Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Cristo hubiera podido manifestarse al apóstol Tomás en soledad pero prefirió esperar a que él volviera a la comunidad para enseñarnos que, sin comunidad, perdemos los mejores frutos de la oración, la formación, la evangelización y la enmienda de nosotros mismos.

Homilía stom019a, predicada en 20200703, con 20 min. y 34 seg.

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Transcripción:

Hermanos míos, esa experiencia que vivió Tomás fue ante todo algo que marcó su vida. Pero si el Espíritu Santo ha querido que quede en el Evangelio y que llegue hasta nosotros, es porque seguramente podemos y debemos aprender algo de lo que le sucedió a él. Y hay una lección que yo quisiera destacar: es el papel de la comunidad en la transmisión de la fe. Observemos que se habla de dos apariciones de Cristo. La primera aparición sucede cuando están los discípulos, pero no está Tomás. Tomás, por la razón que sea, se ha separado de la comunidad; está seguramente en las calles o en el templo de Jerusalén o está en otra parte, pero no está con la comunidad creyente.

Y hay una lección interesante. Te has puesto a pensar que Jesús hubiera podido manifestarse a Tomás en cualquier otro sitio. Es Cristo, es el Resucitado. Hubiera podido aparecérsele ese mismo día por la calle o donde estuviera Tomás. ¿Dónde estaría? ¿Dónde unos amigos? ¿Dónde otros discípulos del Señor? ¿Meditando solo por allá, en algún campo? No sabemos. Pero, dondequiera que hubiera estado, Cristo hubiera podido buscarlo a él. Y allá, en ese lugar, hubiera podido suceder la escena que hemos visto. Pero el Señor Jesús quería que tuviéramos clara una cosa: y es que la comunidad es el fogón de la fe, la comunidad es la hoguera donde está esa luz preciosa que nos permite ver el misterio de Cristo, luz preciosa que también nos permite vernos a nosotros mismos.

Y por eso Cristo, que hubiera podido hacerlo, no fue a manifestarse a Tomás cuando él estaba lejos de la comunidad. Podríamos decir que Cristo esperó a que Tomás volviera a la comunidad para manifestarse en la comunidad. Ahí claramente hay una lección para nosotros. Es como si dijéramos: "Si Tomás no hubiera vuelto a la comunidad, entonces se hubiera perdido de la presencia, de la gloria de la verdad de Jesucristo?. Tomás no estaba con la comunidad y no vio nada. Pero luego viene otro punto. Cuando él vuelve la primera vez, entonces los demás le cuentan: "Hemos visto al Señor". El texto dice así. Los otros discípulos le decían: "Hemos visto al Señor. Él contestó: " Si no lo veo yo". Él no quiere creer en el testimonio de la comunidad. Él quiere tener una verificación, quiere tener una evidencia él mismo. Cristo, en su compasión, le va a dar esa evidencia. Pero date cuenta que Cristo le da esa evidencia cuando Tomás, insisto, está con la comunidad y, por cierto, le hace una corrección: "No seas incrédulo, sino creyente". Dice la traducción, no seas incrédulo.

¿O sea que qué está corrigiendo ahí? Le está diciendo: "creele a la comunidad, creele a la comunidad creyente". No todo se te puede dar por evidencia explícita y perfecta a satisfacción de tu corazón y de tu gusto. Creele a la comunidad: eres parte de un cuerpo y, por consiguiente, lo que te da esa comunidad creyente, lo que te da la Iglesia es presencia mía, es voz mía. ¿Por qué Cristo le hace esa corrección? ¿Le hace esa corrección a Tomás? Primero, porque se ha separado de la comunidad y, segundo, porque no la he escuchado, o mejor, escuchándola, no ha creído. Entonces hay una poderosa corrección del Señor Jesús ahí, una corrección que vale también para nosotros. Veamos por qué.

¿Qué significa separarse de la comunidad y qué significa no escuchar a la comunidad? Vemos que estos son los dos errores que cometió Tomás en ese momento: separarse de la comunidad, no creerle a la comunidad. ¿Cómo se aplica eso a nosotros? ¿Qué significa separarse de la comunidad? Significa que aunque yo tenga la fe, aunque yo crea tener la fe, no hago oración con otros, no me junto con otros. Eso es lo que significa. En ninguna parte se nos dice aquí que Tomás fuera un ateo. Claramente era un hombre escéptico, con una tentación quizás de racionalismo, pero en ninguna parte se nos dice que él fuera ateo. No.

O sea que el problema de separarse de la comunidad no es que pierdas, por decirlo así, instantáneamente pierdas la fe. No; quizás tú te separas de la comunidad y tú sigues teniendo ciertas ideas, crees que existe Dios, sigues creyendo que ese Dios envió a su Hijo; sigues creyendo muchas cosas, pero has perdido algo esencial porque te has separado. Es decir, cuando dejas de orar con otros, cuando dejas de formarte con otros, cuando dejas de evangelizar con otros, cuando dejas de recibir la corrección de otros y ofrecer también tú, la corrección a otros. Estos son los cuatro verbos. Estas son las cuatro acciones que más interesan, las repito: ¿De qué te pierdes? Dejas de orar con otros, dejas de formarte con otros, dejas de evangelizar junto con otros y dejas de recibir y dar la corrección que solamente sucede en comunidad. Esas son las pérdidas que tuvo Tomás.

¿Y por qué esto es importante? Profundicemos un poquito más. Alguien podría decir: "no, pero yo para orar yo tengo mis oraciones". Tú tienes tus oraciones, yo lo sé, yo sé que es así. Pero en primer lugar, observa que la oración nuestra es comunitaria desde el principio. Por qué nosotros hemos aprendido de Cristo que hay que decir: "Padre nuestro que estás en el cielo". ¿Por qué decimos Padre nuestro? Y sobre esto insisten los Santos Padres de la Iglesia. Un San Cipriano, un San Agustín, un Santo Tomás, insisten en la importancia de la palabra nuestro. Padre nuestro como en una familia. Además, ten presente esto: cuando nosotros, y este es un pensamiento que viene de San Cipriano. Obispo y mártir. Cuando nosotros oramos con otros, cada uno se beneficia visiblemente de la oración mutua.

¿O es que acaso quiero ser yo, el único que ore por mí? ¿No es verdad que yo salgo ganando cuando otros hacen oración por mí? ¿No es verdad que ese es un triunfo de la gracia de Dios en mi vida? O es que acaso esta idea, repito, es de San Cipriano. Hay tanto mérito en mí, hay tanta fuerza espiritual en mí que solo necesito de mi propia oración. ¿No es verdad que necesito de la oración de otros? Sí, sí necesito de la oración de otros, entonces, ¿cuál es la resistencia a orar con otros? Si yo necesito de ellos, ¿por qué voy a apartarme? Eso en cuanto a la oración.

Luego está el tema de la formación. Hoy, más y más gente está tomando conciencia de que necesitamos el tema de la formación. Los desafíos que experimenta un católico hoy en día son muy fuertes. Y si tú no te estás formando, estás en grave peligro de traicionar tu fe. Estás en grave peligro de transformar las implicaciones de la fe. Porque la fe tiene implicaciones, la fe tiene consecuencias. Entonces tú puedes creer que estás conservando la fe, pero las implicaciones de la fe, sobre todo cuando tocan tus intereses, eso te lo estás perdiendo. Porque dejado a tu propio arbitrio muy fácilmente puede suceder muy, pero muy fácilmente puede suceder que tú encuentres justificación a todo lo que haces. Y qué fácil que es justificar uno su pereza, justificar uno su egoísmo, justificar uno sus pecados de omisión, Esos que ni siquiera ves.

Por eso necesitamos formación y esa formación ha de ser en comunidad. Yo sé que hay circunstancias a veces difíciles. Estamos viviendo en el mundo una circunstancia difícil que tiende a aislarnos por el problema de la pandemia. Pero, mis hermanos, nosotros no podemos, no podemos renunciar a formarnos en comunidad. Efectivamente, del entusiasmo de otros por conocer a Cristo yo también recibo. De las preguntas que otros tienen, yo también aprendo. Esos son bienes que llegan a mí y, posiblemente, mi propia inquietud y mi deseo de avanzar en la fe, pues también hacen un bien a los demás hermanos. Así nos beneficiamos unos de otros.

Vas a decir cuando tomas un curso o cuando lo tomabas: ¿Vas a decir que todas las preguntas interesantes se te ocurren a ti? Todas, todas las preguntas de las que tú puedes beneficiarte, todos los comentarios que pueden ser útiles, todos se te ocurren a ti. ¿Qué es esa prepotencia, por Dios? ¿Qué es ese orgullo que subrepticiamente se mete en nosotros y que creemos que todo lo podemos solucionar con libros o con Internet? Entonces hay que tener cuidado cuando te apartas de la formación. Muy pronto empiezas a centrarte en lo que a ti te interesa, en lo que a ti te gusta, en tus solas preguntas y tú sales perdiendo.

Hay que evangelizar junto con otros. Hay muchas obras preciosas de evangelización que tiene la Iglesia, ¿pero qué quedaría de ellas si cada uno simplemente se encierra en su casa? No te ha pasado a veces que oyes una noticia triste, el ejemplo que voy a dar ya lo he comentado otras veces; oyes una noticia indignante y dices para tus adentros: ¿pero yo qué puedo hacer? Pensemos en el caso pro-vida. Todos tenemos que ser defensores de la vida. Todo católico. Y tú has visto cómo hay una cantidad de leyes en contra de la defensa de la vida. Tú, aislado, metido en la casa, viendo noticias por Internet. ¿Qué puedes hacer? Nada. Y yo tampoco. Pero si nosotros nos unimos y tomamos una acción conjunta, algo podemos hacer.

Ya hay pasos que se han dado. Hay países que han sido valientes en eso. Hay un país de Europa central, por ejemplo, en donde en algún momento el Parlamento había aprobado aquello de los matrimonios de personas del mismo sexo. Pues has de saber que una serie de valientes activistas empezaron a unir a la gente a través de redes y se cayó esa ley. Esas cosas se pueden hacer; si esas son las herramientas que utilizan los enemigos de la familia y los enemigos de la fe. Utilizando las redes, hacen manifestaciones y muchas cosas más. ¿Nosotros qué, nos vamos a quedar cada uno aislado? ¿Cada uno aislado, qué vamos a poder hacer? Tenemos que unirnos.

Tal vez eres una persona que tiene excelentes ideas, muy buenas ideas, pero no eres bueno para todo. No, no eres bueno. Tal vez para organizar equipo. No eres bueno para recoger recursos. No eres bueno para hacer un planteamiento público convincente. Entonces lo que tú tienes no lo tienen otros. Lo que otros tienen no lo tienes tú. Por eso el trabajo, la evangelización, tiene que ser comunitaria. Tomás, solo muy poco puede. Lo único que puede es desanimarse. Por eso necesitamos orar juntos, formarnos juntos, evangelizar juntos.

Me falta un elemento muy importante, aquello que he mencionado y que es tan propio de la vida en comunidad: aprender a corregirnos mutuamente. Hay un dicho que tiene varias versiones y que existe en la lengua inglesa. De hecho, surgió en Gran Bretaña. "Cada hombre es rey en su castillo". Hombre en este sentido: el de una persona; cada hombre es rey en su castillo. Su castillo es su casa. "Cada hombre es rey en su casa". Y esto tiene su importancia.

Mira, cuando uno se aísla, uno de los "beneficios", que supuestamente tiene es: que, pues nadie se mete conmigo. Eso puede parecer cómodo, pero que nadie se meta contigo en el fondo es una desgracia. Y tal vez le podríamos preguntar a la gente que tiene que vivir contigo. Puede ser tu esposo, tu esposa, tus hijos. Si les preguntáramos a ellos, seguramente lo que ellos tendrían para decir es: pues yo quisiera que mi esposo, o mi esposa o mi hijo, el que sea, yo quisiera que él pudiera tener una actitud más humilde y se dejara corregir, pero ya no sabemos qué más hacer. Entonces, muchas veces la gente con la que convives es gente que simplemente te aguanta. Perdóname que te lo diga así, pero hay gente que simplemente te aguanta y esa es la grandeza de la vida en comunidad. Esto vale para todos, niños, jóvenes.

Hay papás que se cansan de decir las mismas cosas a sus hijos y como que no logran ningún resultado. Si esos hijos están en comunidad y si verdaderamente son capaces de ser comunidad, esos hijos van a escuchar las palabras que les llegue de otras personas, porque es que hay momentos en que uno se bloquea. A todos nos ha pasado. Entonces tal vez esos hijos ya están así, con los oídos bloqueados y ya no oyen al papá, ya no oyen a la mamá, pero sí son comunidad. Seguramente sí van a oír a otra persona. Esa es la bendición de ser comunidad. Si tú eres comunidad, aunque estés bloqueado para oír a tu propia esposa, a tu esposo, a tus hijos, a tu papá, a tu mamá, aunque estés bloqueado; seguramente vas a tener oídos para alguien. Y si ese alguien es una persona que cree, con fe íntegra, que tiene amor a Dios, seguramente va a poder llegar a tu corazón por otro camino y tú vas a salir bendecido.

Entonces fíjate los grandes bienes que trae la comunidad, los grandes bienes de los que se estaba perdiendo Tomás. Y por eso Jesús esperó a que Tomás volviera. Tomás tenía que volver a la comunidad para recibir el regalo de la presencia del Resucitado. Yo he notado en algunas personas, cercanas, queridas; he podido notar esto y lo he notado en el tiempo de confinamiento. He notado cómo algunas personas se abren y buscan ser corregidas en lo que tienen que ser corregidas. Pero también he visto gente que se aísla. También he visto gente que aprovechando un poquito ese ambiente de confinamiento, prácticamente no hablan con nadie, solamente hablan con ellos mismos para confirmar sus propias ideas, para seguir sus propios proyectos. Créeme que los que se están aislando de esa manera en tiempo de confinamiento están perdiendo y terminan llenándose de amargura, de agresividad. Por eso es que tenemos episodios de violencia doméstica en confinamiento. Por supuesto que el confinamiento supone unos desafíos muy grandes a la psiquis humana. La psicología humana no está hecha para el confinamiento; es algo que resulta demasiado exigente y ya eso de por sí lo tensiona a uno.

Pero quiero decirte que, además de la tensión psicológica, también está este punto. Si tú te aíslas, si no hablas con nadie para evitar que te corrijan, si solamente estás metido en ti mismo o en ti misma, eso también produce agresividad. ¿Sabes por qué? Porque cada vez confirmas más tus propias ideas, solamente tus propias ideas y, como no las consultas con nadie. Como no te dejas corregir por nadie, cada vez estás más seguro, más endurecido, Eres rey en tu castillo, has hecho de tu casa tu castillo y tú eres el rey. Tú eres la reina y pretendes que solamente valga tu voz. De ahí viene la agresividad.

Entonces necesitamos comunidad y comunidad en todos estos sentidos: oración, formación, evangelización y corrección. De eso se estaba perdiendo Tomás y por amor a Tomás, Cristo no se le apareció para confirmarlo en la fe por allá lejos, quién sabe en qué montaña andaba por allá, rezando, meditando él. No; allá no fue Cristo, esperó a que Tomás volviera y, cuando volvió Tomás, le dio todas las bendiciones que tenía para él. Que esas bendiciones lleguen también a nosotros. Le suplico al Señor. Amén.

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