Esta es tu casa!

Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.

¡Señor mío y Dios mío! Pidamos al Padre que como Santo Tomás podamos ver a Jesucristo como hombre y confesarlo como Dios.

Homilía stom015a, predicada en 20180703, con 5 min. y 17 seg.

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Transcripción:

El tres de julio. Nuestra Iglesia Católica recuerda al Apóstol Santo Tomás que es llamado el Mellizo. Ese es el apodo que tenía entre el grupo de los apóstoles Santo Tomás. Siempre recordamos. No hay que confundirlo con Santo Tomás de Aquino. Santo Tomás de Aquino es un fraile dominico que vivió en el siglo trece. En cambio, el santo de hoy, tres de julio, es Santo Tomás apóstol. El de hoy, es el apóstol.

La escena del Evangelio seguramente la hemos oído, la hemos meditado varias veces. Tomás tiene dificultad para creer. Y esta dificultad suya hace que niegue lo que le dicen los otros apóstoles:"Hemos visto al Señor". Él lo niega. Él pide una evidencia personal y ya sabemos cuál es la reacción de Cristo. Cristo no se opone. Cristo no humilla a este hombre, no lo rechaza. Si buscas con sinceridad una evidencia personal, la vas a encontrar.

El mismo que nos dijo: "El que llama a la puerta se le abre. El que busca, encuentra". El mismo Cristo que utilizó estas palabras no podía contradecirse sobre todo en esa frase, Cristo dijo: "El que busca, encuentra". Y si una persona no ha encontrado todavía, pero está buscando, será siempre bienvenida por Cristo. Esto nos enseña cuál es la actitud que debemos tener frente a aquellas personas que tienen dificultades para creer, que podemos ser nosotros mismos en un cierto momento.

La actitud que Cristo quiere que tengamos. No es una actitud presuntuosa. No es la actitud del que dice: ¿Por qué dudas? No deberías dudar. ¿Qué es eso de tener dudas? No, esa no es la actitud que debemos tener. La actitud que debemos tener es buscar con sinceridad. Sigue buscando con sinceridad. Lo nuestro no puede ser el desprecio al ateo agnóstico, al no creyente, al pagano, al que es de otra religión. Lo nuestro, nuestra actitud, no puede ser esa. Eso no es lo que quiere Cristo.

Nuestra actitud ha de ser: Busca con sinceridad. Sigue buscando con sinceridad, que si estás buscando sinceramente encontrarás. Ahora bien, es distinto el caso cuando el ateo toma una actitud de burla, cuando el agnóstico toma una actitud de desprecio. Cuando el pagano toma una actitud de profanación. Cuando el incrédulo toma una actitud de grosería o de blasfemia. Ese es un caso distinto a que la persona no pueda creer. Es algo que tiene que despertar en nosotros. Primero respeto y luego misericordia, y luego pensar cómo podemos facilitarle el camino a esa persona. Ya, si la persona es agresiva, es humillante, se burla o blasfema. Entonces tenemos todo el derecho de pedir, de reclamar el mismo respeto que nosotros damos. Es una enseñanza grande la que nos deja este apóstol.

Quiero terminar recordando una meditación muy bonita de San Agustín. Cuando Tomás se convence, Jesús le dice: "Porque me has visto, has creído. Dichosos los que sin ver, creen". Y San Agustín reflexiona sobre la primera parte de esa frase. "Porque me has visto, has creído".

Y dice San Agustín: ¿Cómo es eso de que porque me has visto, has creído? Se supone que si pudo ver, ya no tenía que creer, porque ya estaba viendo. Y se responde el mismo San Agustín y dice: Es que lo que confesó con su fe; fue mucho mayor que lo que vio con sus ojos. Vio ciertamente a un resucitado. Y eso es asombroso. Pero lo que confesó con su fe fue mucho más, ?¡Señor mío y Dios mío!?. Lo vio, hombre y lo confesó Dios. Esa visión preciosa hizo posible en él. También en él, el milagro de la fe. Así nos enseña San Agustín. Y es bueno recordarlo hoy.

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