deportista. ¿Sabías eso? Entonces, Pier Giorgio Frassati o Carlo Acutis pues son imágenes de una santidad que en primer lugar sí es posible y, en segundo lugar, no tiene nada de aburrida. Mira las vidas de grandes misioneros, yo siempre pienso en San Francisco Javier, pienso en Daniel Comboni y dime si esa es una vida aburrida, que es una vida exigente, sí, pero es que todo lo que vale la pena, pues finalmente es exigente.

O no era exigente el trabajo de los grandes científicos, de los grandes artistas, de los grandes filósofos, de los mejores médicos, de los grandes teóricos, de la economía, todo el que ha hecho algo grande ha tenido que esforzarse. Solo que los santos han tenido la sensatez de esforzarse por aquello que no muere. Entonces, sí es verdad que hay santos cuya perfección, uy, a veces nos produce como desaliento. Yo mismo lo he experimentado muchas veces, no una, sino muchas veces con esta santa a la que le debo tanto y admiro tanto, Santa Catalina de Siena.

Es que a veces me parece como tan sabia, como tan perfecta que yo digo no, es que es imposible, es imposible realmente vivir lo que ella vivió. Es que en la búsqueda de la santidad nosotros no estamos solos, no es simplemente nuestro esfuerzo, no es simplemente nuestro deseo, no es simplemente nuestra voluntad, está el Espíritu Santo de Dios. Y te voy a decir una frase que parece tautología, pero no lo es, solo el Espíritu Santo hace santos, y es esa obra del Espíritu la que hace realidad lo que dice la primera carta de Juan: «En esto consiste el amor, no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que Él nos amó primero».

O sea que el camino de la santidad empieza precisamente, con que nosotros nos descubramos. amados, amados en Cristo, amados por el Padre, amados con la fuerza de Pentecostés. Y a medida que ese amor va entrando, va calando, va perfeccionando, va limpiando nuestro corazón, nos damos cuenta que lo que parecía imposible con nuestras solas fuerzas, pues ahora sí lo logramos y ese es el camino de la santidad. Entonces no digas que es para unos pocos, no digas que es aburrido y, por supuesto, no digas que es imposible.

Te lo digo de corazón, es tu vocación más profunda ser santo, ser santa y también la mía. Y es la plenitud de tu felicidad y es el llamado de la eternidad. Bien decía el apóstol San Pablo que nosotros hemos sido llamados para ser santos e inmaculados en su presencia por el amor. Que Dios nuestro Señor te bendiga. Amén.

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