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Homilía de Fr. Nelson Medina, O.P.
Dios nos concede el don de la fe para que a través de señales podamos descubrir su presencia que trasciende todo signo y toda señal.
Homilía stom014a, predicada en 20170703, con 6 min. y 41 seg. 
Transcripción:
El tres de julio, nuestra Iglesia Católica recuerda al apóstol Tomás. Santo Tomás, como siempre advertimos, por favor, no confundirlo con Santo Tomás de Aquino, un religioso dominico que vivió en el siglo trece. El santo que recordamos el tres de julio es Tomás, el apóstol, que por supuesto es del siglo primero. Este evangelio de hoy, del capítulo veinte de San Juan, que nos habla sobre Tomás, sirve para que juntos meditemos un momento en la relación entre los verbos ver y creer. Porque por una parte, nos damos cuenta que el apóstol Tomás llegó a una plena fe en Jesucristo gracias a aquello que vio. Vio que el crucificado era el mismo Resucitado. Lo vio, vio los agujeros, vio las heridas, vio las llagas y se dio cuenta que Cristo estaba vivo. Y a partir de lo que vio, creyó. Este es un tema que aparece varias veces en el Evangelio de Juan. Por ejemplo, el mismo Juan, cuando entra a la tumba el día de la resurrección, entra junto con Pedro. Pues primeramente entra Pedro y luego entra Juan y nos dice el texto del Evangelio que este Juan: entró, vio y creyó. Así, lo primero que tenemos que destacar es que no se pueden oponer estos dos verbos. Con mucha frecuencia se piensa que creer o tener fe es algo así como prescindir de toda evidencia. Algunos se imaginan, sobre todo los que están infectados de cientificismo. Imaginan que la fe es algo así como cerrar los ojos, apretar muy fuerte y decir: "yo de todas maneras quiero seguir creyendo, en lo que yo quiero seguir creyendo". Esa es la caricatura que los incrédulos, sobre todo de corte cientificista, hacen de nosotros los creyentes. La caricatura que hacen es que nuestra fe consiste básicamente en cerrarnos a toda evidencia. Para ellos, la fe consistiría en que uno no ve, pero supone, inventa, desea. Y entonces, a partir de lo que uno quisiera que existiera, entonces uno afirma lo que cree. Pero eso no es lo que dice la Biblia. Por lo menos eso no es lo que dice San Juan. Más bien lo que dice es lo que aparece en el caso del apóstol Tomás: vio y creyó. Ahora bien, ¿qué fue lo que vio y qué fue lo que creyó? En esto nos enseña el Santo Obispo Agustín. La fe no consiste simplemente en la afirmación de lo que yo estoy viendo, porque si, por ejemplo, veo una silla y entonces, como veo la silla, yo digo creo firmemente que hay una silla. Eso tampoco es fe. La fe no puede consistir en la simple afirmación de la evidencia. Entonces, fíjate la relación que hay entre el ver y el creer. El creer no consiste en cerrarse a la evidencia, pero el creer tampoco consiste en quedarse con la evidencia. Entonces, ¿cómo es el creer? El creer es partir de la evidencia y verla como una señal, una señal que va más allá de sí misma. Por eso en el Evangelio de San Juan, es tan importante la palabra "semeion" en griego signo o señal. En español una señal es aquello que me está indicando y el creer es eso. ¿Qué es lo que Dios quiere, que yo cierre mis ojos y que suponga, imagine? No. ¿Qué es lo que Dios quiere, que yo me atenga solamente a lo que puedo ver? Tampoco; viendo lo que alcanzo a ver, puedo descubrir suficiente evidencia para ir más allá. De hecho, así somos los seres humanos. A base de indicios, a base de señales, nos comunicamos. Piensa en el caso de una persona que, por ejemplo, está, como se dice tradicionalmente, tratando de conquistar a una mujer que le gusta mucho. Esta mujer no quiere desanimarlo, pero esta mujer tampoco quiere ser demasiado explícita. Entonces le da señales. Por ejemplo, hay una reunión; van muchas personas y esta joven está casi todo el tiempo conversando con este muchacho. ¿Qué le está diciendo con eso? Le está diciendo: Tú eres el hombre de mis sueños. No, pero le está diciendo. Eres muy importante para mí. Le está dando una señal. Le está diciendo: Vas por buen camino. Sigamos como vamos, que esto puede ir muy bien. Así somos los seres humanos y Dios nos ha concedido el don de la fe para que nosotros podamos descubrir así a Dios a través de señales. El ver nos lleva a creer. El creer no es la simple afirmación del ver, pero a partir de lo que vemos, leemos señales y descubrimos la presencia de un Dios que trasciende todo signo y toda señal. Es la gran enseñanza que nos deja el apóstol Tomás.

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