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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
La memoria agradecida, la fidelidad a la sana doctrina y la actitud para dar buen combate por las almas y la gloria de Dios nos hacen verdaderos discípulos.
Homilía styt018a, predicada en 20260126, con 8 min. y 33 seg. 
Transcripción:
El veintiséis de enero celebramos la memoria de los Santos Timoteo y Tito. Estos nombres seguramente te suenan familiares por la Biblia. Efectivamente, encontramos en la Sagrada Escritura en el Nuevo Testamento, dos libros de la Biblia que son cartas de San Pablo a Timoteo. Usualmente las mencionamos como primera carta a Timoteo. Segunda carta a Timoteo. Y hay también una carta a Tito.
De tantas cosas que son admirables del apóstol San Pablo, yo creo que una que cabe destacar en esta oportunidad es el deseo tan claro que él tiene de la continuidad de la gracia, la continuidad de la obra de la gracia. Por supuesto que él era consciente que tendría que partir de esta tierra y a partir de un cierto momento en su vida, pues él se dio cuenta que esa partida iba a estar marcada por la violencia. Murió mártir, como sabemos.
Pues bien, el apóstol San Pablo sabía que él, como persona, tenía que extinguirse, tenía que terminar su recorrido en esta tierra. Pero también sabía y obró con responsabilidad que el Evangelio tiene que seguir corriendo. Mi carrera termina, pero no la del Evangelio. Mi servicio termina. Pero hay muchos más que necesitan la gracia y la predicación, y por eso Pablo formó discípulos.
No fue solamente que predicara a multitudes, no fue solamente que fundara comunidades, sino que a los responsables de esas comunidades, muy particularmente a estos dos santos, Tito y Timoteo, los formó, los formó auténticamente para que pudieran continuar la obra. Y esto nos recuerda algo muy propio de la Iglesia, ningún protagonismo, ningún primer papel debe robarle la gloria y el lugar central que solo debe tener el Evangelio. Cada uno de nosotros somos simplemente siervos.
Pasó, terminó el tiempo de San Pablo en esta tierra. Él partió para la eternidad. Eso también me toca a mí. Eso también te toca a ti. Y cada uno desde su vocación. Lo mismo que San Pablo debe preocuparse para que la fuerza de la gracia, la fuerza de la bendición que hemos recibido, no muera cuando nosotros morimos, sino que se prolongue.
Por ejemplo, si tú eres papá, tienes que preguntarte ¿cómo vas a prolongar ese regalo de la fe que tú has recibido en tus hijos? Hace poco me encontré con un magnífico video de una mamá que decía si mis hijos estudian en las mejores universidades del mundo pero desconocen la Palabra de Dios, yo fracasé como mamá. Si mis hijos tienen los mejores contactos, el mejor networking en este mundo, pero no están conectados con Dios, yo fracasé en este mundo. Y así hacía otras comparaciones muy, muy atinadas. Eso significa que esa mamá tiene plena conciencia de que su labor es prolongar, prolongar esta obra de la gracia. Que esta obra de la gracia llegue a más corazones, que llegue a los que vienen después.
Y entonces nos preguntamos cómo se forman esos discípulos que van a tomar la antorcha del testimonio, que van a tomar la antorcha de la fe y de la gracia después de nosotros. ¿Cómo se forman? ¿Cómo se deben formar? Bueno, si nosotros miramos las cartas a Timoteo y a Tito, encontramos por lo menos tres claves importantísimas para formar discípulos. Si tú eres padre de familia, si tú eres profesor, si tú eres influencer, si tú eres predicador, si tú diriges una comunidad de oración. Si tú eres Sacerdote. Estas palabras nos interesan mucho. La verdad es que nos interesan mucho a todos los que tomamos en serio nuestra fe.
Tres recomendaciones muy claras en los escritos de San Pablo para Timoteo y para Tito.
Primera. San Pablo quiere mantener viva la memoria de la obra que Dios ya ha hecho. Es muy famoso ese pasaje en el que Pablo le dice al querido Timoteo acuérdate de Jesucristo. La memoria. Muchas veces en estas breves predicaciones hemos insistido en la importancia de la memoria y sobre todo la santificación de la memoria, que consiste básicamente en que nosotros tengamos fresco en nuestro recuerdo todo lo que Dios ha hecho por nosotros. Varias veces en estos escritos de las cartas a Tito y a Timoteo, que se conocen como escritos pastorales de San Pablo. Este gran apóstol está poniendo a funcionar la memoria. Es acuérdate, acuérdate. Recuerda lo que Dios ha hecho por ti. Así se forman discípulos. Mira de dónde te has sacado el Señor mira el poder de su gracia. Mira cómo te ha construido. Mira lo que ha hecho. Eso es necesario y es una primera recomendación.
Segunda recomendación. Pablo les deja muy en claro tanto a Tito como a Timoteo la necesidad de defender la sana doctrina. Y Pablo es consciente y lo dice en sus cartas pastorales. Pablo es consciente que hay muchos engaños y que hay mucha gente que está dispuesta a vender la fe por cualquier cosa. Hay mucha gente a la que no le interesa otra cosa que, por ejemplo, aprovecharse con la predicación para hacer dinero o para influir en las personas o para conseguir poder.
Es decir, usan a Cristo y por eso se deforma el Evangelio. Ustedes y yo conocemos personas que cuando se trata de predicar los temas realmente difíciles, tratan de que no suene incómodo. Pues básicamente para no perder amistades, para no perder seguidores en redes sociales, para no perder popularidad, para no parecer que son anticuados, para decir que están en la frontera y que son súper misericordiosos. Hay que tener mucho cuidado con eso.
Segunda recomendación de Pablo guarda la sana doctrina. Sana doctrina significa lo que recibiste transmítelo. El mismo Pablo lo decía en la primera carta a los Corintios Yo les transmití a ustedes lo que yo recibí, de tal manera que hay que tomar en serio lo que es la auténtica tradición. Yo recibo el mensaje del Evangelio, yo transmito el mensaje del Evangelio. Esto es absolutamente central. Cuando se trata de formar discípulos.
Y un tercer elemento, Pablo los prepara para el combate. Pablo les hace ver que no va a ser fácil. El mismo Pablo, pues, padeció enormemente por el Evangelio, fue calumniado, fue traicionado, fue torturado y ya sabemos cómo terminó su vida. Terminó decapitado en la ciudad de Roma. Es decir que esto es con sacrificio, esto es con esfuerzo. Esto no es fácil. Y por eso también dice combate el buen combate de la fe.
Si nosotros mantenemos la memoria agradecida, la claridad en la sana doctrina y la actitud para el combate por las almas y por la gloria de Dios, seremos buenos discípulos. Y eso mismo hemos de transmitir a las generaciones que vienen. La gloria para Dios. Y gracias a ti, San Pablo y gracias a ustedes, Timoteo y Tito, fieles discípulos de tan gran apóstol. Amén.

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