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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
La santidad como camino que implica combate, no esperar nada del mundo y esperarlo todo de Dios.
Homilía tsan016a, predicada en 20151101, con 71 min. y 48 seg. 
Transcripción:
Amados hermanos, la celebración de la Solemnidad de Todos los Santos nos recuerda el inmenso don que hemos recibido y la maravillosa vocación a la que somos llamados. Don y vocación son las dos palabras, son los dos ejes que quisiera tomar como referencia en esta meditación, don y vocación. La palabra don nos habla de un regalo, de algo que ya ha sido concedido. La palabra vocación nos habla de una meta, nos habla de un punto de llegada, algo que todavía no tenemos. Y la santidad es, al mismo tiempo, don y vocación.
Es algo que ya se nos ha concedido, porque ya Cristo ha muerto en la cruz. Es algo que ya se nos ha concedido, porque ya Él resucitó de entre los muertos. Es algo que ya se nos ha concedido, porque ya Él oró por nosotros con eficacia infinita, ofreciendo su propia sangre. Es algo que ya se nos ha concedido, porque ya vino el Espíritu Santo, no solamente el día de Pentecostés, sino también sobre cada uno de nosotros, el día del Bautismo, el día de la Confirmación, y en otra multitud de ocasiones donde esa efusión se hace realidad. La santidad es don, es regalo.
Los primeros cristianos estaban tan convencidos de esto que, precisamente, se saludaban los unos a los otros llamándose los santos. Dice, por ejemplo, el apóstol San Pablo: Saluda a los santos que se reúnen en tal lugar, tenían esa conciencia de que todos habían recibido ese Espíritu. Así como hay otras palabras que también en participio pasivo podemos decirnos unos a otros, como la palabra amado. Los cristianos podemos saludarnos de esa manera, amado o amada, porque cada uno de nosotros ha sido maravillosamente amado.
Al ver a mi hermano, independientemente de su nombre, de si me cae bien o mal, de si es mayor o menor, de si tiene muchos o pocos carismas, lo primero que yo veo en el rostro de mi hermano es uno que ha sido amado. Hay otras palabras que también se pueden aplicar, por ejemplo, la palabra perdonado. Y puedo mirar a mi hermano y entender, este ha sido perdonado, hay sangre eficaz de Cristo que le ha instituido, lo ha puesto en suelo firme porque Dios lo ha perdonado. Pues del mismo modo, nos podemos mirar unos a otros y podemos decir: Aquí hay un santo, aquí hay una santa.
Parece extraño este modo de hablar, pero debemos recuperar la conciencia de que Dios, en su grandeza, ya ha puesto ese cimiento. Dice el apóstol San Pablo: El cimiento ya está puesto, es Cristo y nadie lo puede quitar. Ya el cimiento está, ese nadie lo puede quitar. Pero también el mismo apóstol dice en otro lugar: Mire cada uno cómo edifica. Hermanito, tienes el mejor cimiento, cimiento capaz de edificar en la tierra al cielo. Esto sería la envidia de todos los ingenieros y los arquitectos del mundo, un cimiento tan sólido que puede edificarse de la tierra al cielo.
Los que saben de ingeniería, saben que estos proyectos de edificar de la tierra al cielo no son solamente utopía. Y hay gente que está trabajando en lo que se llama un ascensor estratosférico. Parece ciencia ficción, pero están pensando diseños y materiales para dejar de estar lanzando cohetes para alimentar la Estación Espacial Internacional. ¿Por qué no hacemos un ascensor? Un ascensor de unos 60, 80 kilómetros de alto, con la ventaja de que cuando ya el ascensor alcanza esa ventaja por el mismo movimiento de la Tierra, el peso de la torre cambia.
Pero no entremos en esos detalles, en la fiesta de Todos los Santos. El hecho, hermanos, es que el cimiento está puesto, cimiento maravilloso, cimiento sólido. Dios ya puso el cimiento en tu vida para que fuera santo. Si no lo eres, ya no es responsabilidad de él, porque Él ha puesto el mejor cimiento, el mejor cimiento para ti. Es un don, ya lo tienes. Hemos recibido todo, todo lo que es necesario, todos los auxilios de la gracia, todos los auxilios de los sacramentos, toda la Providencia de Dios. Al mismo tiempo, la santidad es vocación.
Precisamente vocación por aquella frase famosa de San Agustín, el obispo de Hipona: «El que te creó sin ti, no te salvará sin ti». Muchas gracias. «El que te creó sin ti, no te salvará sin ti». ¿Por qué Dios quiere contar con mi voluntad libre? Porque Él mismo me dio esa voluntad. Entonces, Dios quiere llevar a plenitud su obra en ti, pero quiere llevarla con la colaboración de tu voluntad. Voluntad que Él mismo sana, unge, bendice a través del don de su Espíritu. Entonces, la santidad también es vocación, también es camino, también es recorrido.
Las lecturas de hoy, cada una a su manera, nos ayudan a descubrir 3 aspectos de este camino. Vamos a irnos a cada una de esas lecturas para ver cuáles son las condiciones de ese caminar. Pero ahora que vamos a hablar del camino, que no se nos olvide lo que ya dijimos, el cimiento ya está puesto, el Señor te da el recurso, Él te da la fuerza, te da la alegría, te da la unción, te da el poder, todo viene de Él. Y por eso, nuestro camino es un camino que tiene la certeza de la victoria, el cristiano no se mueve en la incertidumbre.
Con la misma certeza con la que decimos amén cuando nos cuentan que Dios nos ama, con esa misma certeza debemos decir: Santo me quiere Dios. Amén. Falta un poco de convicción en ese Amén. Espero que, hacia el final de la homilía, cuando se les pregunte si tienen convicción de su vocación a la santidad, este amén suene un poco más robusto. Vamos a la primera lectura del libro del Apocalipsis. Hay dos características de la santidad que aparecen representadas, por una parte, en el grupo de los 144000 y, por otra parte, en la inmensa muchedumbre.
La característica de los 144000 es que son elegidos. Y esto es lo que nos dice el texto: «Se ordenó a aquellos ángeles: no dañen a la tierra, ni al mar, ni a los árboles, hasta que marquemos con el sello la frente de los servidores de nuestro Dios». Los 144000 tienen esas dos características, que son elegidos y que son servidores y servidor es aquel que se empeña, es aquel que sirve, es aquel que tiene un Señor. Cristo dice: No se puede servir a dos señores. De manera que los servidores son aquellos que han reconocido como Señor de sus vidas a Dios.
Son aquellos que, en medio de los ídolos del mundo, han perfeccionado su opción por Dios. Son aquellos que han sido tentados, son aquellos a los que el mundo ha tratado de seducir, son aquellos a los que el demonio ha tratado de confundir, son aquellos que han experimentado el dolor de la carne que cruje en soledad, enfermedad o en debilidad. Y, sin embargo, han dicho: Dios es mi Dios. Esos son los servidores, siendo humanos, han obrado como verdaderos ángeles y por eso, en el cielo se asocian a los ángeles.
Porque no pudieron las seducciones del mundo, porque no pudieron las confusiones del demonio, porque no pudieron las quejas de su propia carne, no pudieron separarlos de la opción que habían tomado. Y aquí tenemos una primera y radical enseñanza para nosotros, la opción renovada una y otra vez, nuestra opción por Cristo hay que renovarla. No basta, aunque es bellísimo recordar la historia y saber que es muy importante recordar lo que Dios ha hecho y el retiro que yo tuve y el momento en el que me convertí. Amén, todo eso está precioso, pero tú no puedes dejar el Cristo en la historia, no lo puedes dejar allá.
Tu opción es de cada día, porque el ataque del demonio es cada día. Acuérdate, San Pedro dice: Ronda, buscando, ronda, no se detiene, ronda. Tú sabes lo que es ronda, es darle la vuelta. A ver por dónde, por dónde, por dónde, por dónde, por dónde. Esa es la pregunta que tiene el demonio frente al cristiano, ¿por dónde ataco, por dónde me meto, por dónde? Esa, esa es la historia de el. Y si el demonio está rondando, el cristiano le está diciendo una y otra vez a Jesucristo: Tú eres mi Señor, Tú eres mi Señor, Tú eres mi Señor. Esa es la característica de un servidor.
He hablado del demonio del mundo y de la carne. ¿Qué intenta el demonio? El demonio intenta confundirte. ¿Cómo intenta confundirte el demonio? Se nota muy bien en la historia de Santa Catalina de Siena. A veces, intenta llevarte a una falsa seguridad: Oh, qué grande es tu santidad. Oh, qué grande es tu sabiduría. Cuánto has crecido, pero qué altura, pero qué sapiencia. Y una vez que te tiene por allá alto, te lleva al descuido en tu oración o te lleva a la vanidad o te lleva al orgullo o te lleva a la hipersensibilidad. Nos volvemos líderes intocables: Cuidado conmigo, porque yo tengo una experiencia impresionante de Dios.
A mí me parece que la sencillez y la austeridad del Papa Francisco son un gran testimonio en esto. Este es un hombre que a toda costa quiere lo más sencillo, ustedes han visto fotos de las habitaciones de él, conocen sus costumbres. Es un hombre que lucha contra eso, porque existe ese peligro. Entonces, el demonio intenta confundirte. A veces, levantándote mucho: Vales mucho, eres muy inteligente, eres muy valioso. Llevas tanto tiempo sin pecar, ¿no echas de menos el pecado? El demonio intenta confundirte. ¿Por qué? Porque el que se siente seguro ya no se asegura, porque el que se siente seguro ya no vigila. Y Jesucristo dijo: Vigilad y orad.
Entonces, el demonio intenta confundirte llevándote a una falsa seguridad: Ya tengo un hogar perfecto, estable, todo funciona en mi vida, todo está bajo control. Cuidado con eso, porque aquel que asocia la amistad con Dios, con una estabilidad en esta tierra, se va a desestabilizar en su fe cuando se le desestabilice su situación laboral, cuando se desestabilice su salud, cuando se desestabilice un hijo, una hija. Entonces, yo he conocido personas muy cristianas que estaban en la falsa seguridad. Desde que creí en Dios todo está tranquilo en mi vida, qué bien me va con Dios.
Y de repente un hijo enfermo, un hijo con una deficiencia mental, un hijo drogadicto. No, ¿esto por qué? No, ¿cómo así? Esto no puede ser. El demonio lo llevó a confusión. Cuidado, cuidado. El demonio trata de levantarte a una falsa seguridad. ¿Por qué? Para que dejes de vigilar. Y cuando dejas de vigilar llega el zarpazo que se llama catástrofe, enfermedad, bancarrota, traición, calumnia. Uy, la cantidad de grupos de oración que yo he visto. Servidores entregados, entregados totalmente, incluso gente que dejó el trabajo. Y un día, entonces, ¿qué pasa?
Que el demonio le empieza a decir: Oh, qué admirable. Oye, pero lo que tú has hecho, nadie lo hace realmente. Qué cosa tan impresionante. Y ¿has visto cómo esa manada de desgraciados te paga? Ay, cómo han sido ingratos conmigo, yo, que lo ofrecí todo, yo, que lo entregué todo. Y se apartan de la fe. Entonces, el demonio intenta confundirte. ¿Cómo intenta confundirte el demonio? A veces te levanta, pero solo he dicho ese caso, otras veces te hunde. Otras veces te hunde ¿cómo? Tantos años que lleva sirviendo a ese Cristo y no has podido salir de este pecado. Eso también es otra manera de producir confusión.
¿Dónde se ha visto que haya un santo gordo?, dice el demonio. No tienes ni siquiera control de tu apetito, no tienes control de nada. Todas las santas son bonitas y seamos sinceros, no clasificas, no llegas. Por eso, a mí no me gustan los artistas, porque entran en unos procesos de photoshopear las santas y las santas resultan bonitas. Y resulta que no todas las santas eran bonitas. No, señor, eso no es cierto. Entonces, el demonio intenta confundirte. ¿Cómo te intenta confundir? A veces te levanta, te levanta y te levanta para que dejes de vigilar. Otras veces te hunde ¿para qué? Para que dejes de confiar.
¿Cómo puede estar Dios conmigo? Yo todavía cometiendo estos pecados, tantos años sirviendo al Señor y todavía caigo en murmuración. Tantos años sirviendo al Señor y sigo siendo un perezoso, sigo siendo un desordenado. Tantos años sirviendo al Señor y todavía con estos pensamientos impuros. Tantos años sirviendo al Señor y todavía con tentación de infidelidad con mi esposa. Entonces, el demonio intenta confundirte. Y ¿quiénes son los de la primera lectura? Los de la primera lectura son los servidores.
No importa el vigor de los vientos en contra, no importan los ataques del demonio, no importa si el demonio quiere levantarme demasiado o hundirme demasiado. Cuando el demonio intente levantarme demasiado, me acordaré, soy hombre de barro y todo lo he recibido por gracia de Dios y debo vigilar, cuando intente levantarme. Y cuando intente hundirme, Jesús confió en ti, tu misericordia es mi esperanza, todo lo puedo en Cristo que me fortalece, ahí hay que mantenerse. Uno no se debe dejar subir ni bajar por el demonio, el demonio no jugará conmigo. Eso lo tienes que decir hoy, el demonio no jugará conmigo, ni me va a subir ni me va a bajar.
Dice la Imitación de Cristo, el libro de la Imitación de Cristo: No eres más porque te alaben, ni menos porque te vituperen. Hay que saber mantenerse en esa estabilidad, pero eso es solo un enemigo que se llama el demonio, que intenta confundirme. El mundo, ¿qué pretende el mundo? El mundo pretende seducirme y pretende también asustarme, esos son los dos verbos propios del mundo. El mundo quiere seducirme. Seducirme es adormecer mi conciencia, ensanchar los márgenes. Sobre esto, con la bondad de Dios, vamos a tener una predicación que llevo un tiempo preparando, Dios permita que sea útil para todos.
Vamos a tener una predicación esta tarde sobre eso, sobre cómo el mundo a toda costa quiere que nosotros vayamos relajando y relajando nuestros límites. ¿Para qué? Por ejemplo, para hacer más normal, el mundo intenta normalizarnos. Usted, ¿qué va a hacer el domingo? Voy al grupo de oración. ¿Qué grupo de oración? El domingo es para pasear. Usted ¿qué va a hacer el viernes? Voy a la oración. No, el viernes es para la rumba. Usted ¿qué va a hacer? Usted, ¿qué va a hacer con su juventud? Voy a entregarla a Dios. No, no, no, la juventud es para disfrutarla, para gozar. El que no se ha emborrachado, el que no ha tenido 4 novias, no sabe lo que es juventud.
Entonces, uno empieza a sentir que tiene que normalizarse y el deseo de normalizarse es la seducción del mundo. Y cuando el mundo ve que no puede seducirnos, entonces empieza a asustarnos. Si usted sigue con tanto rezo, se va a quedar sola, sola, sola, muy sola. Sola, sola. Empieza a asustar. Y usted que dejó su trabajo, pues desde lo profundo de su quiebra, usted verá como todos los demás surgen, va a ser pobre y necesitado, va a ser un fracasado, todo lo que usted hubiera podido lograr. Entonces, el mundo nos asusta, nos seduce o nos asusta.
Pero dice el libro del Apocalipsis que los servidores son servidores del Señor. Entonces, no me dejo seducir. Hay más claridad moral en muchos lugares de Bolivia que en mi país, mi país anda muy mal moralmente, muy mal, hay que orar mucho por Colombia. Bolivia tiene mayor claridad, hasta donde yo alcanzo a ver, tiene mayor claridad moral en muchas cosas. Pero la guerra es en todas partes, en todas partes. Entonces aquí llegará, ya llegó, ya está también la misma guerra, la misma, para que aceptemos lo mismo que se acepta en todos los otros sitios.
Ustedes ya conocen la clásica guerra, aborto, eutanasia, matrimonio gay, en todas partes es lo mismo. Y llega el momento en el que tú te encuentras con un grupo de amigas de tu edad y resulta que todas ya cedieron, ya consideran que eso es normal, ya consideran que bueno el aborto, por lo menos en caso de malformación genética. Yo creo que sí, yo creo que sí. Y uno empieza a sentirse solo y uno empieza a sentir que uno es el raro y uno empieza a sentir que uno es el que no es aceptado.
Aquí por curiosidad, sin ningún compromiso, quiénes de entre ustedes tienen un amigo o amiga que ya admite el aborto o por violación o por malformación genética o algo así. Levantar la mano el que tenga un amigo o una amiga que ya admite el aborto en esas condiciones. Miren, manos levantadas. No tengan vergüenza, levántenla bien, levántenla bien. Ese es el combate que ya tenemos. Yo también puedo levantar la mano porque yo también tengo personas así. Entonces ¿qué pasa? A medida que son más y más personas las que van aceptando eso, más y más personas, incluyendo sacerdotes.
Hace poco estuve en una reunión de sacerdotes de mi comunidad en Bogotá y decía un padre que pertenece a otra región de mi comunidad, decía que él consideraba que la Iglesia tenía que dar pasos para aceptar el matrimonio gay, sacerdote, tenía que dar pasos. Su razón principalísima era que él tiene un sobrino que ya se declaró homosexual, ya salió del armario o del clóset o de no sé dónde, porque en unos países se dice una manera. Aquí, como se dice, salió de ¿qué? Del clóset. O sea que ya encontramos sacerdotes, ya encontramos sacerdotes, ya encontramos obispos.
Entonces, llega el momento en el que el mundo empieza a hacernos sentir que somos minoría, que somos del equipo de los perdedores, que tal vez estoy siendo muy duro, tal vez estoy siendo muy dura, seguramente. Y el ataque más fuerte es contra las mujeres, es un ataque muy fuerte contra las mujeres. Tal vez haya aquí algunas de las que ya han escuchado amigas que dicen: Me parece que te estás volviendo un poco fanática. Me parece que allá en esa comunidad Betania, te están volviendo un poco extremista, fundamentalista, fanática. Y la persona empieza a decir, ¿será que me estoy volviendo fanática?
El mundo intenta seducirnos y si no lo logra, intenta asustarnos. Ya se aprendió los dos verbos del demonio, el demonio intenta exaltarte o si no deprimirte, y el mundo intenta seducirte o si no asustarte. Y ¿qué entendemos por carne? Carne tiene toda una teología en el Nuevo Testamento. Pero una de las cosas que hace la carne, es que la carne nos enfrenta con nuestra propia debilidad, con nuestra propia necesidad. Necesidad de afecto, necesidad de cuidado, necesidad de ternura, necesidad de pertenencia. Sobre todo, hay tres palabras claves ahí: la necesidad de pertenencia, la necesidad de cuidado y la necesidad de alegría.
La necesidad de un cierto placer, todos necesitamos algún tipo de placer. Encontrar la medida justa del placer no es fácil. Es evidente que si a uno le dicen: Mira, vas a comer de ahora en adelante este cartón mojado que tiene todo tipo de vitaminas, proteínas y minerales, sabe a cartón mojado, pero esto te va a alimentar. Vivir en ese tipo de dieta sería muy difícil. Y vas a dormir en el suelo o sobre puntillas, tú escoges. No, evidentemente uno necesita unos ciertos márgenes de comodidad y de placer. Entonces, esas necesidades son las que nos hacen también débiles, la necesidad de pertenencia.
Identifique bien lo que es carne y necesidad de pertenencia, la necesidad de cuidado. Cuidado ¿es qué? Necesito alimentarme, necesito tener buena salud, necesito sentirme bien, necesito estar, no puedo vivir en un estrés permanente. Necesidad de, haber las repito en orden. Necesidad de pertenencia, necesidad de cuidado y necesidad de placer. Esas tres necesidades son muy típicas de la carne, la carne nuestra. Eso significa que como seres humanos que tenemos un cuerpo, que vivimos en esta tierra, cada uno de nosotros necesita pertenencia, uno necesita pertenecer a algo.
Uno necesita cuidado, uno necesita salud, alimento, necesita una cierta estabilidad emocional. Y uno necesita placer, necesita alegría. No se puede vivir sin alegría, uno necesita. Entonces, ¿qué pasa? Que como hay esas necesidades que son las necesidades de la carne, entonces también vienen los ataques de la carne. Y los ataques de la carne ¿cuáles son? Pues con respecto a la pertenencia, la necesidad de la carne se manifiesta claramente en el Nuevo Testamento por la manera como obraban los judíos. Resulta que los judíos tenían una adhesión muy grande en sus comunidades.
Cada una de esas comunidades en la dispersión en los distintos lugares del mundo de aquella época, cada uno de esos judíos sentía pertenencia, una vivísima pertenencia a lo suyo. Y cuando llega a San Pablo predicando el amor de Cristo, la resurrección de Cristo y cambiando, subvirtiendo completamente ese orden, se confunden y dicen: Entonces me voy a quedar sin sinagoga, me voy a quedar sin grupo. Entonces se agruparon entre ellos para atacar a Pablo, eso se llama carne. La necesidad de pertenencia, lo que pasaba en la primera carta a los Corintios, lo que describe también San Pablo: Yo soy de Pedro. Yo soy de Apolo. Yo soy de Cefas. Yo soy, yo soy de Cristo.
Eso es pura necesidad de pertenencia, ¿no? Hay a veces unas peleas hasta absurdas. Así, por ejemplo, sucedió en un pueblo de Colombia, yo doy ejemplos del país que conozco un poco más. Resulta que hay una cofradía hermosa de Nuestra Señora del Carmen y una cofradía de Nuestra Señora del Rosario. Pero un día no organizaron bien sus recorridos y el día de las procesiones se encontraron en una esquina los de la Virgen del Carmen y los de la Virgen del Rosario. Y vieran ustedes peleando a los de la Virgen del Rosario contra los de la Virgen del Carmen.
Eso es ridículo, es decir, eso es un espectáculo para demonios, pero eso pasa. Entonces, a veces pelean los carismáticos de esto, con los carismáticos de esto. A veces pelean los de este grupo con los de este grupo. A veces los marianos contra los carismáticos, los tradicionalistas contra los progresistas, los de derecha contra izquierda. Eso es fiesta para Satanás. Y eso brota ¿de qué? De la carne, porque la carne busca pertenencia. ¿A qué pertenezco yo? Y luego, la carne busca también cuidado. Pero el cuidado, cuando se desborda ¿en que se convierte? En un miedo, en un pánico frente a toda carencia.
Y la carne busca placer y en la búsqueda de placer muchas veces hay excesos y hay pecados y hay lujuria y hay muchas otras cosas. Entonces, a todo eso yo lo llamo el crujir de la carne. La carne cruje, la carne reclama. Si ustedes quieren saber cómo funciona la carne, miren cómo funciona un bebé. Los bebés funcionan de esa manera. Entonces, el bebé se queja, si lo oye, oiga. Así son los bebecitos, pero claro, ellos son inocentes porque no han desarrollado muchas otras cosas, el uso racional, el conocimiento de la gracia, etcétera. Un bebé funciona como carne, exactamente así.
Entonces el bebé. ¿Cuáles son los verbos del bebé? Quejarse, comer y dormir, esos son los verbos del bebé. Luego va aprendiendo más cosas sonreír, abrazar, amar, agradecer. Pero así, chiquitos, chiquitos, los bebés lo que hacen es, es eso, ¿cierto? Se quejan, comen y duermen. Lo que pasa es que Dios le da a los papás un amor, una paciencia, una ternura que todo les parece hermoso. Ay parece que tiene hambre, tiene sueño. Pero si uno examina fríamente, pongamos aquí un bebé y examinémoslo fríamente. ¿Cuáles son los verbos del bebé? Quejarse, comer y dormir. Eso es lo que hace el bebé, ¿o no? Chiquito, eso es lo que hace.
Lo que pasa es que ustedes son unos papás. Miren esa sonrisa, qué lindo. Pero el bebé pequeñito lo que hace es eso. Entonces, en la carne y lo que hace es eso, quejarse, reclamar. Entonces, usted va al grupo y la carne se queja. Como que no me quieren tanto, no sé, como que me miraron, como que no me miraban. No sé, como que no me siento bien. Mejor me voy a otro grupo donde sí me quieran. Eso es pura carne, pura carne, eso se llama carne y solamente eso. A ver cómo me siento, a ver cómo experimento esa alegría, ese placer. Bueno, ya hemos visto demonio, mundo y carne.
El demonio intenta confundirnos a través de exaltarnos o deprimirnos. El mundo intenta seducirnos o intenta asustarnos. Y la carne lo que hace es quejarse, la carne cruje. Y ¿qué pasa con los servidores? Los servidores son aquellos que, aunque experimenten la fuerza del ataque del demonio, aunque experimenten la riada, la fuerza, la corriente del mundo que quiere llevarme. Y aunque por dentro la carne les cruja, se han mantenido fieles al Señor, se han mantenido servidores de Dios. Entonces, ¿la carne va a seguir crujiendo? Sí, eso es así, la carne va a seguir crujiendo de una manera o de otra.
El joven siente que la carne le cruje porque necesita emoción, necesita acción, necesita placer, necesita novedad, esa es la manera como la carne cruje en la juventud. Ya vimos cómo cruje en el caso del bebé, pero dejemos a los bebés tranquilos. En la juventud, la carne cruje buscando placer, buscando acción, buscando novedad, buscando protagonismo, buscando emoción. Después uno llega a estas edades avanzadas, allá la de la señora y la mía. Ya uno llega a las edades avanzadas y ya, por ejemplo, eso de la acción y de la novedad.
Yo me acuerdo, por ejemplo, una vez que estuve en Edmonton, en Canadá, y había una de esas que llaman montaña rusa, le llaman así también aquí, esa cosa que sube y baja y era muy famosa, una que daba la vuelta completa, ¿no? Y como estábamos en un día de descanso después de la misión. Padre, móntese, móntese ahí. Entonces yo dije: No, no sé si es seguro. Sí, padre, sí es seguro aquí se ha montado más gordos. Claro, cuando ya me quitaron mi disculpa. Entonces, yo montado, pero ahí fue donde me di cuenta, ya no soy joven porque uno de jóvenes buscando eso, a ver qué se siente, y eso sube y baja y da vueltas.
En cambio, yo estaba pensando era, esto no se sabe, luego vendrán las noticias. Primera vez que se estalla una montaña rusa, esto no va bien, no va bien. Pero bueno, no pudiendo hacer nada me subí. Realmente ahí entendí el pasaje que dice: Como cordero llevado al matadero. Y efectivamente no le vi ninguna gracia a eso, porque además el esfuerzo en los músculos del cuello, yo creo que todavía me duele el cuello, es bárbaro. Claro, eso está bien diseñado, muy bien diseñado. Pero la fuerza o lo que llaman los niveles de G, de gravedad que tú experimentas en eso es bravo, porque es la manera de asegurar que todo va a funcionar bien.
Entonces, la carne en la juventud cruje de una determinada manera. Necesito aceptación, necesito que me quieran, todo programa es simpático. Mira, vamos a madrugar en la montaña. Vamos, vamos, vamos, vamos. Todo parece fantástico. A medida que uno va avanzando en los años, la carne cruje de otra manera. Entonces ¿cómo cruje? Por ejemplo, la persona mueve la rodilla, crac, crac, ahí le cruje, crac, crac. Ese es todo un tema. ¿Cómo se levanta de la cama un joven? Da un salto, pum, queda parado. En cambio, ya las personas de cierta edad le van pidiendo permiso. Me puedo mover para allá, le dice al brazo. Me puedo mover para allá. Ay, ay, ay, esa es la levantada.
Entonces la carne cruje de otro modo, ya vienen las preocupaciones por la salud, las preocupaciones por la soledad, las preocupaciones por la enfermedad. Eso que tú empiezas a revisar tu celular, porque yo también tengo celular. Cuando tú empiezas a revisar tu celular y empiezas a revisar contactos y empiezas a decir: Bueno, y ¿este qué fue? Muerto, el otro, muerto, muerto, muerto, Cuidados intensivos. Entonces viene ese otro, otro crujir, cuando se le van acabando a uno los amigos, se le van acabando a uno de los amigos.
Hace dos semanas, tres semanas, murió el padre mayor de mi convento, allá en Bogotá, Padre Luis Carlos Perea. Eso significa que todos quedamos un puesto más adelante. Y es que eso no lo entienden los jóvenes a estas edades, por ejemplo, a esta edad suya ¿qué se puede esperar? Cuando uno va avanzando. Es que, póngase a pensar en el caso mío. Yo digo en el convento, el convento mío, somos un poco más de 50 frailes, incluyendo muchos jóvenes de filosofía y teología. Entonces, aunque uno no quiera, uno va haciendo cuentas de cuántos están arriba, ¿cierto? Cuántos están abajo de la edad de uno.
Entonces, uno empieza a ver: Arriba mío. Ta ta, ta, ta. Bueno, quedan 6. Se murió uno, quedan 5, 4. Uno empieza a sentir que esa es una cuenta regresiva, tres, dos, uno, eso impresiona. La carne cruje, la muerte llega, uno se asusta, uno se vuelve cobarde, uno se vuelve miedoso. Pero los servidores, sea en la juventud, o sea en la edad madura, se mantienen firmes. Esa es la enseñanza de la primera lectura. Se aprendió bien, me gusta que muchos tomaron sus apuntes sobre demonio, mundo y carne. Pero se los repito por última vez.
El demonio intenta confundirte, exaltándote para que dejes de vigilar, deprimiéndote para que dejes de confiar. El mundo intenta seducirte para que te unas al club de los adúlteros y pecadores, o intenta asustarte sobre todo con que te vas a quedar solo, con que tu causa está perdida, con que eres del equipo de los perdedores. Y la carne lo que hace es crujir a todas las edades. Pasemos al hermoso texto de la segunda lectura. ¿Qué aprendemos del camino de la santidad en la segunda lectura? Dice: «Miren cómo nos amó el Padre. Quiso que nos llamáramos hijos de Dios. Y lo somos realmente. Si el mundo no nos reconoce es porque no lo ha reconocido a Él».
Esa es la frase en la que quiero que hagamos una pequeña reflexión: El mundo no nos reconoce. Una de las necesidades vitales del ser humano es precisamente el ser validado, el ser reconocido, el recibir aprobación. En el breve testimonio, que ojalá después nos cuentes más, por favor, fuera de todo chiste, yo no sé, la gente lo mira y se ríe. Yo no sé por qué, pero ese testimonio tuyo es muy bello, hermano, es muy bello. Y fíjate que ya tú estás experimentando lo que dice la Palabra ¿no? Cómo no se entiende, no se entiende.
Y cualquier opción por Cristo, sea como laico, sea como casado, sea como soltero, sea como religioso. La opción de los papás, el mundo no la va a entender. Unos amigos muy queridos, cuánto los amo yo, una pareja, se establecieron en Canadá durante un tiempo. Y ellos, convencidos de las bendiciones del Señor y de las necesidades de la sociedad, saben que si hay algo que necesita el mundo son numerosos hijos bien educados. Se necesita toda una conversión de la cabeza para entender que las familias que van a cambiar al mundo son las familias numerosas.
Porque las familias de un solo hijo, cuando esta ha sido decisión de los papás, porque todo puede pasar por distintas circunstancias. Pero las familias en las que los papás deciden tendremos un hijo, un hijo y si acaso 1.2, el punto dos es un gato. Entonces, tendremos las familias de un solo hijo. No se dan cuenta, no se dan cuenta el peso que le están poniendo a ese único hijo, no se dan cuenta. Yo les invito a que ustedes lean, están todavía disponibles en la página, en este caso lo vi en la edición en inglés de la BBC.
Lean los estudios que hacen los periodistas de la BBC sobre la política de un solo hijo en China, para que ustedes vean el desastre emocional de las familias que deciden, en el caso de China fue que el Estado decidió que tuvieran un solo hijo, lo que significa la falta de hermanos. Oye, llegamos a este mundo, llegamos a este mundo. ¿Para qué? Para convivir con siete mil millones de personas. Pero si mi primera experiencia es que el mundo gira en torno a mí y a mí y a mí, porque así lo decidieron mis papás. Repito que no estoy mencionando aquí el caso donde por enfermedad, por muerte o lo que sea, se quedó un solo hijo.
Estoy diciendo en el caso en el que los papás han decidido eso, los papás que deciden tener ese solo hijo básicamente ponen el mundo a girar en torno a él. Hago yo una pregunta ¿esa es la manera de preparar a un ser humano para la sociedad? Esa es una decisión pésima. Sobre esto hay mucho que decir y sobre esto he predicado varias veces, incluso desde el punto de vista económico lo de los varios hijos no es el desastre que se quiere poner, porque la gran mentira que les dicen a las familias con el tema de los varios hijos es que haz las cuentas. ¿Cuánto vale un hijo? Tú puedes multiplicar eso por 3, por 4, por 5.
No es cierto, no es cierto, precisamente las riquezas de la familia numerosa están en que cada uno de los que van naciendo y de los que va creciendo es también un factor de humanización, de formación y de evangelización dentro de la misma casa, y esa es la mejor formación para el mundo. Entonces, estos amigos que les cuento estaban en Canadá. Fueron al parque, en ese momento tenían como 5 hijos, calculé 5 hijos en Canadá. Pero no me hagan esas caras que actualmente tienen como 8 o 9 hijos. Sí, 8 o 9 hijos. Entonces, tenían como 5 hijos y vivían en Canadá, después volvieron a Colombia.
Estaban en un parque y se acerca una religiosa a darles clase. Oiga, una religiosa supuestamente católica, a darles clase, a decirles cosas. La irresponsabilidad, ustedes son irresponsables con el planeta. Pobre mujer desorientada. Fíjese que no dije desgraciada, pobre mujer desorientada. Qué tristeza, ¿es que no conoces el desastre demográfico de España, de Italia, de Grecia, de Alemania? Ustedes creen que la señora Angela Merkel tiene el programa de recibir en un año un millón de inmigrantes solo porque es buena persona.
Ustedes saben que en este momento el triste campeonato de la más baja natalidad no lo tiene Japón, no lo tiene China, no lo tiene Corea del Norte. La más baja natalidad del mundo la tiene Alemania. Y el problema es quién va a sostener la industria, el trabajo y sobre todo el sistema pensional en Alemania. ¿Por qué le están abriendo las puertas a un millón de inmigrantes, los alemanes? De repente se volvieron caritativos, de repente se volvieron súper generosos. Es que acaso yo no conozco y ustedes no conocen lo celosa que es la nación alemana con su herencia.
La nación alemana, junto con la nación japonesa, son dos de los países más notables en donde si finalmente te aceptan darte la nacionalidad, tú tienes que renunciar a la otra. Hay una ceremonia donde tú tienes que renunciar a tu nacionalidad de boliviano y romper tu nacionalidad de boliviano para poder ser alemán. Esa es la misma nación que ahora está recibiendo un millón de personas. ¿Por qué? Y sabes ¿cuántos inmigrantes necesitan por año los alemanes? Cuatrocientos mil inmigrantes por año para sostener el país funcionando.
Y en un mundo donde hay esas necesidades y donde están aceptando más o menos lo que se pueda y lo que venga, viene esta religiosa católica, vergüenza de la Iglesia a decir, irresponsabilidad tener muchos hijos. Yo no le pido si perdió la fe. Yo no le pido que haga maravillas o malabarismos en su cabeza, solo le pido que mire las cifras, mire las cifras, señora, mire las cifras. ¿A dónde va, por ejemplo, el Japón? Una cifra que a mí me impresiona, es simbólica, pero me impresiona. En el Japón, en este momento se venden más pañales para adultos que pañales para niños.
La nación japonesa si no hay cambios drásticos, si no se ve cómo se consigan los cambios drásticos, empezará a declinar en su población a partir del año 2030, 2040. Hay gente que habla de la extinción de la cultura japonesa a finales de este siglo. Entonces, las familias numerosas son las que van a salvar el planeta. Los que estén pensando en casarse, me han dicho que por ahí hay gente pensando en casarse, que me voy a casar, me voy a casar. ¿Lo has pensado bien? Me caso, padre. Aunque me muera de eso, me caso. Si ustedes van a ser coherentes con el libro del Génesis, ahí dice: Creced y multiplicaos. Así que miren bien, por favor, allá la novia y tómenle hartas fotos ahora.
Porque hay que multiplicarse y multiplicarse es el camino. El camino es ese, ahí es donde se vence el egoísmo. El egoísmo no se vence dándole clases, trate usted de sentar a un niño de dos años y explicarle. Mira, egoísmo significa, no. A un niño se le enseña poniéndole otro niño al lado: Tu hermanito también tiene hambre. Esa es la manera de educar a un niño. Tu hermanito también tiene hambre. Cuál es la manera de educar a un niño para que él entienda que él no es el centro del universo. ¿Cuál es la manera? Yo conozco la manera, gracias a Dios, es el secreto que está en la Biblia.
Otra familia muy querida, estos viven en Bogotá. Resulta que tenían una nenita, hermosa la bebita, como todos los bebés, preciosa. Bueno, esta bebita literalmente se consideraba centro, ombligo, origen y pozo profundo del mundo. Como ella era sola en un mundo de adultos, todo el que llegaba a la casa ¿a donde quería ir? A la cuna de ella, a cargarla ella, a acariciarle a ella, decirle cosas bonitas a ella. Ella era la princesa, la reina, la emperatriz, ella era todo. Se le acabó el reinado, nació una segunda. La segunda tiene un pequeño problema de displasia de cadera.
Ustedes saben, hay que ponerle un tratamiento, una especie de férula para que se acomoden bien los huesitos, para que se forme bien la unión entre el fémur y la cadera, le tienen que poner eso. Eso significa que esa bebida pequeñita requiere, incluso más atención que en otras circunstancias hubiera requerido. ¿Qué le pasó a la primera? La primera, que estaba convencida de que ella era emperatriz, reina, princesa, doncella máxima, infanta real. ¿Qué le pasó? Que de repente se da cuenta que la mamá le dice: No, no, mamita, ahora no puedo, ahora no puedo. Es que tu hermana, es que tu hermana, es que tu hermana.
Después de mes y medio de decirle es que tu hermana ya ella entendió, no soy el centro, hay alguien más en esta casa. Y ese alguien ahora necesita atención. Tuve la alegría de visitar esta familia hace poco. Qué maravilla, oigan, qué maravilla de cambio en la mayor. Ahora entendió, en el mundo hay otros, hay otros que sufren, hay otros que necesitan atención. Esos otros también cuentan, también importan. Cuando yo les cuento esta historia, yo no sé qué edades se imaginan ustedes que tienen ellas. Le voy a contar, la menor tiene como 7 meses y la mayor tiene menos de 4 años. A esas edades hay que aprender esas lecciones, a esas edades, esas son las edades.
Yo vengo de una familia relativamente no la puedo llamar numerosa, pero digamos relativamente, nosotros fuimos cuatro. Yo no vi nunca ningún problema en que la camisa que ya no le queda a mi hermano pasa a ser mi camisa. Qué pasa cuando un niño siempre tiene la idea de que yo solo puedo estrenar, para mí todo lo nuevo. ¿Es formativo eso? No. ¿Es formativo heredar la ropa? Sí. ¿Dónde sucede eso? Familias numerosas. ¿Quiere el mundo familias numerosas? No. ¿Cuál es la razón por la que el mundo no quiere familias numerosas? Son muchas, enumero 2 razones muy potentes por las que el mundo odia las familias numerosas.
Primero, porque, como le consta a mi amigo allá presente y su digna esposa, ustedes saben que los quiero mucho. Como le consta a esa pareja, cuando hay varios hijos la inteligencia financiera y económica empieza a desarrollarse de un modo impresionante, ¿cierto? Si es verdad o no es verdad. Ahí es donde las mamás dicen: A ver, esto que me quedó de la comida, ¿cierto? A ver, cómo se hace para el otro día, ¿no? Y entonces, eso hacen unas maravillas tremendas, lo que queda del almuerzo entonces sirve para el desayuno del otro día. Lo que queda de ese desayuno sirve para sopa del otro día y lo que queda de la sopa.
¿Quiénes inventaron el reciclaje en la humanidad? Las mamás, porque las mamás se dan cuenta que no se puede estar desperdiciando ni ropa, ni juguetes, ni tiempo, ni comida. Pero esa inteligencia financiera de ustedes, queridas mamás, dónde están las otras mamás que yo quiero, porque hay varias, levanten la mano las mamitas. Eso, eso me gusta verlas. Miren, ¿qué pasa con las mamás, qué pasa con las mamás? Que esas mamás con inteligencia económica y financiera son enemigas. ¿de quién? De los que quieren que tú gastes y gastes y gastes.
¿Cuál es el modelo económico de la comida para el mundo? Se llama plaza de comidas. Ustedes y yo hemos caminado por una plaza de comidas. Han visto cuánta comida se pierde en una plaza de estas, pero si han visto o no han visto. ¿Por qué? Porque te sirven una porción estándar que o es muy pequeña y pides más y desperdicias, o ya es muy grande y desperdicias. Y el desperdicio es el gran negocio en la comida. En la comida, eso lo descubrieron los Estados Unidos de América hace 80 años. En la comida, el gran negocio no es producir comida, es lograr que la gente desperdicie comida.
¿Por qué? Porque la comida que tú desperdicias ya la pagaste. A mí qué me importa que tú te comas todo mucho, poquito, nada. A mí no me importa eso, me importa que ya me pagaste. Entonces, las familias numerosas son familias inteligentes financieramente, son familias inteligentes económicamente y eso no les sirve, eso no le funciona al sistema económico actual, porque el sistema económico actual quiere que desperdiciemos y desperdiciemos y desperdiciemos. En un país como Francia se calculó en el año 2013 que una tercera parte de todos los alimentos se desperdiciaron.
El número de toneladas, el número de cientos, probablemente miles de toneladas de comida que fueron a dar al botadero de basura es impresionante. Entonces, las familias numerosas para la comida, para la ropa, para los juguetes, para el tiempo. Además, hay otra cosa. Resulta que los niños son un regulador moral impresionante. ¿Por qué? Porque usted cuando tiene niños, usted no se mete a cualquier lugar, usted no se mete a cualquier lugar. Si usted va a entrar a un lugar donde se proyectan películas para adultos, usted dice: No, ahí no entro.
Entonces, las familias numerosas son familias que acompañan procesos largos con niños. Y el tener procesos largos con niños hace que usted reajuste su moral. La persona típicamente soltera y sola es la persona adictiva, es la persona que se apega, que se aferra, que se obsesiona. La persona que tiene hijos tiene que estar rectificando su brújula moral porque tiene unos pequeños seres a los que ama y para los que desea lo mejor. Entonces, yo he conocido casos de hombres y de mujeres que han reformado sus costumbres precisamente por los hijos.
Los hijos tienen una fuerza tremenda de educación hacia los papás. Así como los papás educan a los hijos, el tener hijos educa a los papás, aún en cosas tan sencillas, por ejemplo, como el gimnasio y el maquillaje. Una amiga muy querida vivía para sí misma y para su cuerpo, digamos que era, medianamente bonita. Pero no le digan eso, que se va a ofender porque ella cree que es muy bonita. No, ella es medianamente bonita. Pero entonces, ella compensaba su ser medianamente bonita, con un arte maravilloso que lo dominaba, que era el arte del maquillaje, ni mucho ni muy poquito.
Sabía muy bien maquillarse, su cabello impecable, muchas horas de gimnasio, la ropa apropiada. Esas eran sus prioridades en ese momento. ¿Qué pasa? Que esta mujer felizmente se casó. Cuando ella se casa y cuando ya empieza el tema de los hijos, entonces resulta que el bebé, en general, en general, no aprecia demasiado el tema del cabello, el maquillaje, la cintura, el perfume. Yo todavía no he visto ningún bebé que le diga a la mamá: esa ropa no es de marca, mamá. Entonces, la mamá atendiendo a los hijos, le cambian las prioridades. El papá cuidando a los hijos, le cambian las prioridades.
¿Sabe lo que le pasaba a mi papá? Mi papá decía que, le pasaba porque era cuando nosotros éramos pequeños, él sentía que sus grandes alegrías no venían ni del dinero ni del trabajo, sus grandes alegrías eran encontrarse con nosotros, jugar con nosotros, pasar tiempo con nosotros. Entonces, los hijos educan a los papás. Ustedes se preguntarán ¿por qué estoy haciendo toda esta historia? Por la segunda lectura, porque la segunda lectura dice: El mundo no nos reconoce. El mundo nunca va a entender que una mujer diga: Para mí mi prioridad son estos preciosos hijos que Dios mismo me ha entregado.
Eso no lo va a entender el mundo, porque el mundo quiere que tú sigas comprando y comprando y comprando y además, comprando y por último, comprando. Eso es lo que quiere el mundo, que nunca, nunca te satisfaga tu guardarropa, que nunca te satisfaga tu colección de botas. Y cuando termines con las botas, nunca te satisfagas con tu colección de vestidos de baño y nunca te satisfagas paseando restaurantes, yendo a lugares de vacaciones y gastando y gastando. El mundo no va a entender eso. Entonces, es muy importante, amados hermanos, que entendamos que para ser santo no hay que pedirle permiso al mundo.
Escriba esa frase, escríbalo, para ser santo no hay que pedirle permiso al mundo, porque el mundo nunca va a entender esas cosas. El otro peligro que tienen las familias numerosas es que, por supuesto, las familias numerosas afianzan en unos valores que no son los valores políticamente aceptables ahora. Yo estoy seguro, ya que tengo aquí los hijos de Nury, de Gabriela y otros niños. Yo estoy seguro que esos niños, si yo a uno de esos niños yo le pregunto cuando ya pueda responder de una manera más articulada y van creciendo poco a poco.
Yo le pregunto: ¿A ti te hubiera parecido mejor un hogar sin hombre en la casa? Me va a mirar y me va a decir: ¿Por qué me pregunta eso? Yo estoy tan agradecido con mi papá, yo amo a mi papá. ¿Por qué me pregunta eso? Entonces, mejor un hogar donde no hubiera mujer en la casa. Cómo se te ocurre si yo amo a mi mamá. Entonces, mejor un hogar con papá y mamá. Claro. Eso no le sirve a la ideología actual. Entonces, las familias numerosas, de un modo que podríamos llamar automático, de un modo que podríamos llamar espontáneo, las familias numerosas forman en el respeto a la vida, en el respeto al hombre y a la mujer, en el respeto a los valores más profundos.
Eso no le sirve al mundo. Por eso hay guerra contra el matrimonio, por eso hay guerra contra las familias numerosas. Pero yo les repito, ¿cómo fue la frase? Usted la escribió. ¿Qué dice la frase? No le oí nada. Para ser santo no hay que pedirle permiso al mundo. Para ser santo no le pidas permiso al mundo, no hay que pedirle permiso al mundo. El mundo nunca lo va a entender. Y ahí he hablado, porque en este contexto me encanta mencionar el tema de las familias, pero lo mismo es para el sacerdote, lo mismo, exactamente lo mismo es para el sacerdote.
Ya he contado en otras ocasiones lo que me sucedió cuando yo entré a la comunidad. Bendito Dios, yo fui buen estudiante de física pura, todavía conservo mi amor por la ciencia, claro. Yo fui muy buen estudiante de física pura en la Universidad Nacional de Colombia. Y cuando yo me retiro de la universidad y me vuelvo novicio de los Padres dominicos, el noviciado queda en la ciudad de Chiquinquirá, a 2 horas de Bogotá. Y en un cierto domingo, donde teníamos visita, un grupo de compañeros fue a visitarme allá, básicamente a ver si era real eso de que yo me había entrado de sacerdote.
Y cuando ellos llegan y me encuentran con hábito y con una caldereta de esas del agua bendita, hasta allá cayó usted, hermano. Ese día se retiraron todos mis amigos, todos. Después, más o menos, pude reencontrarme con unos dos de ellos, mi grupo amplio de la universidad, mi combo, mi gente, mis 15 o 16 compañeros más cercanos fueron a visitarme. Cuando me ven con hábito, cuando me ven sacerdote, cuando me ven amando a Cristo, a la Virgen, a la Palabra de Dios, no me interesa, no te conozco. Dice aquí: El mundo no nos conoce, el mundo no nos conoce. No le pidas permiso al mundo, no lo va a entender, no lo va a entender.
Una última reflexión sobre el precioso pasaje de las bienaventuranzas qué nos enseña sobre el camino de la santidad. Solo hay una cosa que quiero destacar, ustedes deben abonarme, que en cada lectura escogí solo un versículo, ¿qué tal que hubiera escogido dos? Vamos para el Evangelio. En el Evangelio quiero concentrarme en la primera bienaventuranza, la traducción que hemos hablado dice, que hemos proclamado dice: «Felices los que tienen alma de pobres. A ellos les pertenece al reino de los cielos». Una traducción muy común dice: «Bienaventurados los pobres en el espíritu».
Es muy difícil traducir eso. Me parece que en griego dice «ptochoi to pneumati», que literalmente es pobres en el espíritu. Y uno muchas veces se queda sin saber eso qué quiere decir, pero es importante sacar algo de aquí, porque esto es para nosotros, porque este es un mensaje para nosotros, este texto se escribió para que lo viviéramos. ¿Quiénes son esos que en griego se dice «ptochoi» y que aquí se traduce por pobres? Para entenderlo, mis hermanos, hay que volver al Antiguo Testamento y hay que descubrir que después del espantoso destierro a Babilonia, sucedió algo muy duro.
Volvieron ellos, volvieron del destierro, pero el pueblo que volvió fue un pueblo pobre, un pueblo humilde y un pueblo que ponía solo su confianza en Dios. Entonces, para entender la palabra «ptochoi» aquí, la palabra pobres aquí, hay que entender esa referencia. Esa referencia es estos pobres ¿cuáles son? Son los que han sufrido, son los que se han desengañado y son los que han aprendido a confiar. Por favor, escriba esos tres, que son las tres características de los pobres, para que no se vuelva a confundir nunca más con Mateo capítulo 5.
Mateo capítulo 5 ¿Quiénes son los «ptochoi»? Pero eso se escribe con una P inicial «ptochoi» ¿Quiénes son los pobres? Son los que han sufrido, número uno. Son los que han aprendido ¿a qué? A esa fue la última que dije, han aprendido a confiar. Y antes ¿qué dije? Se han desengañado, gracias. Es que me gusta ese orden, gracias. El orden es ese, primero, han sufrido, se han desengañado y han aprendido a confiar. ¿A confiar en quien? En Dios. Fíjate, han sufrido en su carne, se han desengañado del mundo y de los ídolos del mundo y han aprendido a confiar en Dios.
Esa es la santidad y ese es el perfil de un verdadero servidor, ese es un servidor. Una persona que tiene experiencia de renuncia, de sufrimiento, de ataque, de persecución. No se puede ser servidor, no se puede ser servidor únicamente en medio del mimo, el aplauso, así no se puede, así no se puede. Decía hermosamente San Luis Beltrán: No es posible que en el Cristo total, la cabeza, que es Jesucristo, esté crucificada y el cuerpo lleno de mimos y regalos. El sufrimiento, sufrimiento pero no cualquier sufrimiento. El sufrimiento del que hablábamos en la primera lectura, el sufrimiento del que ha dado la pelea contra el demonio, el mundo y la carne.
El servidor tiene que ser una persona combatiente. Dice el libro de Job: ¿No es esta vida servicio militar? El servidor es un combatiente. Combatiente ¿de qué? De las tres cosas que ya dijimos. Entonces los «ptochoi», los pobres ¿cuáles son? Son los que sufren porque están en combate, son los que se han desengañado de los ídolos del mundo y, al mismo tiempo, son los que han aprendido a poner toda su confianza en Dios, en Dios. Y eso es lo que explica, de ahí se deriva todo lo demás en el pasaje de las bienaventuranzas.
En este bendito pasaje, lo que aparece, cada una de ellas, cada una de las bienaventuranzas, es como un desglosar, como un explicitar lo que está en la primera bienaventuranza: «makarioi oi ptochoi to pneumati», bienaventurados los pobres en el espíritu. Y ¿quiénes son esos «ptochoi to pneumati»? Son aquellos que han sufrido porque están en combate. ¿Qué más dijimos? Se han desengañado del mundo, de los ídolos del mundo, y han aprendido a confiar. Ese es el rostro de un servidor, una persona que está en combate, que no le cree a los ídolos de este mundo.
Que aprende a ver con distancia las modas, las tendencias, las pretensiones, las leyes impuestas, las manipulaciones, el ansia de poder, los medios de comunicación, todo eso, ay todo eso uno lo mira con desconfianza. Pero, sobre todo, y lo más importante, un servidor es uno que dice: Jesús yo confío en ti, es la confianza total, porque Él es grande, porque Él es santo, porque Él es bueno. Hermanos, ese es el mensaje de hoy, entonces. De la primera lectura ¿qué sacamos? Sacamos que ser servidor es escoger una y otra vez en una opción permanente a Dios, y eso implica combate contra el demonio, el mundo y la carne, y ya explicamos cómo era ese combate.
De la segunda lectura, no esperes que el mundo te entienda. Cómo decía la frase: Para ser perfecto para ser santo no hay que pedirle permiso al mundo. No esperes que el mundo te entienda, no esperes. El mundo no lo va a entender, el mundo no va a entender cuando nosotros decimos: el camino propio para una pareja de novios es la pureza hasta el momento del matrimonio. Ay, padre, no, usted ¿qué anda fumando últimamente, padre? No, hoy con la juventud eso no se puede, padre. De una vez a cambiarlo a uno.
Mira, el Señor, el Señor es mi rey, Él es el que hace los prodigios. La gente no entiende que uno dedique su vida a Dios, no lo entiende. Y sabe, le cuento una cosa. Usted está tan dedicado a Dios como yo estoy dedicado a Dios. Usted se dedica a través de su matrimonio, de su camino, y yo me dedico a través del ministerio sacerdotal y la predicación. Pero usted no crea que, porque usted es casado, ah eso le toca a los padres lo de la santidad. No, no, no, eso es de todos, de todos, de todos. Entonces, ya sabe cómo es, no esperemos a que el mundo nos dé permiso de ser santos.
Y la tercera ¿qué significa pobres? Son aquellos que están en combate, que se han desengañado del mundo y que han puesto toda su confianza en Dios. Con esa confianza, les invito a que nos pongamos de pie para renovar nuestra fe.

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