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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Cuando cambiamos la doctrina ya no miramos a Cristo, transformamos la verdad que hemos recibido de los primeros testigos de la fe por lo que quisiéramos que existiera.
Homilía styt008a, predicada en 20170126, con 6 min. y 3 seg. 
Transcripción:
El veintiséis de enero, nuestra Iglesia Católica recuerda a dos grandes discípulos de San Pablo, Timoteo y Tito, son sus nombres. Y los recordamos porque Pablo les escribió. Pablo los enseñó de modo muy particular en las tareas de la evangelización y del gobierno del pueblo de Dios. Por eso tenemos en el Nuevo Testamento dos cartas a Timoteo y una carta a Tito. Estos documentos son valiosos, por supuesto, son muy importantes para todo cristiano, pero tienen un valor absolutamente irreemplazable para aquellos de nosotros que hemos recibido el encargo de servir al pueblo de Dios a través del ministerio ordenado. Esto quiere decir que diáconos, sacerdotes, obispos, tendremos que volver con mayor frecuencia que otros cristianos. Tendremos que volver a estos documentos y extraer preciosas enseñanzas del apóstol Pablo y también del testimonio de coherencia y generosidad que tuvieron tanto Tito como Timoteo. Eso es lo que deseamos. Para aprovechar esta ocasión, para recibir alguna enseñanza a nosotros mismos, centrémonos en tres puntos que yo creo que nos pueden educar bastante. Primero, démonos cuenta de la importancia que en estos documentos tiene el tema de la doctrina. No se puede predicar la fe ni con fábulas, ni con engaños, ni con lagunas, ni con mentiras. La doctrina es el proceso, es el camino de transmisión de la verdad que hemos recibido de los primeros testigos de la fe. De ellos hemos recibido eso que nosotros creemos. Para percibir la importancia de la doctrina, para percibir por qué esto es absolutamente esencial. Yo creo que podemos hacer una comparación entre Superman y Jesucristo. Las cosas que se cuentan de Superman son buenas, son agradables, bonitas de saber. Superman que salva a una doncella en peligro, Superman que vence a grandes criminales, Superman que rescata un avión que se está cayendo. Sí, cosas interesantes. Pero como se trata de una ficción, como se trata de un engaño, pues. O sea, un engaño en el sentido de una mentira, sino en el sentido de que no es algo que está en la realidad. Entonces tú no le rezas a Superman. Superman es una ficción. Superman es la expresión de nuestro deseo, el deseo que nosotros podemos tener. ¿De qué? Pues deseo de ser salvados, deseo de que haya justicia, deseo de que no triunfe el mal. Un personaje de ficción es la expresión de nuestro corazón. Es la expresión de nuestras carencias y por lo tanto, es una hechura nuestra. Superman está hecho finalmente a imagen nuestra. Está hecho a imagen de nuestras necesidades. Y puesto que nuestras necesidades son grandes. Por eso Superman es el hombre de acero. Superman vence a los enemigos, por eso no le entran las balas. Por eso soporta el fuego. Pero es una expresión de nosotros. Es una creación nuestra. En el momento en el que dejamos perder la doctrina. En el momento en el que cambiamos el depósito de la fe, estamos convirtiendo a Jesucristo como en una especie de Superman. Es decir, estamos haciendo que nuestros deseos, nuestros anhelos, nuestra manera de pensar, ocupen el lugar que debe tener únicamente Jesús. Únicamente el Señor. Me explico. Si, por ejemplo, a nosotros no nos resulta particularmente interesante decir que Cristo nació Virginalmente de María, entonces vamos a decir que fue simplemente de la unión de un hombre y una mujer llamada María. ¿Qué estamos haciendo al cambiar ese dato de la doctrina, al negar la concepción virginal de Cristo? ¿Qué estamos haciendo? Lo que estamos haciendo es acomodando el cristianismo a lo que a nosotros nos gustaría, lo que a nosotros nos parece razonable, lo que a nosotros nos parece aceptable. Y como muchas veces en una cabeza racionalista no cabe. Francamente, no cabe hablar de una concepción virginal. Como eso no cabe dentro de mi cabeza, entonces yo impongo lo que sí cabe en mi cabeza, lo impongo al mensaje cristiano. Entonces ese ya no es Cristo. Y este es el resumen de todo. Cuando cambiamos la doctrina ya no estamos mirando a Cristo, ya estamos mirándonos a nosotros mismos, estamos mirando lo que a nosotros nos gusta, lo que a nosotros nos parece razonable, lo que nosotros quisiéramos que existiera. Es decir, estamos rezándole a Superman o a Batman o a cualquiera de esos. No, Cristo es Cristo y lo que hemos recibido de Él y lo que hemos recibido rubricado por la sangre de los apóstoles y los mártires. Eso es lo que hemos de transmitir. Mensaje profundo que Pablo inculcó en Timoteo y Tito y que conserva toda su actualidad en nuestros días.

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