Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Los apóstoles son quienes nos invitan a entrar y permanecer en la casa de Dios, nos conducen hacia el verdadero cimiento que es Cristo para que tengamos firmeza, esperanza, alegría y paz en Él.

Homilía stom023a, predicada en 20250703, con 7 min. y 9 seg.

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Transcripción:

El tres de julio celebramos la fiesta del apóstol Santo Tomás y la primera lectura del Día de Santo Tomás está tomada de la carta a los Efesios, donde Pablo, también llamado a ser apóstol, nos enseña dos grandes bienes que traen los apóstoles. Primero, que ya no somos extranjeros y, segundo, que ahora tenemos un cimiento. Ya no somos extranjeros ni forasteros, sino que somos miembros del pueblo de Dios, de la casa de Dios, y estamos cimentados sobre el cimiento de los apóstoles, siendo Cristo, por supuesto, la roca angular.

Quisiera detenerme con ocasión de la fiesta de Santo Tomás, en esos dos aspectos que los apóstoles han traído a nuestra vida y que de alguna manera deben prolongarse también a través de nosotros. Primero, ya no somos extranjeros. Es decir, los apóstoles hacen que estemos en casa. Podemos decir que son ellos los que abren la puerta para que nosotros entremos en la casa de Dios. Esta expresión está tomada o la tomo yo del Apocalipsis, donde se nos habla de la ciudad santa de Jerusalén y se nos dice que hay doce puertas que llevan los nombres de los apóstoles del Cordero.

Se está indicando claramente de esa manera que son ellos los que nos invitan a entrar en la ciudad de Dios, los que nos invitan a entrar en la casa de Dios y también los que hacen que nosotros nos sintamos propiamente en casa. Los apóstoles nos invitan a entrar en la casa de Dios y nos ayudan a sentirnos en casa. ¡Qué hermoso! ¿Y cómo sucede esto? Pues mira, ellos saben invitarnos a la casa de Dios porque ellos mismos han sido invitados; es decir, la bajeza de su barro humano, como aparece en Tomás, por ejemplo, que fue incrédulo y al Cristo le dijo: "No seas incrédulo, sino que hazte creyente".

La bajeza de su barro no fue un obstáculo para la gracia de Dios, y por eso ellos tienen la experiencia directa, inmediata, intensa, irrevocable, irreversible. Ellos tienen la experiencia directa de lo que puede hacer la gracia de Dios, de lo que puede hacer el amor de Dios. La persona que tiene esa experiencia directa es la persona que le puede contar a los demás lo que Dios hace. Yo voy a hacer una comparación: Conocemos algunas buenas obras de rehabilitación de personas, por ejemplo, personas que han estado en el mundo de la droga. ¿Y sabes quiénes son los que resultan mejores guías, resultan mejores líderes para conducir a otros al mundo de la sobriedad? Después de que han estado tanto tiempo en el mundo de la droga, ¿sabes quiénes son los mejores guías? Los que han salido de ahí, los que han salido de esas dependencias, de esas adicciones; son los que pueden decir de una manera más clara, de una manera más intensa, de una manera más creíble. Le pueden decir a sus compañeros: ?yo he estado ahí donde tú estás y de ahí se sale?.

Casi siempre lo dicen expresamente; se sale con la ayuda de Dios. Entonces, esos son los apóstoles y por eso los apóstoles nos invitan y nos hacen sentir en casa, porque ellos han conocido la fragilidad de su propio barro, han conocido la fragilidad de su propia condición, de su naturaleza herida por el pecado; y ahora tienen la capacidad de llamar a otros, de convencer a otros, y esos otros somos nosotros para que estemos en casa, en la casa de Dios.

Pero además, los apóstoles nos dan un cimiento, y esto me parece todavía más hermoso, porque ya sabes que los predicadores arrogantes Dios nos libre; nos libre siempre, porque la tentación siempre estará ahí. El predicador vanidoso, el líder arrogante o vanidoso, siempre quiere llevar a la gente hacia sí mismo. Que me quieran, que me celebren, que me aplaudan, que me crean. Pero la persona que está en Cristo obra de un modo muy distinto. La persona que está en Cristo, quiere llevar la gente hacia Cristo, no quiere llevar la gente hacia él mismo, sino hacia Cristo.

Es decir, el ideal del apóstol es la transparencia. El ideal del apóstol es llevar a las personas hacia Cristo. Ese es el ideal. Y por eso, porque los apóstoles nos llevan hacia Cristo, por eso nos llevan hacia el cimiento, por eso nos llevan hacia donde está la fuerza, donde está la firmeza, donde está la esperanza, donde está la alegría, donde está la paz.

Es decir que el apóstol te invita a entrar en la casa de Dios, hace que tú te sientas y te sepas familia de Dios, pero te deja en las manos de Cristo. Te deja en el poder de Cristo. El protagonista de un apóstol no es el mismo apóstol. El protagonista es siempre Cristo, decía Pablo: "Es que ya no vivo yo, es Cristo quien vive en mí". También otra expresión de San Pablo: "Yo planté, Apolos regó; es Dios el que da el crecimiento".

Así que son dos aspectos muy bellos de los apóstoles que convenía recordar en esta fiesta. Primero, son ellos los que nos invitan y nos hacen sentir en casa. Y, segundo, son ellos los que apuntan y nos conducen hacia el verdadero cimiento para que nuestra vida tenga firmeza. Y otra vez tengo que citar a San Pablo para que no seamos como niños, a los que cualquier viento de doctrina lleva a cualquier parte, sino que estemos sólidamente establecidos en Cristo. Amén.

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