Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Tomás llegó a la fe pero necesitó evidencia; es más perfecto llegar a la fe simplemente recibiendo los signos que Dios nos concede.

Homilía stom018a, predicada en 20200703, con 33 min. y 8 seg.

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Transcripción:

Hermanos. Indudablemente, la palabra que destaca cuando llegamos a la fiesta de Santo Tomás es la fe. Aquello que Cristo le dice a Tomás debe ser motivo de nuestra reflexión: "¿Porque me has visto, has creído? Dichosos los que crean sin haber visto". Con el auxilio del Espíritu Santo, busquemos entender estas palabras de nuestro Señor Jesucristo.

Primero, hay que tener en cuenta que el verbo ver tiene un sentido muy profundo en el evangelio de Juan. Luego, hay que tener en cuenta la relación que tiene el verbo ver con el verbo creer y, luego, preparados de esa forma, tratemos de entender por qué Cristo dice: ?Dichosos los que crean sin haber visto?. Ese es el itinerario que vamos a seguir en esta homilía, con el favor de Dios.

Primero, la importancia del verbo ver. Cuando nosotros nos referimos al verbo ver en un lenguaje cotidiano, simplemente estamos haciendo referencia a la percepción que tenemos a través de ese maravilloso órgano de los sentidos que es la vista: el uso de nuestros ojos para percibir las formas, las distancias, los objetos, los colores, los movimientos. Es una maravilla, una bendición el poder ver.

Pero en el Evangelio de Juan este verbo tiene una profundidad especial. Porque Cristo, en el Evangelio de Juan, es aquel que nos ofrece signos. En el Evangelio de Juan. La palabra que se usa más que milagros, es la palabra signo. Desde el capítulo segundo del Evangelio de Juan, la palabra que brilla es la palabra signo. Cuando Cristo, en aquella boda, cambió el agua en vino, el evangelista comenta: "Este fue el primer signo que hizo Cristo ante sus discípulos, y ellos creyeron en Él".

Observemos que si se habla de un signo, se habla de algo que hay que ver. Entonces, el verbo ver no se refiere simplemente a la percepción visual, sino que se refiere a captar el signo. El verbo ver en el evangelio de Juan no es algo puramente físico, fisiológico; es algo que supone nuestra mente, nuestro corazón, algo parecido a lo que sucede cuando nosotros leemos.

Es evidente que para leer necesito que, a través de mis ojos entren aquellas formas y colores del texto que está escrito. Pero esas formas y colores solo adquieren sentido para mí en el momento en el que entra la mente en juego: tiene que entrar mi mente, y la mente tiene que darse cuenta de qué es lo que está apareciendo ahí. Si hay manchas de colores, yo solo vería eso; pero si esas manchas tienen una determinada forma, yo digo que esa es una letra, es algo que yo reconozco. Es una letra: es la letra A. Luego veo otra letra al lado de esa A, hay otra letra que es la letra M ahora estoy reconociendo que hay otra letra, es la letra O y al final está la letra R. Entonces leo y digo ahí dice amor.

Ya no son solamente formas que han impactado mi retina; ahora ya hay un significado. Eso es lo que quiere decir el verbo ver en el Evangelio de Juan. El verbo ver es el verbo por el cual tú captas los significados; es decir, que incluye, por supuesto, el ver fisiológico, el ver de nuestros ojos, pero incluye también el ver de nuestra mente, el ver de nuestro corazón.

¿Por qué hablo del ver del corazón? Supongamos que entro en casa de mi familia y veo a mi hermano. Su rostro está caído, sus ojos no se levantan del suelo, se le ve pálido; evidentemente hay una percepción visual. Pero yo también leo la actitud de su cuerpo. Leo ese rostro. Entiendo que hay un significado y, en donde lo entiendo, no solamente en mi mente, en mi corazón, porque es alguien a quien yo amo, es alguien importante para mí. Entonces, al ver a mi hermano con esa actitud, con ese rostro pálido, con esa tristeza tan clara, hay algo que entiendo y hay algo que me toca, que me impacta. Por eso mis palabras tendrán seguramente un tono de cercanía, de afecto, de acogida: ?¿Te pasa algo? ¿Puedo hacer algo por ti??

¿Por qué hablo de esa manera? Porque he visto no solo con mis ojos, sino también con mi mente y con mi corazón. Podríamos decir que el verbo ver en San Juan es un verbo integral: que incluye cuerpo y alma, que incluye cómo funcionan tus órganos de los sentidos, pero también cómo está tu mente, cómo está tu corazón. Por ejemplo: ¡Dios me libre! Si mi corazón estuviera marcado por un egoísmo radical, por un narcisismo ridículo, llego y encuentro que mi hermano está así y digo: "este no está ahora para nada; cierro la puerta y me voy". Es decir, yo no entendí, yo no leí, Yo no me dejé impactar por lo que pude ver que él tenía.

Entonces el verbo ver es el verbo para captar los signos. Y Cristo, en el Evangelio de Juan, es el gran dador de los signos. De hecho, Cristo mismo es el signo. Por eso dice en el capítulo primero, versículo catorce de San Juan: "El Verbo se hizo carne y acampó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria". Hemos visto su gloria. Es decir, que la presencia de Cristo es el gran signo de Dios. Es el gran lenguaje de Dios. Por eso también San Juan lo llama "La Palabra", que en griego se dice logos. Cristo es el gran signo de Dios, y leer a Cristo es recibir en mi corazón todo lo que Cristo tiene para darme.

En el capítulo sexto de este Evangelio de San Juan encontramos un dato interesante. Después de la multiplicación de los panes, Cristo despide a la gente y, después de despedirlos, se va. Eventualmente, llegará a Cafarnaún. Cuando la gente se da cuenta de que Cristo se ha ido, van a buscarlo. Y cuando van a buscarlo y lo encuentran, he aquí las palabras que dice Cristo: "Ustedes me buscan, no porque hayan visto los signos. -Así aparece en griego-, no porque hayan visto los signos, sino porque comieron hasta saciarse".

A la luz de lo que estamos explicando, la Palabra de Cristo significa: Ustedes se quedan en el puro nivel fisiológico, ustedes se quedan en el puro nivel material. Les sirvió el milagro de la multiplicación de los panes, comieron muy bien y se llenaron la barriga; eso es lo único que les interesa. Ustedes no tienen una mirada profunda; ustedes no están entendiendo lo que está sucediendo. Es decir, ustedes no están viendo en profundidad el signo. Y aquí vemos la importancia de cómo se pasa del ver al creer. Resulta que en el capítulo segundo de San Juan se dice: "Este fue el primer signo que Cristo realizó y sus discípulos creyeron en Él"; es decir, vieron el signo, entendieron el significado, creyeron lo que Dios les mostraba a través de ese signo. O sea que el creer está en continuidad con el ver.

En el Evangelio de Juan, el ver significa acoger el signo. Cuando yo recibo el signo que Dios me da y Dios nos da señales y signos, también a ti y a mí . Cuando acojo el signo que Dios me da, cuando recibo ese signo, cuando recibo ese significado -lo que está significado por el signo-, en ese momento empiezo a creer. Estos son los verbos claves para acercarnos al texto de Tomás.

Ahora, con esta preparación? ¡Ah!, pero me falta algo importante. Me disculpo, porque hay un pasaje que es esencial en esto. Cuando van corriendo hacia la tumba Pedro y Juan, llegó primero Juan, pero se detuvo y le dio la prelación a Pedro. Pedro entró y solo después entró Juan. Juan había acompañado el proceso de sepultura; cuando entró Juan y vio cómo estaban las cosas. El evangelista dice: vio y creyó. El pasivo de ese verbo es ?eiden?, Y la frase la recuerdo en su texto original ?horao?; vio ?Kai eiden kai epísteusen? y creyó. Ahí se ve la perfecta continuidad entre el ver y el creer.

Esto es importante no solo por acercarnos a la Biblia. Esto es importante para entender lo que significa el verdadero creer en nuestra fe católica. Creer no es huir hacia la fantasía; no es lo que en inglés llaman wishful thinking, es decir, pensar con el deseo, querer que las cosas sean así. No, eso no es creer: esa es una horrenda y ridícula caricatura. Huir al mundo de la fantasía no tiene nada que ver con nuestra fe cristiana y católica.

Tampoco debemos aceptar que nuestra fe sea una especie de parche que ponemos en las zonas de nuestra ignorancia científica. Esta burla es muy frecuente entre los cientificistas. Por favor, distinguir siempre: entre científico, que es la persona que trabaja con seriedad en la ciencia, noble actividad humana; y el cientificista que es el que pretende decirnos que el único conocimiento válido es el de la ciencia. Por eso, los cientificistas se burlan de la fe haciendo caricaturas, para luego burlarse de ellas y, con ellas, de la fe. Es lo que se conoce en lógica como: "el sofisma del hombre de paja".

Es decir: no me enfrento a tu argumento, sino que caricaturizo tu argumento como quien hace un hombre de paja y luego ataco al hombre de paja, que no es lo que tú crees, no es lo que tú piensas y que no eres tú. Los cientificistas utilizan mucho el sofisma del hombre de paja cuando se trata de atacar la fe; y una de las objeciones preferidas de ellos es decir: "Mira, la fe es un pobre reemplazo para la ciencia: porque en la antigüedad a todo lo que la gente ignoraba decía ?Dios, Dios, Dios?. Pero a medida que va avanzando la ciencia le va quedando menos espacio a Dios". Eso es lo que popularmente se llama el dios de los Tapahuecos. Ese no es Dios, eso no es lo que nosotros creemos.La fe como la entiende la Biblia y como la expone preciosamente San Juan, es el fruto de ver las señales, ver los signos y entender con la mente y con el corazón. Esa es la fe. Con esa claridad, ahora sí podemos avanzar al último punto.

El último punto es: si todo esto es así, ¿cómo debemos comprender la frase de Cristo que, por lo menos superficialmente, parece contradecir lo que acabamos de aclarar? Dice Cristo: "¿Por qué me has visto, has creído?". La pregunta claramente entraña un reproche. "Dichosos los que crean sin haber visto".

Como hemos dicho antes, en el Evangelio de Juan hay una continuidad entre el verbo ver y el creer. Para los curiosos en griego es el verbo "horáo". El verbo ?horó?. Con el pasado eiden y continuidad entre ese verbo y el verbo creer. En griego ?pisteuo? ?pisto". Como hay esa continuidad entre ver y creer. Entonces nos preguntamos: ¿Qué sentido tiene la frase de Cristo que parece contradecir a todo el Evangelio? Dice: "Dichosos los que crean sin haber visto". Pero a ver, sucede que el verbo ver es un verbo que requiere un complemento directo. Cuando te digo yo veo, inmediatamente piensas: ¿qué ves? Ya se trate de algo físico, como por ejemplo veo un cuadro, o ya se trate de algo intelectual, como por ejemplo, tú me explicas la solución a un problema y yo digo ya veo, ahí no es algo físico, es algo intelectual. Entonces el verbo ver siempre requiere un complemento. Es lo que se llama un complemento directo a ese tipo de verbos. En gramática se le llama verbo transitivo.

El verbo ver es un verbo transitivo porque requiere un complemento. Hay ocasiones, pocas ocasiones, en que el verbo ver se entiende sin complemento. Pensemos, por ejemplo, en una escena muy feliz la de una persona que en un accidente perdió la vista, pero le hacen una operación y cuando le retiran las vendas la persona se emociona y dice ¡veo, veo! Ahí nos está diciendo específicamente veo esto o aquello, simplemente se refiere al acto de ver. Pero esa es una excepción. El verbo ver en general es transitivo y requiere que se diga qué es lo que uno está viendo.

Entonces, si uno examina con este detalle El precioso pasaje de la fiesta de Santo Tomás, se encuentra algo lindísimo, mis hermanos, y lo voy a compartir aquí: ¿Qué encuentra? Uno, que hay momentos en que se ven señales y hay momentos en que se ven evidencias. ¿Qué fue lo que vio Tomás? Lo que vio Tomás fue evidencia. Evidencia quiere decir: que no hay una posibilidad racional de negarlo. Eso es una evidencia viene por supuesto también del verbo ver, la palabra evidencia. Entonces lo que Tomás vio fue evidencia. ¿Evidencia por qué? Porque Cristo le dijo: "Mira, aquí están mis manos; mete tu dedo en el agujero de los clavos; aquí está mi costado, mete tu mano en la herida del costado". Eso se llama evidencia.El apóstol Tomás llegó a la fe. Pero para llegar a la fe tuvo que ver ¿qué vio? ¡Evidencia!Hay muchas personas que han llegado a la fe también por evidencias de ese tamaño.

Es famoso el caso de una persona a quien considero mi amigo, el doctor Castañón, un científico. Él llegó a la fe por evidencias, sobre todo cuando empezó a investigar los milagros eucarísticos. Cuando se dio cuenta que había cosas que no se podían explicar de ninguna forma ante la evidencia, finalmente, Castañón, por decirlo de alguna manera, rindió su corazón. Es un ejemplo de una persona que ha encontrado una evidencia. Repito: evidencia es aquello que llega a mi conocimiento y que yo no podría negar razonablemente. No hay manera de negarlo. ¿Cómo hago para negar eso? ¡No puedo! No puedo negarlo. Eso es evidencia. Llegar a la fe a través de una evidencia es un regalo.

Como le sucedió al amigo Castañón, como le sucedió al apóstol Tomás, como le ha sucedido a mucha gente. Eso es bueno. Pero Jesús llama dichoso al que llega a la fe sin necesitar la evidencia. ¿Y entonces quiere decir que llegó a la fe apostando en el vacío, suponiendo, imaginando, fantaseando? No, llegó a la fe a través del signo. Es decir, hay personas que llegan a la fe a través de evidencias. Hay personas que llegan a la fe a través de signos.

Si no llegaste a través de signos o de evidencias, eso no se llama fe, eso no se llama fe. Porque entonces llegaste simplemente por suposiciones, o llegaste por fantasía, o llegaste porque piensas con el deseo -wishfull thinking-. Eso no es fe. Eso no se llama fe. A la fe se llega, esta es la enseñanza completa de San Juan: A la fe se llega o a través de signos o a través de evidencias. La evidencia es aquello que tú de ninguna manera podrías negar. Un tío mío, ya fallecido, era una persona relativamente escéptica, poco religiosa. Alguna vez él iba por una carretera. Esto sucedió en los Estados Unidos de América y su automóvil falló. Una falla mecánica que él no pudo ni entender ni resolver. Era de noche.

Te puedes imaginar la inseguridad, la preocupación; y no era la época en que había estos teléfonos celulares que muchas veces nos sacan de aprietos. Y él, estando en esa circunstancia, de pronto se da cuenta que de la nada aparece una persona. Lo que me llama la atención es que mi tío -ya falleció hace años-. No era una persona particularmente religiosa. No, tampoco era un ateo furibundo, pero no era una persona religiosa. No nos digamos mentiras.

Y él vio que aparecía alguien. Mi tío era una persona alta, un poco más alto que yo, en todo caso. Y la persona que él vio que se acercaba era mucho más alta que él. Es decir, que en términos de las medidas usuales tenía que tener más de dos metros. Mucho más. Esa persona grande y bondadosa le ayudó a solucionar el problema mecánico. No sólo era fuerte y grande, sino que también sabía de mecánica.

Por lo visto algo hizo y el automóvil pudo seguir andando, -andando. Decimos los colombianos-. Pudo seguir funcionando. Bueno, cuando ya el automóvil funciona, mi tío se mete a la cabina y le da la señal de encendido y enciende. En ese momento tenía la tapa de adelante, lo que usualmente se llama el capó lo tenía levantado. Entonces vio que encendió. Se baja a mirar donde estaba este hombre y a darle las gracias y no aparece.

Eso lo contaba mi tío. Te estoy hablando de una persona seria que cuenta algo que ha vivido, y te estoy hablando de una persona que no era, -todo hay que decirlo-, ni de muchas oraciones ni de mucha religión. No sé, hacia el final de su vida como haya terminado. Pero yo que lo conocí, puedo decir eso. O sea que, de la nada apareció una persona muy grande, muy buena, muy fuerte, muy inteligente, que le ayudó. Y cuando él fue a darle las gracias, no había nadie. ¡Nadie! Él queda absolutamente asombrado. Mira, si hay alguna luz, alguna motocicleta, algún carro en que se haya podido ir esta persona... No aparece nada. ¡Nada! Ni una luz, ni una voz. Le llama y no responde nadie. ¿Qué crees que puede concluir ese tío mío? Eso es lo que se llama una evidencia. ¿Qué crees que pudo concluir él? Pues que fue alguien bueno, alguien de Dios, alguien del cielo. Cuando él contó la historia, que la contó en la casa de mis papás; cuando él contó la historia y yo la oí. Él sacaba esta conclusión sin demasiado entusiasmo y sin fanatismo. Él decía: "Parece que los ángeles sí existen. Debió ser un ángel ".

Ahora bien, ponte en la situación de él. O sea, suponte que a ti te sucede una cosa de esas. Tú podrías razonablemente negar lo que te acaba de suceder cuando ves que el automóvil que tú no podías reparar está funcionando en medio de la noche. Puedes llegar a tu destino; no te ha sucedido nada. Y esta persona no aparece por ningún lado, ni hay cómo explicar de dónde vino ni a dónde se fue. Ese es uno de los casos que yo conozco más o menos cerca de lo que se llama una evidencia. A mí también me han pasado algunas cosas, pero por ahora dejemos simplemente así. Entonces hay evidencias, hay cosas que te llaman a la fe que que te empujan hacia la fe. Eso fue lo que le sucedió a Tomás en ese encuentro cercanísimo con el Resucitado hasta tocar sus llagas benditas. Eso se llama llegar a la fe por la evidencia.

Santo Tomás de Aquino dice que la evidencia no te la pueden dar ni siquiera los razonamientos. Se puede, a través de razonamientos, mostrar con rigor que debe existir y que existe un Dios único, infinito, eterno, poderoso, sabio y algunos otros atributos. Tú puedes llegar; ciertamente puedes llegar a esa clase de afirmación, pero la fe todavía no es eso, porque la fe no es simplemente saber que existe un Dios que es grande, infinito, bueno, sabio. No, la fe supone que ese Dios sea Señor tuyo. Supone. Por eso, como bien dice el Papa emérito Benedicto XVI, supone encuentro. Entonces a la fe una persona no llega por simple razonamientos, por suposiciones ni por fantasía. En el caso de mi tío, por lo menos en lo que atañe a los santos ángeles, en el caso de mi tío, él llegó a ese convencimiento por evidencia. Hay personas que pueden llegar a la fe sin la evidencia, pero con el signo.

Entonces, cuando Cristo le dice a Tomás: ?¿Por qué me has visto, has creído??, ?me has visto?, quiere decir porque has tenido evidencia. Fue la evidencia la que te llevó a la fe. Tomás no podía negar: estaba tocando las manos del Resucitado. No podía negarlo. Eso se llama llegar a la fe por la evidencia. Y Cristo dice: "¿Por qué me has visto, has creído? Dichosos los que crean sin haber visto ".

Es decir, dichosos los que creen sin necesitar esas evidencias, sin necesitar mensajes sobrenaturales, sin necesitar milagros, sin necesitar cosas extraordinarias. Dichoso aquel que cree, no por evidencia, sino porque recibe signos. ¿Y cuáles pueden ser los signos? Hay muchísimos. El signo más importante es precisamente la Iglesia como tal, en sus santos, en sus buenos predicadores, en sus grandes doctores, en sus espejos de virtud, sobre todo de pureza. Encontrarse con personas que tienen un corazón puro, generoso y que hacen lo que hacen por Dios, es sí mismos son un signo portentoso. Se puede decir que es una evidencia. No, evidencia es lo que tú no podrías negar de ninguna forma.

Todavía puede haber una persona tan obstinada que se encuentra con un santo como el Padre Pío, como Francisco de Asís, como Juan Pablo Segundo, que se encuentra con un santo y, sin embargo dice: ?no, no, no, tal vez no, tal vez no es?, cabría algún tipo de escepticismo. En resumen, ¿qué nos trae el Evangelio de hoy?

¿Qué hemos aprendido hoy? Primero, la importancia del verbo ver, que no es solamente la parte fisiológica, sino que es ver con la mente y con el corazón. Segundo, la relación entre el ver y el creer. Cuando yo veo los signos de Dios y los acojo profundamente en mi corazón, llego a la verdadera fe. Y tercero, hemos visto la diferencia entre llegar a la fe por evidencia, -como el caso de Tomás y de otras personas-. Es decir, cuando los signos son tan aplastantes que es imposible negarlos o llegar a la fe por signos que no son aplastantes, pero que realmente mueven mi corazón hacia Dios.

Y Cristo dice: "Son más felices los que llegan a la fe sin necesitar evidencia; les basten los signos". Eso es suficiente y, además, trae gran alegría. Pidamos al Señor que perfeccione, que levante nuestra fe y que nosotros seamos razones para que otros crean. Porque si te ven a ti y ven las cualidades que tienes y te ven creyente, tú eres también como una fuerza que los lleva hacia Cristo. Que seamos eso nosotros.

Piensa en los talentos que tienes: eres una persona tal vez joven, inteligente, bella, bondadosa. Que todo eso tú lo hagas, por Dios. Es una señal portentosa que ayudará a muchos.

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