Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Pidamos a Dios que a ejemplo de los santos Timoteo y Tito, nuestros obispos por sucesión apostólica preserven la sana doctrina y la práctica de la fe como cristianos católicos.

Homilía styt007a, predicada en 20160126, con 6 min. y 35 seg.

Click derecho para descargar versión MP3

Transcripción:

El día veintiséis de enero recordamos a dos de los principales discípulos que tuvo San Pablo. Estamos hablando de San Timoteo y Tito. Esta es, pues, la memoria litúrgica de los santos Timoteo y Tito. La razón por la que los recordamos es evidentemente por la proximidad a la fiesta grande, la fiesta de la conversión de Pablo. Podemos decir que a través de Timoteo y de Tito ha llegado a nosotros o se ha prolongado en la historia de nuestra Santa Iglesia el servicio de fe, el servicio y testimonio de amor de ese gran apóstol de las gentes. Estoy hablando de Pablo de Tarso. ¿Qué nos enseñan estos santos? ¿Por qué son importantes? En primer lugar, porque si vamos a nuestras Biblias, vamos a encontrar con que en el Nuevo Testamento hay una carta que se llama precisamente carta del apóstol San Pablo a Timoteo. Y luego hay una segunda carta a Timoteo. Y luego vamos a encontrar que también hay una carta a Tito. Estas tres cartas llenas de consejos sobre el gobierno y sobre la vida de la iglesia son una referencia constante para nosotros los creyentes.

Podemos decir que una dimensión muy particular del corazón de San Pablo quedó plasmada en esos escritos. Con un gran realismo, Pablo se da cuenta de que en razón de su propia edad y en razón de la persecución y de su posible martirio, como efectivamente sucedió, él tenía que dejar esta tierra. Y viene entonces la gran pregunta ¿Qué va a suceder con todo ese alimento espiritual que necesitan las comunidades? Y ¿Qué va a suceder con todo ese pastoreo que requerimos nosotros los cristianos en todas las épocas? y es ahí donde entra una palabra que es muy importante para esta celebración litúrgica de hoy, sucesión apostólica. Una de las cosas que Pablo quiere inculcar en estos dos discípulos, tanto Timoteo como Tito, es que hay un tesoro que es nuestra fe. Él habla del depósito de la fe y habla de la sana doctrina.

Pablo ya tenía suficiente experiencia y suficiente edad para darse cuenta que así como hay gente que predica rectamente lo que es propio de nuestra fe, tristemente se da el caso también de otras personas que por confusión, por ignorancia, por codicia o por otra mala intención, no predican lo que es correcto. Entonces, aquellos que presiden las comunidades cristianas tienen un deber muy serio, una gran responsabilidad ante Dios, para que el testimonio que nosotros hemos recibido de los primeros testigos, es decir, de los apóstoles. No se pierda en el curso de los siglos. Yo creo que muchos conocemos esa especie de dinámica o juego que se llama el teléfono roto cuando se le dice en una en un salón hay un grupo de personas y se le dice a la primera persona una frase, un mensaje que no sea demasiado corto y se le confía a la memoria y a la habilidad de esa persona, y esa persona tiene que contárselo a la siguiente y esa persona a la siguiente, y así sucesivamente. Y después de veinte o treinta personas que se han estado contando supuestamente la misma historia, resulta que lo que se oye al final es una cosa totalmente distorsionada. Quizás al principio se estaba hablando de los riesgos de las lluvias para las tierras en el altiplano y al final se termina hablando de los riesgos de los planos para las lluvias en la montaña o cualquier otra cosa. Eso es lo que se llama teléfono roto. Fácilmente cuando un mensaje tiene que pasar por tantos oídos y por tantas opiniones y experiencias y versiones, termina deformándose.

Entonces Pablo tiene conciencia de que la fe cristiana no puede quedar condenada a esa deformación permanente, y por eso, de un modo sumamente solemne, llama la atención de estos grandes líderes de Timoteo, de Tito, y les hace ver. Cuiden la doctrina, cuiden lo que nosotros enseñamos, no se puede perder. Y también les indica que ellos, a su vez, en el momento adecuado, en el momento correspondiente, tendrán que buscar otros responsables para que también sigan transmitiendo esa doctrina. Y eso ¿Qué significa? Eso significa que hay una sucesión, una sucesión apostólica. Esa sucesión apostólica va atravesando los siglos. ¿Cuántos siglos? Estamos hablando de veintiún siglos y por eso es tan delicada la labor de estos sucesores de los apóstoles, que finalmente son nuestros obispos.

Esa es la diferencia entre ser católico y ser testigo de Jehová, o ser pentecostal, o ser luterano, o ser anglicano. Si tú le preguntas a un luterano ¿Cuándo empezaron las costumbres que se siguen en su determinada asamblea? pues él te tendrá que decir que en el siglo dieciséis, porque muchas de las cosas que enseñó Lutero no se enseñaron nunca antes, podemos decir que salieron de la cabeza de Lutero simplemente. Entonces no tienen sucesión apostólica. Así, por ejemplo, Lutero decía que era necesario. Era necesario la sola Escritura, y que con eso bastaba. Pues esa idea de Lutero no tiene sustento. ¿Cómo, entonces, podemos preservar nuestra fe? Solamente adhiriéndonos a la práctica de los apóstoles. Y ese amor a la sucesión apostólica es lo que nos hace verdaderos cristianos y verdaderos católicos.

Publícalo en Facebook! Cuéntalo en Twitter!

Derechos Reservados © 1997-2025

La reproduccion de estos textos y archivos de audio, para uso privado o publico,
está permitida, aunque solamente sin fines de lucro y citando la fuente:
http://fraynelson.com/.

 

Volver a las homilías de hoy.

Página de entrada a FRAYNELSON.COM