Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

Preguntémonos ¿Nos movemos solo con nuestra voluntad y con la luz de nuestra inteligencia ó por la fuerza del Espíritu y con la gracia de una vida nueva?

Homilía stom016a, predicada en 20190703, con 5 min. y 10 seg.

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Transcripción:

El tres de julio, nuestra Iglesia Católica recuerda y celebra al apóstol Tomás. Este es el apóstol, tan conocido por aquella frase que se repite muchas veces: "Ver para creer". Y sin embargo, no es una frase que él dijo. Al menos no lo hizo con sus palabras, pero ciertamente ese fue su comportamiento. A mí me gusta decir que este es el apóstol que salió dos veces. ¿A qué me refiero?

Según el relato del Evangelio que hemos escuchado en esta fiesta de Santo Tomás, cuando Cristo se aparece a sus apóstoles en el día de la resurrección, Tomás no estaba con ellos; Tomás había salido. Este dato es importante. Tomás había salido. Tomás sale y regresa una semana después; está Tomás con ellos. Y entonces Cristo se manifiesta nuevamente. El tiempo en el que suceden estas apariciones de Cristo es entonces el tiempo entre la Resurrección, la Ascensión y Pentecostés. ¿Y qué va a suceder después de Pentecostés? Pues, según nos cuenta el libro de los Hechos de los Apóstoles, los apóstoles mismos van a salir según antiguos datos que tenemos.

Este apóstol, el que estamos recordando hoy, Tomás, fue tan lejos que llegó a predicar el Evangelio en tierras de lo que hoy es la India. Realmente salió muy lejos. O sea que la primera salida a la que me refiero es cuando Cristo se manifestó a los apóstoles y Tomás no estaba porque había salido; en ese momento él había salido solo y por su cuenta. No tenía fe en el Resucitado. Salió solo y por su cuenta. La segunda salida a la que me refiero es cuando él, con el poder del Espíritu Santo, lo mismo que los otros apóstoles, sale a anunciar la Buena Noticia.

Alguna vez te has preguntado ¿por qué Tomás no estaba con los otros apóstoles? Los otros estaban encerrados y el libro nos cuenta por qué estaban encerrados. Estaban encerrados por miedo. Miedo que se va a acabar con la gracia de Pentecostés. Pero básicamente ellos están aprisionados en su miedo.

Tomás parece que no tiene tanto miedo. O quizás, aún teniendo cierto temor, prefiere salir para enterarse por sí mismo qué tan grave es la situación. Esa salida de Tomas, esa exploración de Tomás, es fruto de su propia iniciativa, es fruto de su propia voluntad, es fruto de su propia valentía. Ahí el protagonista es Tomás en la primera salida: Salida exploratoria, salida para ver qué tan graves están las cosas. Salida para no dejarse asustar como los demás, salida para no ser uno más.

En esa primera salida el protagonista es Tomás y en esa primera salida Tomás va con la fuerza de su voluntad y va con los ojos de su inteligencia. En la segunda salida, en cambio, Tomás ya no sale como protagonista. En esa segunda salida, que es la de Pentecostés, el protagonista es el Espíritu Santo y ya no es la voluntad de Tomás, es la voluntad de Dios y ya no es la inteligencia de Tomás, es la sabiduría y la gracia del Señor.

Así que tenemos una lección por aprender. ¿Cómo nos movemos nosotros? ¿Solamente por nuestra propia voluntad y con la luz de nuestra inteligencia?. O ¿cómo nos movemos nosotros? Por la fuerza del Espíritu y por la gracia de una vida nueva.

Tomás tuvo dos salidas. En la primera él era el que determinaba el camino y él era el que observaba y era su fuerza la que contaba. No fue muy lejos y no obtuvo fruto alguno. En la segunda salida es el gran apóstol Tomás que llegó incluso a predicar en la India. La fuerza del Espíritu transformó a Tomás. Nos transforma a nosotros. Amén.

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