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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Ser discípulo de San Pablo significa: Creer en Jesús, centrar nuestra vida en Él; vivir la fe, que Jesús sea Señor de todas las áreas de mi vida; compartir la fe, que este tesoro no se quede solo en nosotros.

Homilía styt012a, predicada en 20210126, con 5 min. y 42 seg.

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Transcripción:

Hoy nuestra Iglesia Católica recuerda a dos de los mejores más fieles, podríamos decir, más aprovechados discípulos de San Pablo. Son ellos los santos Timoteo y Tito. Si estos nombres te resultan familiares, es perfectamente natural, porque de hecho, en la Sagrada Escritura tenemos dos cartas de San Pablo a Timoteo y una carta a Tito.

Cuando pienso en estos discípulos, pienso también en tantos otros santos que tomaron como referencia permanente a San Pablo. Por ejemplo, el fundador de mi comunidad, Santo Domingo de Guzmán. Él llevaba siempre consigo las cartas de San Pablo. Se ve que quería asimilar la doctrina de este apóstol. Pero mejor todavía que eso, quería seguir su ejemplo. Ese era uno de los, podríamos decir, de los faros más claros en la vida de Santo Domingo de Guzmán.

Y luego sabemos, cosa que debemos en especial al gran sacerdote italiano Santiago Alberione. Sabemos que hay toda una familia. Quién no ha oído hablar de las librerías paulinas, las ediciones paulinas es toda una familia de comunidades religiosas que tienen por inspiración a San Pablo. Según el testimonio de este gran hombre, Santiago Alberione, gran sacerdote.

Entonces hoy es un buen día para preguntarnos qué significa ser discípulo de San Pablo. Ya que veíamos el día de ayer lo que implica para la Iglesia la conversión de este gran apóstol, es buena cosa que nosotros nos preguntemos ¿y nosotros mismos podremos ser discípulos de San Pablo? Yo creo que hay tres verbos que nos ayudan a situarnos en la ruta de los verdaderos discípulos. Esos tres verbos son creer, vivir y compartir. Creer, vivir y compartir. Porque indudablemente en estos tres verbos se condensa mucho de lo que significa la vida y la enseñanza de San Pablo y por consiguiente ahí está una ruta para que nosotros seamos verdaderos discípulos de este gran apóstol.

Creer es el primer verbo. Efectivamente, en muchos lugares lo encontramos en Hechos de los Apóstoles, lo encontramos en tantas cartas de Pablo, pero sobre todo en la carta a los Gálatas y en la carta a los Romanos. Pablo insiste en lo que es el poder de la fe en que nosotros somos salvos precisamente en el momento en el que dejamos de apoyarnos en nosotros mismos y nos volcamos en confianza y en amor a Jesucristo. Para decirle a Él, Tú eres el Señor de mi vida, para decirle a Él, Tú eres mi Salvador. En ti tengo puesta mi esperanza. Entonces, ser discípulos de Pablo indudablemente es tener esta vida que se centra en Jesucristo, que descubre en Cristo la fortaleza y el tesoro. Como decía el mismo Pablo Sé en quién he puesto mi fe. Esa frase tiene que ser muy nuestra.

Segundo, vivir. Pablo dice también en la carta a los Gálatas que es uno de los documentos, podríamos decir más autobiográficos, de este gran hombre. Pablo dice en la carta a los Gálatas. Ya no vivo yo, es Cristo quien vive en mí. Es decir, nuestra fe no se queda solamente en una afirmación del corazón o de la boca, sino que nuestra fe, tiene una implicación en toda nuestra vida. Porque finalmente proclamar nuestra fe es proclamar a Cristo como Señor. Si crees en tu corazón y confiesas con tus labios que Cristo es el Señor, de tal manera que nuestra fe que proclama a Cristo como Señor sólo será coherente si se vuelve vida, es decir, si cada una de las áreas de nuestra vida va tomando a Jesucristo realmente como su Señor. Que Cristo sea Señor de cada área de mi vida. Eso incluye las amistades, el descanso, el dinero, la afectividad, la familia, el trabajo, los proyectos. Eso es ser discípulos de San Pablo, hacer que Cristo sea Señor de todas las áreas de mi vida.

Y por último, tenemos el compartir. Este tesoro no debe quedarse en nosotros. De nuevo una frase de Pablo. La caridad de Cristo nos urge. Y en otro lugar dice, Ay de mí si no evangelizare. De manera que Pablo nos está lanzando a que compartamos nuestra fe. No todos han de ser. No todos están llamados a llevar la vida exacta que él llevó, es decir, con su consagración en absoluto celibato, en esa generosidad, en esa dedicación continua. Pero todos sí podemos compartir. Es más, el modo como Dios te concede compartir la fe a ti es algo que no debes perder, porque es algo que Dios no va a repetir. Recuerda que todos somos únicos e irrepetibles. Así que creer, vivir y compartir para ser verdaderos discípulos de Pablo, como San Timoteo y San Tito.

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