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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Si se avanza en el camino a la santidad la persona tiene caídas pero éstas son más leves, menos frecuentes y se levanta cada vez más rápido.
Homilía tsan024a, predicada en 20211101, con 5 min. y 20 seg. 
Transcripción:
El 01 de noviembre, nuestra Iglesia Católica recuerda y celebra la Solemnidad de Todos los Santos. La santidad que tiene su fuente en Cristo, autor de la gracia, se derrama abundantemente en el pueblo de Dios con tantas y tan diversas formas de santidad. Un buen día, un buen día este para reflexionar en nuestro propio camino hacia la santidad. Sobre todo, porque, nos damos cuenta que los santos, tan ejemplares en tantas cosas, pues no necesariamente eran perfectos. O sea que digamos así perfecto, como quien dice, no se equivocó en nada, no dijo nada erróneo, no tuvo ni el más pequeño defecto, tal vez no.
Pero, decir que santidad es cualquier cosa, tampoco sirve. Entonces, ¿cómo hablaremos de la santidad? Me parece que lo mejor es hablar como un camino, como un proceso. Y hay que tener en cuenta que la santidad significa siempre esta superación del pecado. El enemigo de Dios y enemigo de nuestra alma y enemigo del futuro de la humanidad, se llama el pecado, y la santidad es victoria de la gracia de Cristo sobre las insidias del pecado. Entonces, el proceso de la santidad ¿en qué consiste? Por supuesto, lo mejor sería que desapareciera completamente el pecado.
Pero ya vemos que algunas imperfecciones pueden quedar, y aún en los santos canonizados encontramos algunas de esas imperfecciones hay. Las biografías de muchos santos nos muestran esos elementos. Piensa, por ejemplo, en un Papa, un Papa canonizado, quiere decir que absolutamente todas las decisiones que tomó, y cuantas decisiones toma un Papa, ¿todas fueron correctas, los nombramientos que hizo todos fueron correctos, los casos que tenía que investigar, todos los investigó? Es difícil, es difícil. Entonces, ¿cómo miramos el proceso a la santidad?
Hay tres indicaciones que provienen en últimas de San Bernardo sobre este tema de la santidad. El santo efectivamente tiene caídas, o sea, algunos pecados, pero con tres características. Las caídas son más leves, las caídas son menos frecuentes y se levanta cada vez más rápido. Si queremos tomar en serio nuestra vocación a la santidad, apliquemos ese criterio, el criterio de San Bernardo. Caídas más leves, porque, claro, lo que quiere el demonio es hundirnos en el pecado mortal y que nos quedemos ahí, que vivamos ahí y que lleguemos a la hora de la muerte para llenarnos de odio o desesperación y lanzarnos al infierno, eso es lo que quiere el demonio.
Pero si el proceso, si el camino a la santidad va avanzando, las caídas son más leves, es decir, los pecados son menos graves. Y esto tiene que darnos ánimo porque muchas veces emprendemos un camino y vamos hacia Dios, y yo lo sé muy bien por experiencia, y uno, ah, se frustra a veces de ver que sigue cayendo y tal vez tus caídas no son las mías, las mías no son las tuyas, pero cada uno sigue cayendo. Pero lo importante es que, si hay caída, la caída es menor en gravedad y la caída es menos frecuente, es decir, hay más vigilancia, hay más presencia de Dios, hay más búsqueda de amistad con Él.
Y la caída, aunque suceda, va seguida de un levantarse pronto. Entonces, amemos a Dios, busquemos servirlo y sigamos este criterio. Que si hemos caído, que sea mucho menos en gravedad. Que si hemos caído, cada vez con menos frecuencia. Y si hemos caído, cada vez nos levantamos más pronto. ¿Por qué? Porque hay un Dios que nos ama, que nos llama, que nos sostiene, que no nos falta. Estamos llamados a ser santos, y yo hago propósito junto contigo hoy de tomar este camino. Que Dios nos bendiga.

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