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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
El Evangelio se propaga y la Iglesia crece formándonos en la fe, protegiendo lo que Dios nos ha dado para luego compartirlo para que esa obra de amor dé fruto en otros.
Homilía styt009a, predicada en 20180126, con 5 min. y 27 seg. 
Transcripción:
El veintiséis de enero, nuestra Iglesia Católica celebra la memoria de los santos Timoteo y Tito, grandes colaboradores del apóstol San Pablo, cuya conversión celebrábamos con mucho gozo el día de ayer. Timoteo y Tito esos nombres sin duda nos suenan familiares, porque hay libros de la Biblia que llevan esos nombres. Efectivamente, tenemos en el Nuevo Testamento dos cartas de San Pablo a Timoteo, que las llamamos precisamente así, primera Timoteo y segunda Timoteo. Y tenemos también la carta a Tito.
Hoy vamos a destacar algo muy sencillo sobre esas cartas llamadas pastorales. Y son pastorales porque quieren enseñar las actitudes, el talante, el modo de obrar de un buen pastor, que es lo que quiere Pablo que sean estos discípulos. Tanto Tito como Timoteo. Lo que quiero proponer y que es muy sencillo, es que valoremos el verbo cuidar.
Cuidar es un verbo muy bello si lo piensas, porque el verdadero cuidar supone la inteligencia y la voluntad. Supone la paciencia y un poco de ternura. Supone presencia y supone humildad. Son las virtudes que vemos, por ejemplo, en los jardineros. El jardinero necesita capacidad de observación, necesita inteligencia, necesita un querer, necesita dar de sí mismo, necesita paciencia, necesita humildad. Puede ser el mejor jardinero del mundo, pero si siembra la flor más preciosa en la mañana, seguramente no esperará a que en la tarde ya esté perfecto el rosal o la flor que haya sembrado. Se necesitan todas estas cualidades que vienen a ser como el adorno del verbo cuidar.
Y lo que destaca en las cartas pastorales es que Pablo, por una parte busca el bien y cuida a estos discípulos. Además les enseña a cuidarse, es decir, a que también ellos hagan buena provisión de bondad para sí mismos y busquen su bien, su bien en Dios, y luego les enseña cómo cuidar a otros.
Sé que este verbo se utiliza de una manera ligeramente distinta en América y en España, pero creo que nos vamos a poder entender bien como solemos hablar en Hispanoamérica. Las acciones que aparecen en las cartas pastorales son, Pablo cuida a sus discípulos, les enseña a cuidarse y además les enseña a cuidar a otros. Es decir, que Pablo viene a ser toda una secuencia.
Primero cuida al discípulo porque lo forma, porque le predica, porque le exhorta, porque le ayuda, porque lo aconseja. Luego le enseña también a cuidarse, incluso en aspectos físicos, en aspectos de salud. Hacia el final de la primera carta a Timoteo encontramos recomendaciones de salud. Pablo le dice a Timoteo mira, ya no tomes agua sola, mézclala con un poco de vino. ¿Qué tan saludable sería eso? Seguramente que sí. Pero más que el detalle de lo que recomienda Pablo, lo que más nos importa aquí es la delicadeza. Es ese preocuparse por el otro, ese buscar lo que es bueno para el otro. Y si así cuida del cuerpo de Timoteo, mucho más cuida de su alma y por eso le dice Cuídate tú y cuida la doctrina. Es decir, protege la integridad de la fe y de la obra de la gracia en ti, y además conserva pura la doctrina.
De esa manera le está invitando también a que ofrezca un buen alimento espiritual a los demás. Y ahí se completa la secuencia ser cuidados, aprender a cuidarnos y llegar a cuidar a otros. ¿Si ves la secuencia? la repito. Ser cuidados, dejarnos formar. Como Timoteo se dejó formar por Pablo, aprender a cuidarnos en nuestro cuerpo y en nuestra alma, y luego ya más fortalecidos, llegar a cuidar a otros, a servir a otros.
Que siga esa onda expansiva de bondad, que pueda llegar a otras personas, que pueda hacerle bien a otros. Así se propaga el Evangelio, así se propaga la gracia, así crece verdaderamente la Iglesia. Si cada uno de nosotros aprende a dejarse formar y además a proteger lo que Dios le ha dado. Y después saber cómo compartirlo con otros, para que también en ellos esa obra de amor siga dando su fruto. Son mensajes preciosos que aprendemos de la manera como Pablo trató a sus discípulos.

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