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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
¿Se pueden vivir hoy las bienaventuranzas?
Homilía tsan022a, predicada en 20191101, con 28 min. y 58 seg. 
Transcripción:
Queridos hermanos, en esta Solemnidad de todos los santos se lee siempre el Evangelio de las bienaventuranzas. ¿Por qué? Hay tres razones principales. Primera, porque las bienaventuranzas son el retrato del corazón de Jesús, el que vivió las bienaventuranzas, el que mostró el camino a las bienaventuranzas, el ejemplo perfecto y la vida perfecta que está en este texto, esa es la descripción del corazón de Jesús. Así que al leer las bienaventuranzas estamos mirando un perfil de Cristo, estamos mirando cómo es Él y, por supuesto, eso nos ayuda a seguir su camino y a imitarlo.
Segunda razón, las bienaventuranzas son el puente de conexión con el Antiguo Testamento. ¿Cómo termina el Antiguo Testamento? Termina con un pueblo muy humillado, un pueblo muy despojado, el pueblo que volvió del destierro bastante diezmado, y que después de ese destierro a Babilonia, siglo VI antes de Cristo, realmente nunca logró recuperar independencia ni conoció mayor gloria. Ese pueblo humilde es el pueblo que aprendió a poner su esperanza en el Señor, ese pueblo humilde es el pueblo que conecta con las bienaventuranzas.
De manera que si usted quiere tomar una palabra del Antiguo Testamento que conecte con el Nuevo Testamento, esa palabra es los pobres de Yahvé. ¿Quiénes son los pobres de Yahvé? Son aquellos de los que hablaron Sofonías, Isaías, Baruc y otros profetas. Es decir, lo que quedó después de la criba durísima del destierro, la pobreza, la marginación y que condujo al pueblo a buscar a Dios de todo corazón. Los pobres de Yahvé, los pobres de las bienaventuranzas, ese es el puente. De manera que este texto bendito, en cierto sentido, le da una unidad a la Escritura, es bellísimo.
Tercero, leemos las bienaventuranzas, porque todos los santos que ustedes y yo conocemos, y los venerables también, no me deje por fuera los venerables, los venerables, los beatos, los santos, todos aquellos hombres y mujeres que son como páginas vivas del Evangelio en nuestra historia, todos ellos han vivido las bienaventuranzas. Unos más, algunas, otros más, otras. De modo que este texto no solo es el mapa o dibujo del corazón de Jesús, sino que, en cierto sentido, es el mapa del cielo. Entonces, podemos ver grandes santos que destacaron por la misericordia, como decir un Pedro Claver, por ejemplo, una Santa Isabel de Hungría.
Podemos ver esos grandes santos y podemos ver que en ellos se cumple esta bienaventuranza que nos habla de la misericordia. Podemos ver otros santos que lucharon por la justicia, aquellos que se desgastaron por los más pequeños, por los más pobres y defendieron sus derechos, aquellos que pusieron a los últimos en el mapa de la humanidad. Ahí puede acordarse uno, por ejemplo, de un Daniel Comboni. Uno puede acordarse del obispo San Antonio María Claret, personas que se gastaron para darle su dignidad y su lugar a cada uno.
Entre las mujeres, uno puede recordar a Marie Poussepin, la fundadora de las Dominicas de la Presentación. Esa manera de buscar realmente lo que es la verdadera dignidad de aquellas mujeres en esas circunstancias. Entonces, las bienaventuranzas son como un mapa de la santidad, un mapa de los santos, otros brillaron por su penitencia. Pero entonces, ahora nos hacemos una pregunta, este texto tan poético, tan bello y tan profundo, ¿lo podremos vivir también nosotros, de qué manera podemos hacer vida en nosotros este hermosísimo texto? La clave está en el amor, lo hemos dicho en la predicación de la tarde.
Pero, vamos a hacer ahora, y con esto terminaremos nuestra homilía. Vamos a hacer ahora un pequeño recorrido por estas bienaventuranzas, tratando de aplicar cada una de ellas a la realidad típica de nuestra vida. Es decir, cómo puedo vivir yo aquello de dichosos los pobres, los que lloran, los sufridos, ¿cómo puedo vivir yo eso? Vamos a dar unas pequeñas indicaciones, unas pequeñas sugerencias que indudablemente nos van a ayudar a descubrir que ésta es nuestra carta de identidad, esta es también la ruta para nosotros.
«Dichosos los pobres en el espíritu». La expresión, no cabe duda, se refiere a aquellos que desapegándose de las cosas de esta tierra y poniendo su confianza en el Señor, le reconocen y proclaman como su verdadero Dios. ¿Cómo puedo yo vivir eso? Bueno, dos o tres sugerencias prácticas. Primero, descubre cuáles son tus apegos, sobre todo tus apegos a las cosas de esta tierra, todas esas que tendrás que dejar cuando te mueras. La reflexión sobre la muerte nos ayuda a descubrir mucho de nuestros apegos.
Segundo, que nos ayuda en esto de la experiencia de la pobreza, sigamos el ejemplo de tantos santos que han practicado austeridad y sobriedad. Cuántas cosas sobran en mi vida, quizás no esta noche, porque ya vamos a volver un poco tarde a casa, pero pronto, no dejes pasar muchos días. Haz una revisión, haz una revisión de la ropa que tienes, de los libros que tienes, de las cosas que tienes y descubre cómo mucho de lo que tienes está simplemente acumulado. Nos volvemos, nos estamos volviendo una sociedad de acumuladores, acumulamos cosas y cosas.
Haz esa revisión, incluso por salud mental. Hoy hay un movimiento muy fuerte que es el movimiento del minimalismo. Y dicen que eso trae una profunda salud mental, porque en el fondo las cosas que tú acumulas son como tareas pendientes. Cuando tú acumulas algo y tú dices esto me puede servir un día, le estás mandando una orden a tu cerebro y es: No se le olvide que un día tiene que usar, tiene que aprovechar ese pedazo de plástico gastado que quedó del juguete que dañó su cuarto hijo.
Y entonces, en alguna neurona suya, usted está gastando una preocupación porque ese pedazo de plástico roto tiene que servir para algo. Por eso, el minimalismo se está poniendo de moda. El minimalismo ¿qué hace? Que tú te liberes, sal de una cantidad de cosas, sal de una cantidad de cosas. Entonces, sobriedad, austeridad, reflexión sobre la muerte, apego y unión con Dios. Y esta lista quedaría incompleta, si no tenemos en cuenta que la base es compartir, cuando llegamos a ese compartir, entonces ya es distinto. Esas son indicaciones prácticas.
Segunda bienaventuranza: «Dichosos los que lloran». Por supuesto, lo que le da valor al llanto, como decía Santa Catalina de Siena, es el motivo. Entonces, pregúntate ¿cuáles son tus dolores y cuáles son tus llantos? Hay santos que han sido famosos por su espíritu de penitencia. Entre nosotros, los dominicos, se recuerda, por ejemplo, al que es patrono de nuestra provincia en Colombia, San Luis Bertrán, un hombre de exquisito amor a Cristo y, por consiguiente, de gran dolor por las ofensas contra Dios. Entonces, ¿qué puedo hacer yo para que esta bienaventuranza del llanto se cumpla en mí?
Respuesta, lo que puedo hacer es tomar mayor conciencia de cuán ofendido es Dios en tantas cosas, cómo se blasfema, cómo se ofende, cuántos pecados, cuántas burlas, cuántos sacrilegios. Para eso es necesario ver noticias. Usted ¿dónde se entera de las noticias de la Iglesia Católica? Hágase esa pregunta, si usted no está enterándose, hoy por hoy hay que prácticamente ir a internet, eso sin Internet uno no logra enterarse. Si usted depende de la prensa secular, llámese, qué se yo, el Tempo, el Espectador. Aquí en Colombia eso no sirve para enterarse de la Iglesia, eso no sirve para nada, no vale, no sirve.
Usted tiene que apoyarse en las redes sociales que tienen verdadera difusión de las noticias católicas, portales católicos. Y cuando usted empieza a ver lo que está sucediendo, a usted le empieza el dolor. Dolor ¿de qué? Sabe usted ¿cuántas Iglesias han sido quemadas en Francia en el último año? No, no tengo ni idea. Claro, claro, por eso no le duele porque no tiene ni idea, porque no se entera, porque no tiene esas noticias. Entonces, usted vive en su burbuja, usted vive en sus problemas, usted vive en sus cosas y no se entera de todo el dolor que hay en muchos lugares.
¿Cuál es el país que tiene mayor número de asesinatos de sacerdotes en proporción a la población? No es un país comunista, no es un país protestante, no es un país ateo, es México. México es el país donde se asesina el mayor número de sacerdotes. ¿Cuántos sacerdotes han sido asesinados este año en México y en qué circunstancias? No, no sé, no sé. Por eso no llora, por eso no le duele. Entonces, entérese de lo que está sucediendo y así usted llegará al llanto y llegará al dolor. Siempre que puedo menciono una religiosa colombiana, la hermana Gloria Cecilia Narváez.
Gloria Cecilia es mujer, es una mujer consagrada, está secuestrada desde hace meses, desde hace años está secuestrada, está en poder de un grupo islámico extremo. Es una mujer secuestrada por un grupo de hombres extremos. ¿Qué está viviendo esa mujer? Pues hay un grupo de personas que todos los días hacemos una oración por ella, porque nos duele, nos duele por persona, por mujer y por religiosa, nos duele. Así usted aprende a llorar, porque hay que llorar.
¿Cuál es el volumen de abortos que está sucediendo este año? ¿Cuántos millones de personas han muerto desde que se aprobó el aborto en Estados Unidos? Son millones. Si usted no tiene esas cifras, usted no llora, usted tiene que llegar al llanto. Y así puede tomar diversas situaciones de la sociedad. Lo que está pasando con la eutanasia, los dramas que viven las personas, especialmente en los países llamados desarrollados.
Usted sabe lo que es llegar a una edad, llamémosla avanzada, estar usted enfermo o en un asilo, donde nunca le visita su familia, y cada dos o tres días pasa el médico y le dice: Hay una cosa que se llama eutanasia, ¿no? O sea, los están lanzando a la muerte, a la desesperación, al suicidio. Entonces, si usted empieza a enterarse de esas cosas, usted empieza a llorar y usted sale de su espacio de egoísmo, como yo también he sido un espantoso egoísta, el Señor ha querido romper, agrietar las murallas de mi egoísmo y ahí vamos.
Tercero: «Dichosos los sufridos, porque ellos heredarán la tierra». Esto tiene varias expresiones, pero parece que la interpretación más correcta es aquel que prefiere detener la cadena del dolor. Usted se ha dado cuenta con cuánta frecuencia una persona que recibe una injusticia, luego le pasa esa injusticia a otro y ese se lo pasa a otro. Entonces, hay historias sobre esto, ¿no? El jefe mayor humilla al gerente regional. El gerente regional humilla al gerente local. El gerente local se burla del vendedor y lo humilla.
El vendedor no tiene nada, no tiene con quién desquitarse en la empresa, llega a su casa amargado, pelea con la mujer, maltrata a la mujer. La mujer no tiene con quien desquitarse, trata mal al hijo, esas son las cadenas. Entonces, ahora uno se hace esta pregunta: ¿Estoy dispuesto a romper esa cadena? El que rompió esa cadena fundamentalmente fue este bendito Señor Jesucristo. ¿Qué es la cruz? La cruz es el momento en donde hay alguien que dice yo he sufrido y no se lo voy a pasar a nadie.
Hay un santo que fue canonizado no hace mucho, San Juan XXIII, del cual tengo particular amor por una historia que se cuenta cuando él estaba en su agonía. San Juan XXIII estaba en su lecho, que fue prácticamente su lecho de muerte, y una persona que lo acompañaba con frecuencia era su secretario personal, un sacerdote relativamente joven, era su secretario. Y en alguna ocasión, Juan XXIII le confiesa a su secretario personal esta maravilla: Creo que hemos cumplido la voluntad de Dios. ¿Por qué dice eso Juan XXIII?
Acaso porque se sentía orgulloso del Concilio, acaso porque estaba feliz de los logros pastorales, acaso porque le parecían muy bien escritas las encíclicas, no. Hablando como verdadero santo que era, San Juan XXIII dice la siguiente frase: Creo que hemos cumplido la voluntad de Dios. Y suelta esta maravilla: Las piedras que nos arrojaron no se las tiramos a nadie. Esos son los sufridos. Ser sufrido no es victimizarse, porque ahora vivimos en la época en la que todo el mundo se victimiza y todo el mundo se ofende, todos viven ofendidos.
Por eso, hay niños que hacen mala cara desde chiquitos. ¿Por qué? Porque ya están ofendidos. Y usted ¿por qué tiene esa cara? Estoy ofendido, todo están ofendidos. Entonces, ser sufrido, como dicen las bienaventuranzas, no es victimizarse. Ser sufrido es la bendita resolución de detener las cadenas del dolor. Esa gente, la que detiene las cadenas del dolor con mucha frecuencia son mujeres, con muchísima frecuencia son mamás. Con mucha frecuencia son humildes, con mucha frecuencia no reciben un aplauso. Pero alguien sonríe en el cielo, estoy seguro.
Entonces, ¿qué puedo hacer yo para hacer de estos sufridos? Detener, yo voy a detener el dolor. Es que en este lugar todo el mundo se maltrata. Yo no voy a pagar maltrato con maltrato, yo no voy a pagar maldición con maldición, yo no voy a pagar insulto con insulto. Por eso, nos dice el apóstol San Pedro: Responded con una bendición.
Cuarto: «Dichosos los que tienen hambre y sed de la justicia». Este es muy importante. ¿A qué me he acostumbrado ya? El mundo logra que crezca el imperio del mal por el silencio cómplice de tantos que ya normalizaron las cosas. ¿Qué es lo que yo he normalizado en mi vida, a qué ya me he acostumbrado? Tener hambre y sed de justicia es tener la preciosa capacidad de no acostumbrarse. No, yo no me acostumbro, yo no me acostumbro. Porque es que, una vez que te acostumbras a algo, te cambian la medida para que te acostumbres a otra cosa y luego a otra, y luego a otra.
Y hay una historia que yo la conocí en Alemania, pero que vale para muchos otros temas. En un momento muchos padres de familia y muchas madres de familia en Alemania, lo mismo pasó en otros países, pero es que yo conozco la historia en Alemania. Pasó esto, que muchos padres de familia y muchas madres de familia empezaron a resignarse. ¿En qué consiste resignarse? En decir mire, de todas maneras, mi hija se va a acostar con el novio. En vez de que se esté acostando por allá quién sabe dónde y tengan un accidente, mejor que estén aquí. Se resignaron, dejaron de luchar.
La única palabra que podía decir la mamá al otro día era: ¿Cómo quieren los huevitos? ¿Qué pasó después de que se resignaron a que la hija se acostara con el novio? Que después de unos años, tuvieron que resignarse a que la hija se acostara con la novia. Tú cedes un poco y después te piden que cedas otro poco y después te piden que cedas otro poco. El país que aprueba el aborto, como desgraciadamente para vergüenza de Colombia sucedió aquí, aprueba el aborto, pero solo en 3 casos: caso de violación, caso de malformación genética, caso de peligro de la salud para la madre, solo 3 casos. No conociera uno los miserables bellacos que proponen esas porquerías.
¿Qué es lo que ellos quieren? Que se abra una rendija, se abre la rendija y luego se ensancha la rendija. Entonces, cuando usted acepta el aborto por violación. Porque es que, ¿como vamos a hacer? Usted no sabe que usted es un idiota útil que está colaborando para que luego se ensanche la rendija. Entonces, ¿qué es esto del hambre y sed de justicia? Es el arte de no acostumbrarse. No importa que todo el mundo lo apruebe, no importa que les parezca normal, no importa que todas tus compañeras del colegio, todos tus compañeros de la universidad piensen así. Yo no me acostumbro, es el arte de no acostumbrarse, ahí lo puedes vivir.
Quinto: «Dichosos los misericordiosos». Esa es fácil, solo te pido un favor, que cuando vayas a hacer una obra de misericordia tengas en cuenta, por favor, tengas en cuenta que no estés haciendo un negocio, ese es el único favor que te pido. Si tú estás buscando transacción, esto lo dice Cristo claramente en el Sermón de la Montaña, si tú estás buscando transacción, ya eso no es misericordia. Tú eres un negociante, eres un negociante. Entonces, la mejor misericordia es, como él mismo lo dijo, que la mano derecha no sepa lo que hace la mano izquierda. Que no sea una transacción, que sea un genuino dar. Primera Corintios 13: «El amor no lleva cuentas».
¿Qué sigue? «Dichosos los limpios de corazón». Bueno, ahí conviene recordar las distintas limpiezas, limpieza del corazón, claro, limpieza de intención, limpieza de pensamiento. Hay que trabajar en esa limpieza. Entonces, que mis intenciones cada vez sean más limpias, más puras, que mi cuerpo sea puro, hay que trabajar por la pureza del cuerpo, que mi cuerpo sea puro. Cuesta trabajo, pues claro que cuesta trabajo, a veces cuesta más trabajo que otras veces. Cada uno de nosotros tiene distintos tipos de debilidades.
Los maestros de la espiritualidad ignaciana nos enseñaron a decir que cada uno tiene su pecado dominante, tiene su pecado dominante. Su pecado dominante puede que no sea la lujuria, puede que sea otro, pero lo importante es que usted trabaje en la limpieza del corazón. Y aquí recuerdo una frase que dijimos en la predicación de la tarde: Acuérdate que la limpieza de corazón es el arte de amar sin usar, amar sin usar. Y ese arte es un arte muy bonito, por supuesto que no es fácil, pero es hermosísimo, es hermosísimo, porque es el que hace posible que crezcan las amistades.
«Los que trabajan por la paz». ¿Cómo puedo yo trabajar por la paz? Pues el único favor que te pido es bastante obvio, pero el único favor que te pido es que cuando trabajes por la paz, trabajes por la paz completa. ¿Qué es lo que ha fallado en muchos procesos de paz, así llamados, por ejemplo, en un país llamado Colombia? Que se trabaja por la paz, pero solo a ciertos niveles, no, es paz con Dios. Si la paz no empieza siendo paz con Dios, no va a funcionar.
Si la paz no incluye, entonces arrepentimiento, conversión, reparación, que son cosas que siempre ha predicado la Iglesia Católica, no va a ser paz, no será paz, no será paz. O digámoslo de otra manera, paz no será, no va a haber paz. Entonces, necesitamos esa reconciliación con Dios que incluye arrepentimiento, que incluye conversión, que incluye reparación. Si no se dan esos pasos, no habrá paz. Entonces, trabaje por la paz. ¿Eso qué quiere decir? Que trabajar por la paz no es simplemente mantener una apariencia de no violencia.
Mire, ya, ya, ya, no le pegue más por la cabeza al otro. Ya no más, ya, ya. No, no es eso. No es simplemente suspender las agresiones, trabajar por la paz es llegar a que haya arrepentimiento, conversión, reparación, dejarse enseñar por Dios, eso es trabajar por la paz, por eso es trabajo. Lo demás, pues, es bonito. Puede servir para otras cosas, incluso uno puede ganar premios y todo. Bueno.
«Dichosos los perseguidos por causa de la justicia». ¿En qué consiste? ¿Cómo puedo hacer realidad esa bienaventuranza en mí? Hay que aclarar, por causa de la justicia no significa que la justicia me está persiguiendo, hay que aclararlo. Por causa de la justicia, es por ser justos. Y ¿cuál es la manera fácil? Pensemos en un joven. Por ejemplo, este joven, hagamos de cuenta, tomemos aquí esta referencia, este joven, ahí donde está adecuadamente sentado. ¿Cómo puede una persona así trabajar por la justicia? Cómo es que dice aquí, perseguido, ser perseguido por causa de la justicia.
Mire, es muy sencillo, es lo mismo que le dijo a San Pablo precisamente a otro joven, a Timoteo, le dijo: No te avergüences. Uno no tiene que andar haciendo exhibición, pero tampoco tiene que andar haciendo escondite. Entonces, si usted, por ejemplo, a la edad que tiene, pasemos ahora de este joven a esta señorita aquí presente. Le voy a contar una historia a esta señorita. Resulta que en un grupo de oración que tenemos allá en Bogotá, tenemos una costumbre que ha resultado muy bonita y es que tenemos algo que se llama la cruz de fe. La cruz de fe ¿qué es?
Es una cruz relativamente grande, un poquito más grande que esa. Y la idea es que cada semana esa cruz se le da a una persona del grupo y la persona lleva la cruz esa semana. Pero lo interesante es que lleva la cruz a todas partes. Claro, como no es una cruz tan pequeña, no es como esa cruz pequeña, prácticamente diminuta. Entonces, como es una cruz un poquito más grande, entonces eso se nota. Y me acordé de esta señorita aquí presente, Dios la bendiga, porque nosotros le damos esa cruz a niños, a jóvenes, a adultos, a todos. Y un día se lo dimos a una niña que era precisamente como de tu edad.
Entonces, usted imagínese una niña que llega, teniendo en cuenta que vivimos en los tiempos del bullying, una niña que llega a la escuela, al colegio con una cruz colgada. Y es que esa cruz realmente se nota. No es, sino una cruz que realmente se nota, se ve. No tiene uno que adivinar qué fue lo que se puso, no es una cruz, se nota que es una cruz. Entonces la niña, que es así como de su edad, va con su cruz allá al colegio. ¿Qué cree usted que va a pasar? Obviamente están las burlas, están los chistes. Hay gente que cree que para burlarse de una niña es decirle que va a ser monja, que la monjita que no sé qué.
Hombre, yo que tengo una tía religiosa, yo que he visto tanto heroísmo en tantas mujeres consagradas, pues por supuesto, me duele que se digan esas burlas, pero el hecho es que se burlaban de ella, se burlaban de ella. Aquí es donde aparece este texto. Entonces, ¿qué es eso de ser perseguido? Es que yo no me voy a avergonzar. Yo no voy a ser un fanático aburrido, fundamentalista, impositor, entrometido, inquisidor. No, yo no tengo que fastidiar y cansar a las otras personas, pero yo soy lo que soy y no lo escondo y no lo escondo en ninguna parte, porque eso es lo bonito de la cruz de fe, que tú no lo escondes en ninguna parte.
Entonces, que vamos a un restaurante fino, allá va con su cruz. Que vamos al parque de diversiones, allá va con su cruz. Que vamos a una fiesta, ahí está con su cruz. Eso dura una semana. Después de una semana, la persona cuenta su testimonio, y hemos oído unos testimonios. Y de los más bonitos son los testimonios de los niños, porque, créalo usted o no, muchas veces los niños creyentes son de los más perseguidos, de los más perseguidos. Entonces, usted puede hacer realidad esta bienaventuranza.
Hermanos, mucho más podríamos decir, pero que nos quede claro esto, que las bienaventuranzas son un mapa del corazón de Cristo, que las bienaventuranzas son mapa de la santidad de los cristianos y que sí es posible dar pasitos para vivir las bienaventuranzas.

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