Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Hay un escepticismo que busca sinceramente la verdad y otro que la evita porque no le conviene. La diferencia está en si la duda nos acerca a la verdad o nos aleja de ella.

Homilía stom024a, predicada en 20260703, con 8 min. y 44 seg.

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Transcripción:

El tres de julio recordamos y celebramos al apóstol Tomás, uno de los varios hombres que llevan ese nombre y que han sido canonizados por la Iglesia. Así tenemos también a Santo Tomás de Aquino, tenemos a Santo Tomás de Villanueva; tenemos a otros santos con ese nombre, bendito sea. Y con ocasión de Tomás el apóstol, la palabra que viene a mi mente es la palabra escepticismo. El Evangelio de hoy nos recuerda esa escena impactante en que Cristo resucitado se aparece al apóstol Tomás junto con los otros y diluye, desaparece las dudas de él; aparece Cristo y desaparecen las dudas. ¿Qué hermoso mensaje, no? Aparece Cristo y desaparecen las dudas. Pues bien, El apóstol Tomás era un hombre escéptico, pero aquí es donde viene el mensaje que quiero compartir contigo hoy: es que hay básicamente dos maneras de ser escéptico. Está el escéptico que busca la verdad y está el escéptico que evita la verdad. Y son dos cosas diferentes.

Yo creo que sobre lo primero, el escéptico que busca la verdad. El gran ejemplo está en Tomás, pero tenemos otros personajes en la Biblia. Cuando Nicodemo habla con Jesucristo, según nos cuenta el capítulo tres de San Juan, está buscando a su manera, de un modo imperfecto, pero está buscando la verdad. Cuando Natanael escucha del apóstol Felipe, según nos cuenta el capítulo primero del mismo Evangelio de Juan, le dice: "Hemos encontrado al Mesías". Natanael es escéptico y responde: "De Nazaret podrá venir algo bueno". Es escéptico, pero es el escéptico que busca. Y lo mismo es Tomás. Tomás es el escéptico que busca; y ser escéptico, ser un poco desconfiado, no convencerse tan fácilmente. Puede ser incluso una cualidad.

Fíjate que en la Santa Iglesia Católica, nosotros no somos fáciles de convencer. La Iglesia no es fácil de convencer. Si una persona dice: "Acaba de suceder un milagro, en esta parroquia hay un milagro, hay una aparición". La Iglesia es parsimoniosa. Me voy a atrever a utilizar estas palabras. Es escéptica. Vamos a mirar los hechos. "Milagro eucarístico aquí". Vamos a mirar los hechos. "Es que hay una religiosa, es una santa mujer". Vamos a mirar los hechos. Murió Juan Pablo segundo. Mucha gente exclamaba en la plaza de San Pedro: "¡Santo súbito!". "!Santo súbito!". Querían que ya se proclamara Santo. Vamos a mirar los hechos. O sea que la Iglesia aprovecha su parsimonia, su serenidad, su examen crítico. Se parece al escéptico. Pero el escéptico que busca. Y eso no es pecado, el ser un escéptico que busca. El Papa Benedicto tuvo palabras, incluso llamaríamos elogiosas para aquellos que buscan, para aquellos que están en camino, para aquellos que precisamente no se conforman con la opinión pública. Porque además, la opinión pública, como decía Fray Luis de Granada: "es un monstruo de cien cabezas". Hoy te dicen una cosa y mañana te dicen otra.

Entonces, mis hermanos, hay un escéptico que busca. San Agustín nos habla del otro escéptico; el escéptico que evita la verdad porque no le conviene. Por eso decía San Agustín que: "Hay ateos que niegan la existencia de Dios, porque no les conviene que exista Dios", o sea, evitan la búsqueda de Dios, evitan la certeza, evitan los argumentos, llegan incluso a decir es que simplemente las cosas son así.

El otro día estaba estudiando un poco a este filósofo británico, indudablemente un hombre muy brillante. Pero es que ser brillante no es lo único que se necesita para llegar a la verdad. Estoy hablando de Bertrand Russell y él, fue ateo toda su vida. Solamente hay por ahí un escrito donde él siente como un llamado a la trascendencia, pero no le da nombre ni llega a una fe en un Dios personal, ni mucho menos. Además, algunas de las imágenes que utilizó el ateo Bertrand Russell han sido muy poderosas en favor del ateísmo. Pero estudiando un poco a este filósofo, yo decía: Bueno, ¿pero cómo maneja él?, Lo que parece evidente. Y es que un universo ordenado parece reclamar, pues? Lo podemos discutir, pero un universo ordenado parece reclamar una mente ordenadora. O como diría el Papa Benedicto: A partir de la creación. Pues nos acercamos a la racionalidad, nos acercamos al logos. Eso es lo que parece natural.

Y entonces, Bertrand Russell con ese argumento que finalmente es el argumento de la causa incausada, o el argumento de la causa primera, o también se le conoce como el argumento del motor inmóvil. Tiene varias expresiones ese argumento; pues Bertrand Russell despacha ese argumento básicamente diciendo: "No, no hay que buscar más causas, Simplemente las cosas son así", ¡las cosas son así!. ¿Me vas a decir? Pero, utilizar la expresión "las cosas son así" o simplemente esa es la realidad, digamos, de la materia o esa es la realidad del universo. ¿Eso no es renunciar a nuestra capacidad racional? En el momento en el que dejas de preguntar, en el momento en el que renuncias a la pregunta, estás renunciando a la capacidad racional.

Y eso lo hizo Bertrand Russell, como lo han hecho muchos otros ateos, porque sabían, o por lo menos presentían. Creo yo, que seguir preguntando: ¿por qué existe ese orden, por qué existe esa lógica, por qué existe esa luz? Pues eso les iba a llevar tarde o temprano, tenía que llevarles a la afirmación de una primera causa que no tiene causa ella misma. Y esa es la causa incausada que nosotros le damos el nombre de Dios, según lo presenta precisamente Santo Tomás de Aquino.

Entonces que nos quede claro, que nos quede claro: hay un escepticismo sano que evita la credulidad, que evita simplemente la fuerza de la opinión pública, porque es opinión pública y que busca juiciosamente. ¿Cuál es el contenido de verdad que hay en lo que recibimos? Como decía el filósofo jesuita Bernard Lonergan: "dos operaciones fundamentales de la inteligencia son: ¿esto qué es?" Pero luego la pregunta de verdad es así: O como él lo preguntaba en inglés: ?¿Is this all?? ¿Es eso? ¿De verdad es así? Eso es propio de la intencionalidad del entendimiento humano.

Y ese, es el escepticismo sano, el escepticismo que busca y que está dispuesto a rendirse ante la verdad, como Tomás se rindió ante las llagas de Cristo. Pero, ¡cuidado! Cuidado con el otro escepticismo, el escepticismo que evita la verdad porque no le conviene. Porque tendría que caer mi imagen, porque tendría que renunciar a algunos pecados. San Agustín ya lo decía con claridad: "Solo niega a Dios, aquel a quien no le conviene que Dios exista". Así que muy clara, por favor. Esa diferencia entre un escepticismo y otro. Que Dios nos conserve en la búsqueda de la verdad. Porque finalmente el que busca con amor la verdad, encontrará a aquel que dijo: "Yo soy el camino, y la verdad y la vida".

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