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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
La Iglesia es Santa, y es propio de los bautizados saberse llamados a la unión con el Dios Santo.
Homilía tsan011a, predicada en 20121101, con 4 min. y 46 seg. 
Transcripción:
Una de las notas características de nuestra Iglesia Católica es la santidad. En el Credo largo, el Credo llamado Niceno Constantinopolitano, se dan las características propias de la verdadera Iglesia: Es una santa, católica, apostólica. La santidad es una característica de la Iglesia. Y la Iglesia es santa por su fundador, la Iglesia es santa por el Espíritu Santo que le alienta y la Iglesia es santa por aquellos miles de hombres y mujeres cuya virtud sirve de inspiración y sirve también de motivo de confianza para todos los demás creyentes. Sí, la Iglesia es santa.
Por supuesto, la santidad de la Iglesia no es lo que ocupa con mayor frecuencia los titulares de los periódicos. A los medios de comunicación les interesan sobre todo los escándalos y por eso, con un solo sacerdote que cometa un grave error, ya tenemos para toda una fuente, un verdadero torrente de noticias que ocupará las páginas y sobre todo que ocupará la mente de muchos durante mucho tiempo. Y si es un sacerdote entre 1000, los otros 999 no serán noticia. La virtud callada de ellos, su victoria cotidiana sobre la tentación, sus esfuerzos por crecer en la vida espiritual, esos no saldrán en los periódicos.
Pero además de los sacerdotes, la santidad está llamada a crecer en todo el pueblo de Dios, este es uno de los logros más interesantes del Concilio Vaticano II. No es que no se supiera antes, es que tal vez faltaba recordarlo con mayor fuerza, con mayor convicción y alegría. La santidad es la vocación propia de todos los bautizados, escuchémoslo bien, por el solo hecho de haber recibido el bautismo con esas aguas hemos recibido también el llamado, el llamado a ser santos. Aquello que dice el libro de Levítico se aplica con propiedad a todo el pueblo de Dios: «Seréis santos, porque Yo, el Señor, soy vuestro Dios, y os he escogido para que seáis míos».
Y también las palabras de Cristo: «Sed perfectos, como es perfecto vuestro Padre celestial». Este llamado a la santidad resplandece especialmente en aquellos que popularmente llamamos los santos, como Santa Teresa, San Francisco de Asís, San Martín de Porres, Santo Tomás de Aquino, San Pablo apóstol. Lo que nos recuerda la fiesta de hoy es que, en un número muy grande, mucho más de lo que podemos imaginar, hay muchos que, en el anonimato, en el silencio, sin aplauso ni reconocimiento alguno, han buscado ser fieles a Dios. Y muchos de ellos, lo creemos firmemente, están ahora gozando de su rostro.
La Iglesia es santa, nosotros somos llamados a la santidad. Y en medio de nosotros, en una abundancia que puede hacernos maravillar y sonreír, Dios sigue haciendo su obra. Que seamos fieles a nuestra vocación y mostremos con mayor claridad quién es el Dios que nos ha llamado y cuánto ha hecho por nosotros.

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