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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Timoteo y Tito son ejemplos elocuentes de lo que significa ser "epíscopos," es decir, servidores que ven con ojos de buen pastor al rebaño de Cristo.

Homilía styt002a, predicada en 20110126, con 4 min. y 23 seg.

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Transcripción:

Se puede decir que la fiesta de hoy de los apóstoles, Timoteo y Tito es como una continuación de la hermosa fiesta de ayer. La conversión de San Pablo. Porque dos de los grandes, quizás los más grandes discípulos del apóstol Pablo, fueron precisamente Timoteo y Tito. La primera lectura de hoy está tomada de la segunda carta del apóstol Pablo a Timoteo. Al principio, en el Capítulo Primero de esta carta y ese texto, aunque breve, nos recuerda de un modo muy claro cómo el evangelizador, cómo el apóstol es un ser humano real. Es decir, la evangelización. O aún digo más, la religión no es la supresión de lo que nosotros somos como personas humanas.

Pablo, por ejemplo, alude al dolor que sintió Timoteo cuando tuvo que separarse de su maestro, de su padre espiritual, Pablo. Cuando tuvieron que separarse, Timoteo derramó lágrimas de pesar, y esas lágrimas quedan grabadas en el corazón paterno de Pablo, que las convierte como en un motivo para orar por este discípulo tan querido, a quien en algunas ocasiones llamó hijo. Un hijo espiritual. Porque a través de la fuerza, a través de la semilla y la vida del Evangelio, le dio una nueva vida a este Timoteo. Otra cosa notable es que tanto Timoteo como Tito pertenecen a lo que podríamos llamar la primera generación de encargados, de inspectores, de cuidadores del rebaño de Cristo. La palabra que se utiliza en griego para describir esta labor es la palabra episkopos. Literalmente, el episcopo es el que está supervisando, es el que está inspeccionando. Es el que mantiene la mirada atenta para ver qué está sucediendo en el rebaño del Señor. Este es el episcopo y en ese sentido, Tito y Timoteo se convierten en referencia de lo que es ser un episcopo, como tenían esos encargos pastorales.

Las cartas que San Pablo les dirigió se llaman las cartas pastorales. Las dos cartas a Timoteo y la carta a Tito son verdaderos documentos que nos enseñan especialmente a los sacerdotes y predicadores. Nos enseñan cuál ha de ser la disposición de nuestro corazón y cuáles han de ser las actitudes fundamentales para servir con el mayor provecho, el Evangelio de Jesús. Porque aquí hay un doble sentido de la palabra servir. Servir en el sentido de que ese evangelio tiene poder sobre nosotros y nosotros somos sus siervos. Pero servir también en el sentido de un mesero, por ejemplo, que lleva las viandas, lleva los alimentos para que la gente pueda comerlos. Así tiene que ser el Buen Pastor. Y para esto se necesita un corazón que esté formado en el corazón de Dios.

Jesús, en el Evangelio de hoy, tomado del Capítulo Décimo de San Lucas, nos recuerda que hay que pedirle a Dios que nos dé esa clase de pastores. Jesús dice: La mies es mucha y los obreros pocos. Rogad, rogad para que Dios envíe obreros a su mies. Y efectivamente, será nuestra oración ungida por el poder del Espíritu la que atraiga una generación de pastores, de verdaderos predicadores y sacerdotes santos, que puedan servir el Evangelio como lo hicieron en su momento Timoteo y Tito. Estuvo con ustedes Fray Nelson Medina de la Orden de Predicadores.

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