Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Nuestra plenitud y realización están en la santidad y aunque el camino sea arduo es posible alcanzarla dándole un sí repetido a Dios, renovando a diario nuestro amor hacia Él.

Homilía tsan023a, predicada en 20201101, con 4 min. y 33 seg.

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Transcripción:

Feliz domingo para todos. Este es un domingo muy especial porque celebramos hoy por ser 01 de noviembre la Solemnidad de Todos los Santos. Y tres son las enseñanzas fundamentales de esta fiesta litúrgica. Primera, que estamos llamados a la santidad y estamos llamados no quiere decir que es una opción, entre otras opciones, como quien dice, si quieres o si no quieres. Estamos llamados quiere decir que nuestra plenitud, nuestra verdadera felicidad, nuestra auténtica paz, nuestra realización, están en la santidad.

Estamos llamados a la santidad quiere decir que mientras rechazamos ese llamado, estamos dando la espalda a lo mejor de nosotros mismos, nos estamos contentando con una versión torpe, pobre, incompleta, enferma de nosotros. Tú no aceptarías algo así, si tú vas, por ejemplo, a un restaurante y pides, qué sé yo, una carne y te traen una carne que está de mal sabor, parece que un poco descompuesta, todavía se puede comer. ¿Tú te quedas contento con eso? No es verdad que no. Entonces ¿por qué nos contentamos con menos? Eso es lo primero, estamos llamados a la santidad.

Lo segundo, el camino es arduo, el camino pasa por las bienaventuranzas. Es decir, esto tiene lágrimas, esto tiene hambre y sed, esto tiene persecución, esto tiene pérdidas. El camino no es un paseo, el camino es arduo, es empinado, es estrecho. Y ¿por qué es bueno saber esto? Por lo que dice el libro Eclesiástico en el capítulo 2: «Si vas a servir al Señor, prepárate para la prueba». Nuestra fe cristiana no es un simple buenismo, no es simplemente ser buena persona, llevar la fiesta en paz, palmadita por aquí, palmadita por allá, todos tranquilos, no me meto con nadie. Voy más o menos como me lleva el río.

Como nos han dicho tantos Papas, vida cristiana, vida contracorriente, muchas veces, no todo el tiempo, pero muchísimas veces contracorriente. Muchísimas veces vas a necesitar la ayuda de otros, el auxilio de otros para poder llegar. Entonces, el camino es arduo. Tercer elemento, es arduo, pero es posible. La multitud de santos, santos niños, santos adolescentes, santos que estuvieron casados, santos que fueron al desierto, santos que ejercieron la misericordia, santos que fueron martirizados, santos que son espejos de pureza, santos que son faros de sabiduría. Esa multitud de santos nos está diciendo: Ey, es posible, sí se puede.

Y antes dijimos es arduo, pero sí se puede. Y el camino para que sí se pueda, para lograrlo es siempre el mismo en el fondo, es el camino del sí repetido a Dios, es el camino del amor que se renueva cada día. Es el camino de Aquel que sabe que la cima está más allá, que no he llegado todavía. Y si hay caídas, pues si hay caídas que haya levantadas, pero no sentadas. Las caídas son la mejor forma de levantarse, no de sentarse ni de devolverse. Es un día hermoso para recordar que estamos llamados a la santidad, que la santidad es ardua porque es algo que vale la pena y que sí es posible.

Dios te ama, Dios está contigo, tienes a tu favor. El Señor está conmigo como fuerte guerrero, dice el Salmo. El Señor está conmigo y me auxilia. ¿Qué podrá hacerme el hombre?, dice el Salmo. Si el Señor está contigo, ¿quién contra ti? Así que día para retomar la ruta. Día para decir: Tal vez me había extraviado, me había cansado, me había detenido, pero ahora sé para dónde voy. La gloria para Dios. Así que ánimo, tú y yo ya somos dos. Y en realidad, somos muchos los que estamos convencidos de nuestra necesidad, pero convencidos del camino que queremos recorrer. Amén.

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