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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Para dejar atrás los complejos en la comunidad católica debemos tener una buena formación en la fe, buen conocimiento de la historia de la Iglesia y tener una actitud de conversión para llegar a la santidad.
Homilía styt014a, predicada en 20220126, con 6 min. y 57 seg. 
Transcripción:
Hoy, veintiséis de enero, recordamos a dos de los principales, de los mejores discípulos del apóstol San Pablo. Son Timoteo y Tito. Y la primera lectura de hoy está tomada de una de las cartas que Pablo dirigió a estos discípulos tan queridos para él. En la Biblia encontramos dos cartas a Timoteo y una carta a Tito. En el caso de la Santa Misa de hoy, tenemos la primera lectura de la primera carta de San Pablo a Timoteo. De hecho, son los primeros versículos de esa carta.
Yo quiero destacar los consejos que le da Pablo a Timoteo, que son consejos como de un padre a un hijo. Yo quiero destacar de esa carta, de ese texto de hoy, lo que le dice Pablo No hemos recibido un Espíritu de cobardía. Yo asocio el tema de la cobardía. Yo lo asocio con el complejo que muchos católicos tienen con respecto a su fe. Hay por lo menos tres factores que han hecho que muchos católicos se sientan avergonzados de su fe. En contra de lo que dice la primera lectura de hoy. Porque la primera lectura de hoy dice, Nosotros no hemos recibido un espíritu de cobardía. Pero hay mucho católico que se ha dejado contaminar de un espíritu de cobardía. Tres razones o tres motivos veo yo para que esto haya sucedido.
En primer lugar, démonos cuenta que los medios de comunicación y la enseñanza en las universidades, sobre todo esos dos factores casi que de un modo hostigante, hablan mal de la Iglesia, sobre todo con una estrategia muy inteligente que es sacar las peores páginas de la historia de la Iglesia, repetirlas, presentarlas, volverlas a presentar, restregarlas en la cara. Entonces los errores de la Inquisición, las crueldades de la Inquisición, el error con Galileo y ese tipo de cosas se repiten y se repiten y se repiten con un propósito muy claro y es presentar sobre todo en la mente de los más jóvenes, que es imposible, ser una persona razonable y al mismo tiempo un creyente.
Es decir, toda esa propaganda que llega a través de tantos medios, sobre todo en el medio universitario. Toda esa propaganda tiene un propósito muy claro y es que la persona se sienta como en la obligación de escoger. O soy de la ciencia o soy de la fe, o soy de la razón o soy de la fe, o soy de lo sensato y del sentido común o soy de la fe. Porque la fe es fanatismo, porque la fe es tonta, porque la fe es anticientífica. Todo eso hace que el católico, a menos que esté demasiado bien preparado, se acompleje.
En segundo lugar, está todo el tema de los escándalos, y me refiero aquí especialmente a los escándalos por abuso. Por supuesto que esa es una página muy amplia y muy triste, pero también una página muy manipulada. Porque si se miran las estadísticas, los lugares donde lamentablemente han sucedido tantos daños a menores de edad, son lugares que tienen que ver con la familia, que tienen que ver con la escuela, que tienen que ver con los amigos, con el vecindario y proporcionalmente, sé que es una tragedia, pero proporcionalmente la participación de la Iglesia en ese tipo de crímenes es mucho menor de lo que aparece nuevamente en los medios de comunicación. Entonces, muchas personas, mucho católico que no está formado fácilmente cae en la tentación de decir, mejor dicho, de decir no, de repetir los eslóganes que le pone en la boca el mundo.
Entonces, por ejemplo, que los sacerdotes deberían casarse. Cosas como esas. O las mujeres deberían ser ordenadas sacerdotisas. Pero una vez que ese tipo de ideas se meten en la cabeza, entonces la persona que tiene esas ideas en la cabeza también tiene este pensamiento. La Iglesia debería cambiar. Pero como no cambia, entonces es más o menos como avergonzarse de mi abuelita, que no sabe nada y grita mucho. Ahí el católico se vuelve cobarde.
Y la tercera razón que yo veo por la que el católico muchas veces se siente cobarde es porque su propia conciencia le acusa. No es solo lo que digan los medios de comunicación, ni los problemas de Sacerdotes en otros lugares o en los lugares donde uno vive. No es también la conciencia que acusa. Muchos católicos están viviendo mal y están viviendo mal porque no están viviendo ese camino, ese llamado. Pues por supuesto que todos somos pecadores. Pero es que lo hermoso, lo hermoso de nuestra fe católica es que aunque caigamos, tenemos la posibilidad de levantarnos. Pero hay veces que uno ama, ama su pecado y por supuesto siente entonces que está viviendo mal y la propia conciencia le acusa.
¿Qué se necesita entonces para dejar estos complejos que tantos católicos tienen? Pues se necesita buena formación en la fe, se necesita buen conocimiento, equilibrado conocimiento de la historia de la Iglesia y se necesita tener una actitud de conversión y una actitud de decir ciertamente he caído, todos hemos caído, pero me levanto porque mi ruta es la santidad y mi patria no es otra sino el cielo junto a Cristo. No más complejos, no más, no más complejos. Dar el paso al frente como buenos servidores del Señor.

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