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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Trabaja y permite trabajar a Dios en tu sanidad, pero también trabaja y permite trabajar a Dios en tu santidad y en el camino empieza a servir a tus hermanos, no esperes ser prefecto para llegar al servicio.
Homilía tsan027a, predicada en 20231101, con 5 min. y 58 seg. 
Transcripción:
Ayer, comentando algún texto de San Pablo, hablábamos de la santidad y hoy tenemos la gran celebración, la fiesta, la Solemnidad de Todos los Santos. En esta oportunidad quiero compartir con ustedes una pequeña reflexión sobre dos palabras que en castellano se parecen bastante, suenan muy parecido y, sin embargo, hay que saber cómo se complementan, porque no son exactamente lo mismo. Una palabra es sanidad y la otra palabra es santidad.
Y algo que me gusta, que también sucede en nuestra lengua, es que entre la sanidad y la santidad hay solamente una T de diferencia. Y si miras la letra T es como una cruz. Entonces, tú tomas la sanidad y le agregas una cruz, muy en el centro, y entonces tienes la santidad, sanidad y santidad. Sanarse, sanar nuestro cuerpo para tener una buena salud, sanar nuestras emociones, sanar nuestros recuerdos, sanar nuestra emocionalidad, sanar a veces nuestros afectos es tan necesario hoy. Después de pandemia he comentado con varios amigos que son psicólogos.
Y hace poco me decía uno de ellos: Se han multiplicado los casos de ansiedad y los casos de depresión, ansiedad y depresión se han multiplicado ciertamente en nuestro tiempo. Y en ese sentido, necesitamos sanidad. Y es bello ver cómo Dios a través de medios ordinarios, como puede ser un buen profesional de la salud o de medios extraordinarios, como puede ser el poder de la oración Dios nos sana, Dios nos sana, Dios nos restaura. Y lo primero que quiero recordar es eso, que Dios nos sana, que Dios nos quiere sanos, que Él tiene poder para restaurar, para levantar.
No debemos ponerle condiciones, no debemos ponerle como condición: Mira, yo si quiero que me sanes, pero tiene que ser a través del psicólogo, a mí no me metas nada de oración. O lo contrario, tiene que ser a través de la oración, a mí no me metas con el psicólogo o con el médico. Mira, nosotros tenemos esas dos grandes luces que son la razón y la fe, y tenemos que tener un buen discernimiento, porque muchas veces Dios nuestro Padre nos va a sanar a través de medios naturales, es decir, propios de nuestra naturaleza humana, como es la tarea de un buen médico, un buen especialista, un buen psicólogo.
Dios puede utilizar esos recursos, ahora, hay que saber muy bien a quién escoge uno, pero Dios puede utilizar esos recursos. O Dios también puede utilizar en otras oportunidades, puede utilizar otros recursos para que lleguemos a la sanidad. Pero, así como es importante saber que tenemos que sanarnos, también es importante saber que el proceso de sanación en un cierto momento tiene que conectar con un proceso de santificación y de otra letra s, la letra servicio. Es decir, tú no puedes quedarte toda la vida, simplemente me estoy sanando, me estoy sanando y finalmente se acaba la vida y bueno, me sané o no me sané.
Mira, es necesario sanarnos, pero es necesario servir, es necesario sanarnos, pero es necesario avanzar en la santidad, es necesario sanarnos, pero también es necesario salir de nosotros mismos, ir al encuentro del hermano, marcar una diferencia en la vida de otras personas. Observa cómo en los evangelios Cristo fue enviado a predicar a sus apóstoles y no eran perfectos, y realmente sus virtudes no eran todas. Tenían todavía discusiones sobre quién es el primero, eran ambiciosos, eran, eran imperfectos, no estaban completamente sanos de sus codicias, de sus envidias, que se yo, de sus traumas, porque la gente también se tramaba en otras épocas ¿no?
No estaban completamente sanos y, sin embargo, ya estaban trabajando en el servicio a los hermanos. Así que mi invitación en esta hermosa fiesta de Todos los Santos es que, por una parte, trabajes y le permitas trabajar a Dios en tu sanidad, pero también trabajes y le permitas trabajar a Dios a través de ti, en tu santificación y en el servicio a los hermanos. No esperes, no esperes a ser perfecto para llegar al servicio, no esperes a que todo funcione, a que nada falle en tu cuerpo, en tu mente, en tus emociones, en tu entorno para decir: Ahora sí, como que voy a servir.
Porque hay un cierto peligro de caer también en egoísmo y el egoísmo también nos enferma. Así que ya sabes, sanidad y santidad caminando juntas para bien tuyo, para bien de los hermanos y para gloria de Dios.

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