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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Busquemos ser semejantes al corazón de Jesús. Tomarlo a Él como camino significa entregarle el control. Lo más débil en nosotros nos mantiene apegados a Nuestro Señor.
Homilía stom022a, predicada en 20240703, con 7 min. y 2 seg. 
Transcripción:
El tres de julio, nuestra Iglesia Católica recuerda y celebra al apóstol Santo Tomás. Hay tres datos que recordamos muy bien sobre este apóstol. Primero, que era llamado en griego se dice: didymos y en español traducimos como el gemelo, y con lo cual surge una pregunta muy interesante: si él era gemelo, ¿cuál era su gemelo? Una pregunta muy buena. Entonces ahí tenemos un punto. Otro punto es que en la Última Cena este apóstol le pregunta a Cristo: "Si no sabemos a dónde vas, ¿cómo sabremos el camino?" Y el otro dato interesante, que es el que se recuerda en el Evangelio que se proclama hoy, es que este es el apóstol que dijo: "Si yo no veo, yo no creo; yo tengo que ver la señal de los clavos. Yo tengo que ver la herida del costado". Evidentemente, Tomás tenía conciencia de cuáles eran las heridas más prominentes, casi diríamos más escandalosas, que sufría el cuerpo de una persona crucificada. Él eso lo tenía muy claro. Bueno, esos son los tres datos que tenemos y yo quiero comentar brevemente tres cosas sobre esos tres datos. Primero, hay una teoría un poco loca, pero imposible, por supuesto, de contradecir, y que tiene tal vez un poquito de lógica. Tal vez ese apodo que le tenían a Tomás al llamarlo el gemelo era porque físicamente Tomás se parecía mucho a alguien. ¿Y sabes lo que dice esta teoría? Que de los apóstoles, él era el que físicamente se parecía más al mismo Cristo; tenía ese parecido físico. Pero es interesante ver cómo la semejanza puramente exterior, puramente física, no es suficiente. No sabemos si es verdad que físicamente Tomás tenía un cierto parecido con Jesús. No lo sabemos. Pero aunque hubiera sido así, el solo parecido exterior no es suficiente. Y esta es la enseñanza que quiero que nos quede clara: ¡No es suficiente! Es decir, que la gran semejanza que nosotros hemos de buscar con Cristo es la semejanza interior de la que nos habla San Pablo en Filipenses, capítulo dos, cuando dice: ?Tengan entre ustedes los mismos sentimientos de Cristo?. Eso, en cuanto al primer punto que te repito, nadie puede verificar. Pero aunque hubiera sido cierto que Tomás se parecía físicamente mucho al Señor, lo importante está en la semejanza de corazón. Segundo, Tomás le dice a Cristo: "Si no sabemos a dónde vas, ¿cómo sabremos el camino?? Esa es la manera de expresarse de una persona muy lógica, muy racional, pero sobre todo una persona que gusta de tener el control, como yo creo que nos pasa a muchos de nosotros: nos encanta tener el control de las cosas. Y entonces Cristo le dice: ?¿Cómo van a saber el camino? Es que el camino soy yo?. Esa respuesta de Cristo, que estamos acostumbrados a oír: "Yo soy el camino". En el fondo significa que si quieres llegar a donde yo voy, no te desprendas de mí. Pero no desprenderse de Cristo, tomar a Cristo auténticamente como camino, significa soltar el control. Mira el parecido tan grande que hay entre las palabras que Cristo le dice a Tomás y las palabras que Dios le dice a Abrahán cuando le dice: "Sal de tu tierra y de la casa de tus padres a la tierra que yo te mostraré". "Yo te mostraré": ¿qué significa eso? que tienes que caminar en mi presencia y junto a mí, tienes que ir conmigo, porque yo te lo mostraré. Es decir, Dios puso a Abraham en dependencia hacia Dios, y Cristo puso a Tomás en dependencia hacia Cristo. Pero sobre todo volviendo a nuestra reflexión y aplicación moral: aquí, de lo que se trata es de soltar el control o mejor, entrégale el control a Cristo. Tercero, hay muchas cosas que se pueden reflexionar sobre Tomás cuando se encuentra con el Resucitado. Aquello de: ?si no veo el hueco de los clavos y no veo la herida del costado?. Y uno siempre reflexiona de Tomás, en la parte de la dificultad que él tenía para creer o el paso en la fe que da, como nos enseña San Agustín. El paso en la fe que da, cuando finalmente Tomás dice: "Señor mío y Dios mío". San Agustín, meditando en esa frase, dice: "Por supuesto que ejerció la fe porque proclamó más de lo que vio. Vio a un hombre resucitado y lo proclamó como Dios". Sí, uno reflexiona mucho en torno a Tomás. Pero, pensemos en un aspecto muy hermoso que lo escuché hace ya bastantes años en la predicación de un buen sacerdote de mi comunidad. Decía él: "Démonos cuenta la misericordia que hay en el hecho de que Cristo resucitado haya querido dejar sus llagas visibles, porque están visibles; créeme que no solo para Tomás. Las llagas del Resucitado se hacen presentes en nuestras vidas de muchas maneras. Las llagas del Resucitado se hacen presentes en nuestra vida, a veces en nuestro propio cuerpo y en nuestra propia historia. Cuando descubrimos, cómo descubrió San Pablo, que lo más débil y lo más llagado de nuestra historia es lo que muchas veces nos mantiene más apegados, más unidos a Dios. Entonces quisiera que cerráramos esta pequeña reflexión alabando la misericordia de Cristo que quiso dejar visible sus llagas para Tomás, y de alguna manera también para nosotros.

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