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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Si me estoy continuamente descubriendo la misericordia de Dios que se derrama sobre mis miserias y reconozco su providencia que me guía voy por el camino de la santidad.
Homilía tsan020a, predicada en 20191101, con 6 min. y 36 seg. 
Transcripción:
El 01 de noviembre, nuestra Iglesia Católica celebra la Solemnidad de Todos los Santos. También podríamos llamarla la Solemnidad de todos nosotros. Bueno, pero no somos, no somos seguramente en este momento no podemos decir que seamos santos, pero si deberíamos siempre recordar que estamos llamados a la santidad, llamados a la santidad. Y ¿qué es la santidad? Pues es como la perfección de la vida cristiana en nosotros, es la realización del Evangelio en nuestra vida.
¿En qué apoyarnos para pensar en nuestro propio camino para la santidad? A mí se me ocurre que podemos apelar a algunas frases muy brillantes, particularmente brillantes, de algunos santos, de aquellos canonizados. Sabemos que en esta solemnidad se está recordando la santidad del conjunto del pueblo cristiano y, en especial, la santidad de muchos que nunca son ni serán reconocidos públicamente. Pero, apelemos a la preciosa enseñanza de algunos santos y santas que con sus palabras nos han ayudado a descubrir el misterio de la belleza y la posibilidad de la santidad.
Estoy recordando en primer lugar al Padre Pío, un santo que cada vez tiene más acogida, es más conocido, es más amado por muchas personas. Es aquel sacerdote capuchino estigmatizado que vivió en el siglo XX y que nos dejó un rastro realmente grandioso de santidad. Pero cuando él hablaba de sí mismo, este gran fraile tan santo, él decía: Soy un fraile que ora. Lo único que él reconocía realmente bueno en sí mismo y no lo iba a negar porque sería pecar de mentiroso, es que él oraba. Su vida se había convertido en una especie de oración continua.
Entonces, creo que el Padre Pío nos está mostrando una ruta hacia la santidad, porque nos está mostrando que a medida que oramos, es como si nos mantuviéramos en ese horno encendido del amor de Dios. Y es inevitable si estamos en el horno, es inevitable llenarnos del calor y el fuego que transformará todo en nosotros, ahí tenemos una enseñanza sobre la santidad. Otro santo, Ignacio de Loyola, con ese sentido tan práctico y tan, tan cercano que tiene precisamente este santo, nos habla de la santidad. Y ¿qué nos dice la sobre la santidad? Que es amar y servir. Es una síntesis bellísima, en todo amar y servir.
En todo amar, se entiende a Dios y al prójimo, y servir. No quedarnos solamente con la interioridad de los deseos o los sentimientos, sino llegar hasta donde es posible y necesario, a aquello que es concreto para que mi hermano, para que mi prójimo reciba el bien. Desde quizás lo más material, como puede ser brindar un alimento o ayudar a que contenga agua potable, hasta lo más espiritual, como, por ejemplo, ayudarlo a alcanzar los últimos grados en la perfección cristiana. Esa frase es muy buena: En todo amar y servir, nos ayuda.
Recordemos a otro santo, este es Santo Tomás de Aquino. Cuando comienza Santo Tomás la segunda parte de la Suma Teológica, que sin duda es su gran obra, va a hablar de lo que es el comportamiento humano, de lo que es la vida humana. Y entonces, dice que la vida humana es como un camino y que cada decisión es como un paso y que todo consiste en que esos pasos vayan hacia Dios, esa también es una frase preciosa. Entonces, la santidad ¿en qué consiste? En no dejar de caminar y, en que cada paso, en la medida de lo posible, esté más y más orientado hacia Dios. No te detengas y orienta tus pasos. Ahí está la santidad según Santo Tomás de Aquino.
Es algo muy bello, es algo muy sencillo. Cuando le preguntaban a Santa Teresa de Jesús sobre la oración y ya vemos que tiene una gran relación con la santidad, pues ella presentaba la oración como un encuentro de amistad, como un tratar muchas veces con Dios. Es muy parecido a lo del Padre Pío, muy parecido. Y ese tratar con Dios, pues nos va haciendo semejantes a Dios. Otra pista muy grande que nos da Santa Teresa de Jesús es jamás apartar nuestra mirada de la humanidad de Cristo.
La realidad de Cristo en su humildad, en su pobreza, en su pureza, nuestra mirada pegada a la humanidad de Cristo, está pegada a aquél en quien está toda virtud y toda fuerza, para que nosotros cambiemos. Y recordemos, por último, pero, por supuesto, la lista podría ser extensísima. Recordemos por último a Santa Catalina de Siena. Con una frase que puede parecer muy abstracta, Catalina nos dice que el camino de la santidad empieza y avanza a partir del reconocimiento de Dios en nosotros y de nosotros en Dios. Conocer que Dios está en mí, me hace palpar su misericordia.
Conocer que mi vida está en Él, me hace palpar su providencia. Si yo estoy continuamente descubriendo su misericordia que se derrama sobre mis miserias, y si estoy todo el tiempo reconociendo su providencia que me guía, ahí voy, camino de la santidad. Estas son simplemente algunas ideas, breves ideas que no son mías, sino de estos santos y que nos inspiran a una vida cristiana mucho más plena, mucho más bella y mucho más fecunda.

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